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Luces y sombras del proyecto USA sobre el mapa del cerebro humano

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Aleteia Team - publicado el 09/04/13

Mons. Viva de la Academia Alfonsiana sobre el “Brain Activity Map” de Obama

El proyecto de investigación científica sobre el cerebro denominado “Mapa de la Actividad cerebral” anunciado por los Estados Unidos con la promesa de una importante financiación –se habla de casi tres billones de dólares en diez años, además de las financiaciones privadas- abre un escenario de luces y sombras, con grandes esperanzas para la salud de las personas pero también con límites ligados a las aplicaciones técnicas y a las implicaciones éticas y sociales del proyecto.

Aleteia ha entrevistado a monseñor Vincenzo Viva, de la Academia Alfonsiana de Roma y de la Facultad Teológica Pugliese de Bari. “El proyecto –dice- ha suscitado el entusiasmo de tantos científicos y el interés de la opinión pública, aunque también ha levantado voces críticas y perplejidad en el interior de la misma comunidad científica”.

– ¿Cuáles son los aspectos positivos de este proyecto?

Mons. Vincenzo Viva: por un lado hay grandes esperanzas relacionadas con una de las preocupaciones más fuertes de las sociedades occidentales sobre la salud de las personas, es decir los grandes miedos de nuestro tiempo que se llaman demencia senil (Alzheimer), depresiones y Parkinson. El descifrar los secretos del cerebro podría aportar soluciones clínicas sobre estas patologías, y también sobre otras como la esquizofrenia, el autismo, la epilepsia, la esclerosis lateral amiotrófica o la recuperación de las funciones cerebrales normales tras accidentes o ictus. En los países occidentales, donde el número de los ancianos está aumentando constantemente y la vejez se prolonga cada vez más, las enfermedades neurodegenerativas representan un gran desafío para nuestra sociedad, al que las casas farmacéuticas no responden siempre con inversiones adecuadas en investigación, y menos en las investigaciones de enfermedades raras.

La financiación prometida a los estudios sobre el cerebro adquiere así perspectivas interesantes y que se pueden compartir. En este sentido este proyecto forma parte de un macroproyecto de neurociencia que dura desde hace décadas y en el que están involucrados científicos de distintas disciplinas en investigaciones e inversiones que quitan verdaderamente el hipo. Conviene recordar que una “década del cerebro” fue organizado por el Congreso de los Estados Unidos ya en la última década del siglo pasado (1990-2000), ya entonces con enormes recursos de financiación. También la Comunidad Europea tiene su proyecto de investigación llamado: “Human Brain Project” financiado con mil millones de euros.

– ¿Cuáles son los límites?

Mons. Vincenzo Viva: Podemos recordar lo que sucedió con el “Proyecto Genoma humano” del que tanto se habló en los años noventa del pasado siglo. Si bien objetivamente son tantos los méritos científicos de este proyecto, es necesario recordar que no se satisficieron tantas expectativas y muchas innovaciones en el campo científico se transformaron en auténticas pesadillas en el campo de las aplicaciones técnicas. Basta recordar las manipulaciones genéticas o las nuevas amenazas a la vida naciente. Se añaden además, las dificultades metodológicas y teoréticas de ubicar las más de 80 mil millones de neuronas de las que está formado el cerebro humano, además de la política que guiará la distribución de los recursos financieros.

– Y desde un punto de vista ético-moral ¿Cómo valora el proyecto?

Mons. Vincenzo Viva: El verdadero desafío, sin querer ser pesimistas pero tampoco ingenuos en un campo tan interesante como este, es de las implicaciones éticas y sociales de este proyecto. Es de extrema importancia que la ciencia y la política que la sostiene se hagan cargo, con sinceridad, de todas las preguntas profundas que están en juego y que están relacionadas con el futuro que queremos para la humanidad.

Se puede decir que las neurociencias disfrutan de una fase coyuntural altamente favorable: todo lo que es “neuro” parece extremadamente fascinante para la opinión pública. Pero para que los progresos en el ámbito neurocientífico sean verdaderos progresos para la humanidad, es necesario que su aplicación no se separe nunca de las instancias éticas.

Desde el punto de vista ético es necesario recordar que en el ámbito de la investigación sobre el cerebro hay progresos, ya realizadas y otras que están a punto de producirse, relacionados con la potenciación de la capacidad de nuestro cerebro (enhancement), con las técnicas de lectura del pensamiento (lie-detection), con la robótica humanoide o las aplicaciones en el campo militar para la manipulación de la emotividad o de la intencionalidad de los sujetos.

Especialmente en estos sectores la ética, ya sea la cultivada en el ámbito filosófico que la de inspiración teológica, trata de conversar con quien está implicado en la investigación y en las aplicaciones técnicas de las investigaciones. Se trata de ofrecer a la comunidad científica las preguntas importantes que reconducen el sentido de la investigación y de la acción; las preguntas y las orientaciones que pretenden, por tanto, ayudar también a las neurociencias a ponerse verdaderamente al servicio de la humanidad.

– ¿Cuál es el límite entre ciencia y ética?

Mons. Vincenzo Viva: El deber de la ética es el de ejercitar un diálogo respetuoso y franco con las ciencias empíricas, ofreciendo a las ciencias un ampliación de las perspectivas para que el progreso científico sea realmente humano. Por lo que respecta al tema de “la potenciación del cerebro (enhancement) hay, por ejemplo, preguntas relacionadas a la justificación moral de su empleo y a las justicia social, o sea el acceso a determinadas posibilidades por parte de los sujetos más pudientes con respecto a los más pobres. Por enhancement se entiende, de hecho, un aumento a la calidad de la prestación y/o función de una específica facultad cerebral (como la memoria o la atención).

La definición puede ser aplicada ya sea en los casos en los que se desea mejorar las funciones consideradas deficitarias como en algunos enfermos, como en los casos en los que la intervención potenciadora se desea en sujetos sanos (especialmente en jóvenes), sin necesidad médica, pero con el objetivo de obtener ventajas sobre otros sujetos o mejorar determinadas facultades. Hay mucho que debatir sobre si la potenciación de los sujetos sanos en algunas de sus facultades sea verdaderamente deseable, si esto no repercute en otras áreas del cerebro.

¿Cuáles son además, los efectos sociales? En nuestras sociedades occidentales, los niveles de competitividad son ya bastante elevados. El uso de potenciadores cerebrales para destacar sobre los demás y acceder a beneficios sociales, como cursos exclusivos o trabajos mejor remunerados, crearía seguramente nuevas injusticias sociales y diferencias más evidentes entre las poblaciones ricas y las pobres, que están privadas de posibilidades de acceso a tales medios farmacéuticos.

Si añadimos las perspectivas de dependencia incluso patológicas de tales productos o las presiones sociales incluso por el mercado de trabajo que podría imponer continuas mejoras de prestaciones, a costa de la salud psico-física de los sujetos. La lógica del beneficio, el individualismo exasperado, el conflicto en el interior de la sociedad y entre las naciones, no pueden ser el precio a pagar en el nombre de un progreso que se quiere realizar a toda costa.

– En este sentido el Papa emérito Joseph Ratzinger nos lo recordaba…

Mons. Vincenzo Viva: Sí, en la Encíclica Spe Salvi, escribía: “Indudablemente, (el progreso)  ofrece nuevas posibilidades para el bien, pero también abre posibilidades abismales para el mal, posibilidades que antes no existían. Todos nosotros hemos sido testigos de cómo el progreso, en manos equivocadas, puede convertirse, y se ha convertido de hecho, en un progreso terrible en el mal. Si el progreso técnico no se corresponde con un progreso en la formación ética del hombre, con el crecimiento del hombre interior (cf. Ef 3,16; 2 Co 4,16), no es un progreso sino una amenaza para el hombre y para el mundo” (Spe salvi, n. 22). El progreso necesita, por tanto, a la moral para ser un progreso que sea verdaderamente amigo del hombre.

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