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La renuncia de Benedicto XVI y la comprensión del Papado

© OSSERVATORE ROMANO / AFP
Fotografía tomada por la Oficina de Prensa del Vaticano durante un encuentro entre el Papa Benedicto XVI y el Metropolita de Volokolansk Hilarion Alfeyev, de la Iglesia ortodoxa rusa, el 29 de septiembre de 2011.
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¿Un gesto providencial para el diálogo ecuménico?

Pasada la primera sorpresa y desconcierto tras el anuncio de Benedicto XVI a la cátedra de San Pedro, llega el momento de los análisis, de profundizar en el por qué de una decisión que supone de forma evidente una ruptura de cómo se había entendido el papado en los últimos siglos. Y a pesar de que el CDC lo preveía en un artículo, la prueba de que se trata de un gesto excepcional es que no había ninguna indicación, ni escrita ni en la tradición histórica, de cómo hay que tratar a un ex papa, fuera del caso de Clemente V, a quien su sucesor hizo encerrar de por vida.
 
Una de las conclusiones a las que la mayoría de los analistas llegan es a que, al renunciar al ministerio petrino – un gesto poco acorde con la imagen de soberano divino que ha acompañado secularmente a la figura del sucesor de Pedro – Benedicto XVI ha conseguido un efecto colateral: “desacralizar” la figura del Papa. No hay nada más radical que una abdicación: significa reconocer de facto que el bien del reino es superior a la figura que lo representa, y que el rey es un sirviente de algo superior a él, se rompe esa identificación apriorística entre el rey y su reino: el segundo se coloca sobre el primero.
 
Cuando el Papa dijo en su declaración que renunciaba “por el bien de la Iglesia, tras haber rezado durante mucho tiempo y haber examinado ante Dios mi conciencia”, y habló de su “incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”, no estaba sólo exponiendo las razones de su renuncia: estaba también expresando una comprensión de su ministerio. Como dijo el padre Lombardi en su editorial “Octava Dies” del pasado 16 de febrero, “quedaba absolutamente claro que estaba desarrollando una misión recibida, en lugar de ejercitar un poder poseído”.
 
Este gesto de Benedicto XVI se enmarca mejor en continuidad con otros gestos que han modificado el rostro del Sumo Pontífice durante el siglo XX: De las imágenes de un Pío XII rezando en el barrio San Lorenzo después de un bombardeo, a la renuncia a la tiara papal por parte de Pablo VI, la renuncia a la coronación, la renuncia a la silla gestatoria por parte de Juan Pablo I (sustituida oportunamente por el “papamóvil”), así como la renuncia al título de “Patriarca de Occidente”, entre otros muchos gestos. Poco a poco, la figura del Papa ha ido perdiendo aquellos elementos que recordaban su pasado poder temporal, para recuperar la verdadera naturaleza espiritual de su misión.
 
Ahora bien, esta profundización y mejor comprensión de la figura del Papa, ¿no es precisamente lo que preconizaba Juan Pablo II en la encíclica “Ut unum sint”? (Ius Canonicum) “El Papa puede siempre intervenir para mantener la unidad de la fe y la comunión eclesial. Pero las formas concretas de ejercer su autoridad pueden variar en cada momento histórico según lo exija el bien de la Iglesia. Para disipar las reservas de los no católicos hacia el primado papal, Juan Pablo II se refirió, en la encíclica Ut unum sint (1995), sobre el ecumenismo, a la necesidad de “encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva” (n. 95).
Juan Pablo II “tomó la decisión inaudita de pedir sugerencias incluso a las comunidades cristianas no católicas, al invitar “a todos los pastores y teólogos de nuestras Iglesias para que busquemos, por supuesto juntos, las formas con las que este ministerio pueda realizar un servicio de fe y de amor reconocido por unos y otros” (ibid.). Esta llamada ha obtenido eco, y el diálogo ha comenzado ya, con distintas iniciativas en los últimos años”.
 
Concretamente, desde hace más de cinco años (Rávena, 2007), una comisión teológica mixta católico-ortodoxa estudia cuáles eran los rasgos del papado en el primer milenio del cristianismo, antes de la ruptura entre Oriente y Occidente, con el fin de hallar vías para que el diálogo ecuménico prosiga. De hecho, la cuestión de cómo se ejerce el primado petrino es uno de los grandes escollos que aún bloquean el camino de la unidad, aunque se ha avanzado mucho en esta cuestión. El documento de Rávena, “Las consecuencias eclesiológicas y canónicas de la naturaleza sacramental de la Iglesia: Comunión eclesial, conciliaridad y autoridad”, ya llegaba a una serie de acuerdos básicos sobre el primado de Roma.
 
¿Influirá la renuncia de Benedicto XVI en este diálogo?
 
Es muy significativo que el cardenal Walter Kasper, en una entrevista concedida al Corriere della Sera el 20 de febrero de 2013 (ver también Vatican Insider), insiste precisamente en esta idea: El hecho de que el Papa haya dimitido arroja una nueva luz sobre el papado. “La naturaleza, la esencia del ministerio petrino está dada por Jesús y no puede ser cambiada. La que cambia es el aura sagrada alrededor del papado que se ha creado en los últimos dos siglos. Este aura se ha perdido un poco. Y este hecho totalmente inesperado, el paso de la posibilidad teórica a la realidad, debe hacernos reflexionar sobre la situación de la Iglesia”.
 
El propio Juan Pablo II nos pidió profundizar este punto en la Ut unum sint. Tanto más hoy pienso que es muy importante, en el mundo globalizado, reflexionar sobre el tema. Es una cuestión central, básica en las relaciones ecuménicas con los demás cristianos y el particular con las iglesias ortodoxas: no sólo ‘sí’ o ‘no’, sino ‘cómo’ el Papa gobierna concretamente la Iglesia universal”.
 
El cardenal Kasper puntualiza que la sinodalidad (es decir, una mayor colegialidad en el gobierno de la Iglesia “no quiere ni debe en modo alguno dañar el primado del Papa, al contrario. Papado y sinodalidad no están en contradicción”.
 
Será un interesante tema que deberá afrontar, sin duda, el próximo Papa. Pero quizás este gesto de Benedicto XVI haya hecho madurar más rápidamente el fruto de la unidad de ambos pulmones de la Iglesia. El próximo pontífice quizás tenga la respuesta a esta pregunta.
 
Más enlaces sobre este tema:
 
http://www.zenit.org/es/articles/catolicos-y-ortodoxos-debaten-sobre-el-primado-petrino-en-el-primer-milenio
 
http://www.zenit.org/es/articles/llamamiento-del-papa-a-la-oracion-por-el-dialogo-con-los-ortodoxos
 
http://www.zenit.org/es/articles/la-funcion-del-papa-crucial-para-las-relaciones-entre-oriente-y-occidente
 
http://moynihanreport.itvworking.com/from-the-desk-of/letter-16-hilarions-reflections
 
 
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