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Renuncia de Benedicto XVI: ¿ser papa no es hasta la muerte? (3)

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Más preguntas sobre Benedicto XVI y el conclave

Proponemos hoy cuatro preguntas nuevas. Dos de ellas proceden de lectores de la edición española: ser Papa ¿no es un mandato divino? ¿Se puede renunciar? Inevitablemente, surge el desconcierto. Sin embargo, esta situación inédita puede ayudar a todos a comprender más y mejor la misión del Papa de Roma.
Algunas preguntas tienen respuesta, otras todavía no. Te invitamos a participar: ¡envía tu también tus preguntas a Aleteia!

Las primeras cuatro pueden leerse aquí. Las siguientes, aquí
 
–Siendo un mandato divino, ¿cómo puede renunciar el Papa? ¿No es por naturaleza hasta la muerte?

Un mandato divino para el ejercicio de una misión no significa que el ejercicio de esa misión deba tener lugar durante toda la vida. Sucede, por ejemplo, con los obispos del mundo, que por indicación del Código Derecho Canónico (número 401) tienen la obligación de presentar su renuncia al Papa a los 75 años (http://www.vatican.va/archive/ESL0020/__P1D.HTM).

En el caso del obispo de Roma, el Código no prevé esta obligación, pero en el número 332 abre la posibilidad a que el Romano Pontífice presente su renuncia a condición de que “sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie”.

Si prevé esta posibilidad, es simplemente porque el Papa puede encontrarse en situaciones que le impiden ejercer de manera adecuada su ministerio como sucesor de Pedro. Ha sucedido en el pasado y ahora, Benedicto XVI, con plena libertad y conciencia ha considerado que le faltan las fuerzas para afrontar los grandes desafíos de la Iglesia. En estos días ha explicado a varias personas, como el primer ministro italiano Mario Monti o el presidente de Guatemala Otto Pérez Molina, que esta decisión era muy difícil, pero que la ha tomado únicamente por el bien de la Iglesia.

Cuando Dios da una misión a una persona, tiene en cuenta la conciencia de la persona. Juan Pablo II consideró que su manera de ejercer el ministerio del obispo de Roma debía pasar por la ofrenda personal de su vida como Papa, hasta el último momento. Y el pueblo de Dios pudo beneficiarse de manera impresionante del testimonio de su vida y muerte.

Benedicto XVI ha seguido un proceso interior de discernimiento. “L’Osservatore Romano” ha mostrado cómo ha sido largo, pues habla de una decisión ya tomada en su último viaje a México y Cuba, marzo de 2012. Se trata por tanto de una decisión en conciencia, prevista por el Derecho Canónico, y como está repitiendo él mismo “por el bien de la Iglesia”.
 
–¿Cuáles son los desafíos que tiene que enfrentar el nuevo Papa?

Benedicto XVI ya ofrece una respuesta a esta pregunta en la declaración con la que anunció su renuncia. Reconoce su falta de vigor “para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio”.

Como se puede ver, los dos grandes desafíos del Papa son el gobierno de la Iglesia y la evangelización. Por lo que se refiere al primero, su sucesor deberá continuar con la obra de reforma de la Iglesia que ha emprendido este Papa en cuestiones tan delicadas e importantes como la integridad moral de los pastores (tras el escándalo de casos de pedofilia), las disfunciones en la Curia Romana, etc.

Por lo que se refiere a la obra de evangelización, el anuncio al mundo de Jesucristo vivo implica muchos aspectos: la iluminación de las conciencias sobre las grandes cuestiones éticas (como las ligadas a la familia y la vida); el diálogo con las demás religiones; la promoción ecuménica de la unidad de los cristianos; el compromiso con la justicia social…
 
–Cuando un Papa renuncia, ¿sigue siendo infalible?

Esta es precisamente la pregunta que ha planteado el New York Times: “When a Pope Retires, Is He Still Infallible?” (http://www.nytimes.com/2013/02/18/world/europe/what-do-you-call-a-retired-pope-and-is-he-still-infallible.html?_r=1&).

El mismo artículo menciona la respuesta del padre Federico Lombardi S.I., quien por una parte explicó que el sucesor de Benedicto XVI asumirá el ministerio de obispo con las plenas funciones de un Papa, mientras que Joseph Ratzinger, como obispo emérito de Roma, dejará de contar con las facultades para emitir pronunciamientos dogmáticos.

La pregunta del “New York Times” requiere quizá una aclaración sobre lo que significa la infalibilidad del Papa. El mismo Benedicto XVI lo ha explicado en su libro-entrevista “Luz del mundo”.

El pontífice aclaraba que “el concepto de infalibilidad se ha desarrollado a lo largo de los siglos. Surgió frente a la pregunta acerca de si hay en alguna parte una instancia última que decida. El Concilio Vaticano I sostuvo, por fin, siguiendo una larga tradición que provenía desde los tiempos de la cristiandad primitiva, que existe una decisión última. No queda todo en la indefinición. En determinadas circunstancias y dadas ciertas condiciones, el papa puede tomar decisiones vinculantes últimas por las cuales queda claro cuál es la fe de la Iglesia y cuál no lo es”.

“Lo que no significa que el papa pueda producir permanentemente afirmaciones ‘infalibles’ –añadía–. Por lo común, el obispo de Roma actúa como cualquier otro obispo que confiesa su fe, que la anuncia, que es fiel en el seno de la Iglesia. Sólo cuando se dan determinadas condiciones, cuando la tradición ha sido aclarada y sabe que no actúa de forma arbitraria puede el papa decir: ésta es la fe de la Iglesia, y una negativa al respecto no es la fe de la Iglesia. En tal sentido, el Concilio Vaticano I definió la capacidad de decisión última para que la fe conserve su carácter vinculante”.

Es interesante que la pregunta la haya planteado el diario neoyorquino. En esa ciudad, con frecuencia, se considera que hay dos instituciones infalibles en el mundo: el papado y… el New York Times :-).
 
–¿Cómo se llamará Benedicto XVI tras la renuncia?
 
La pregunta todavía no tiene respuesta. Es obvio que el nombre de Benedicto XVI pasa a la historia junto a Joseph Ratzinger. Pero dado que habrá otro Papa, probablemente se decidirá otro tipo de apelación.

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