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Chipre y los platos rotos

© PATRICK BAZ / AFP

César Nebot - publicado el 16/04/13

Son siempre los pequeños los que pagan los desaguisados

Una vez me contaron una historia real estremecedora. Un padre de familia, aficionado al póker acabó apostando su vivienda por una mano de cartas. Perdió la partida y con ella la casa en la que vivían su mujer y sus hijos. Al día siguiente, tuvo que hacer el terrible anuncio a su familia de que debían hacer las maletas. Se habían quedado sin vivienda.

Esta triste historia tiene el sabor amargo no sólo del drama sino también de la injusticia; las consecuencias de la temeraria y mala actuación de uno, las acabaron pagando los más débiles…y durante largo tiempo.

Lo que está pasando en Chipre no difiere mucho en términos de economía y justicia social. Más de uno se preguntará qué está sucediendo en Chipre, cómo se ha llegado a esta situación y qué responsabilidad tiene Europa en todo esto.

Chipre, ante la imposibilidad de cumplir el requerimiento de la Unión Europea de recapitalizar la banca chipriota, sobre expuesta en la crisis griega y, en especial, tras la quita de la mitad de la deuda griega, solicitó formalmente el 25 de junio de 2012 el rescate a la Unión. Después de 9 meses, los países del euro y el FMI accedieron a conceder 10.000 millones de euros a la isla mediterránea para evitar la suspensión de pagos. Este acuerdo conllevaba duras condiciones macroeconómicas, como la imposición de un gravamen sobre depósitos bancarios para recaudar 5.800 millones de euros para cubrir la diferencia entre el agujero y el rescate; gravamen que desató la ira de los chipriotas.

Todo comenzó en la época de vacas gordas. En una Unión Monetaria sin armonización fiscal, con libertad de circulación de capitales, Chipre se convirtió en un paraíso fiscal especialmente para flujos de capital ruso, el consabido blanqueo de dinero de las mafias rusas. Así pues experimentó una oleada de crecimiento rápido. Demasiado rápido. Tanto, que los activos de la banca chipriota llegaron a un 800% de su Producto Interior Bruto en su máximo apogeo. Sólo la deuda privada ya superaba los 275% del PIB en el 2009. Irlanda e Islandia experimentaron procesos similares.

Figura 1. Fuente: Eurostat

Estas tres naciones isleñas europeas, enormes centros bancarios internacionales en relación con sus PIB, entraron en crisis porque sus economías nacionales no disponían de recursos necesarios para rescatar el sistema bancario en caso de ir mal; en el caso de que el póker de su mano no fuera suficiente para ganar…Teniendo estos precedentes en los que el comportamiento bancario sobredimensionado y de los flujos internacionales de capital se constituyen al menos como condiciones necesarias para la situación Chipriota, uno se pregunta si por el bien de la familia no se debería forzar al jugador de póker a apartarse del juego y de aquellos que le animan a seguir apostando.

Hace un año, en plena crisis de la deuda europea, las agencias Moody’s, Fitch y Standard&Poor’s estuvieron rebajando la calificación de la deuda soberana a nivel inferiores al bono basura ante la expectativa de la quita a la deuda griega. La exposición de Chipre a esta quita elevaba los riesgos de impago de la isla así que acabaron pidiendo el rescate, en contrapartida debían asumir recortes sociales que han estado barajando la troika (Comisión europea, BCE y FMI)

Hasta ahora, el paquete de medidas impuestas como contrapartida al rescate, consistían en recortes en prestaciones sociales, reducción de salarios de los funcionarios, subidas del IVA. Nada nuevo bajo el sol, las típicas medidas contractivas de la economía para liquidar cuentas y socializar pérdidas. Los desmanes de unos pocos deben ser pagados por todos.

Lo novedoso consistió en que Europa, cansada de salvar sistemas bancarios a golpe de talonario, dio un paso adelante casi ad experimentum con esta isla. Para el rescate de 17.000 millones de euros, unos 7.000 millones deberán ser aportados por los propios chipriotas mediante un programa de privatizaciones, alza del impuesto de sociedades y, sobre todo lo que más ha alarmado no sólo a los chipriotas sino a todos ciudadanos europeos, un gravamen de los depósitos bancarios para recaudar un mínimo de 5.800 millones.

Las negociaciones durante los últimos días del mes de marzo sobre este gravamen han dado lugar a un baile de declaraciones y situaciones dignas de una tragicomedia.

Tras el anuncio de la troika del requerimiento del gravamen el 16 de marzo, el presidente del gobierno chipriota declaró que era la mejor de las alternativas, el mal menor. El 19 de marzo, el Parlamento tumbó la propuesta. El gobierno ruso, por su parte comenzó a presionar a las instituciones europeas. Por otra parte, se infringía la normativa europea sobre la garantía de depósitos que se estableció en el 2008 sobre depósitos inferiores a 100.000 euros. Desde Europa fueron saliendo diferentes comunicados en los que relajaban las exigencias pero sólo para estos depósitos.

Por si fuera poco, desde el anuncio del 16 de marzo, se dio un fuerte incentivo a liquidar todo depósito chipriota. Así, cundió el pánico y el presidente del Banco Central Chipriota, Panikos Dimitriadis, curioso y adecuado nombre, dictaminó la imposibilidad de realizar transferencias y el cierre de bancos durante 13 días manteniendo un corralito que sólo permitía sacar pequeñas cantidades de dinero al día desde los cajeros automáticos.

La situación económica y social chipriota se ha degradado a un ritmo vertiginoso siendo los más débiles los más perjudicados tal como denuncia Caritas. Según la Comisión Europea y el Banco Central Europeo se estima que la economía chipriota se contraerá un 8,7%. Esta caída aumentará el número de hogares en riesgo de pobreza y exclusión, tónica habitual que podemos apreciar con la crisis desde el 2007. Aquellos países europeos que han sido más azotados por la crisis son los que tienen un incremento mayor del porcentaje de población en riesgo de pobreza, tal y como se puede ver en el gráfico siguiente.

Figura 2.Fuente: Eurostat. Informe Mensual La Caixa

Por otra parte, la zona euro, con credibilidad en horas bajas, se enfrenta a que el experimento pueda explotarle en su propia cara. Admitir la posibilidad de que los depósitos tengan que asumir pérdidas pone en jaque la confianza en el sistema de seguros de depósitos de toda la zona euro. Por si fuera poco, Rusia, preocupada por la importantísima economía isleña, amenazó con revisar sus reservas de divisas en euros que rondan el 42% lo que puso muy nervioso al Banco Central Europeo.

Parece que no hay institución europea que no se haya atragantado con lo que aparentemente era una simple e insignificante economía de sólo unos 18.000 millones de PIB. Y es que los experimentos hay que hacerlos con gaseosa porque, a fin de cuentas, uno se acaba preguntando por el futuro del euro ante la fragilidad de un sistema que tiembla por la economía de una pequeña isla.

Pero además, viendo los efectos sobre la sociedad chipriota, deberían exigirse responsabilidades por tantos desmanes. No hacerlo genera unos incentivos y sienta unos precedentes muy diferentes a la que se esperaría de la construcción de una Europa unida que vela por el estado del bienestar común. Es más, veinte años después del tratado de Maastricht, uno acaba por poner bajo sospecha si la propia construcción europea, sin plena armonización fiscal pero con completa libertad de capitales, pretendía el afloramiento de paraísos fiscales donde refugiar el capital sin contar con los costes sociales que podían acarrear a la larga.

En el mundo antiguo, en la Grecia clásica, cuando varias familias se reunían, rompían platos y cada familia se llevaba un fragmento. Al cabo de los años, cuando volvían a encontrarse recomponían el plato como símbolo y forma de reconocimiento de los lazos profundos que las unían. En la actual Europa, desconozco si los pueblos podrán reconocerse en esa unión profunda pero de lo que sí estoy seguro es que los débiles, los desfavorecidos, los que no se lo merecen acabarán pagando los platos rotos de los que tomaron el sueño de una Europa justa y fraternal como un pagaré para sus partidas de póker.  

Tags:
economíaunion europea
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