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El Papa intercederá como Moisés por el Pueblo de Dios

© Katarzyna ARTYMIAK/CPP/CIRIC
El cardenal Gianfranco Ravasi
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El cardenal Ravasi, durante los ejercicios espirituales a la Curia Romana

Ayer por la noche comenzaron, en la Capilla Redemptoris Mater del Vaticano, los ejercicios espirituales, como es tradición la primera semana de Cuaresma, para el Papa y la Curia Romana. Los ejercicios, que durarán toda la semana hasta el sábado 23, los predica este año el cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura.
 
Tratándose de una ocasión especial, pues son los últimos ejercicios espirituales que se predican a este Papa, a punto de hacer efectiva su renuncia, ofrecemos una traducción de la crónica de Radio Vaticano. Los ejercicios llevan por título “Ars orandi, ars credendi. El rostro de Dios y el rostro del hombre en la oración de los salmos”.
 
Los ejercicios comenzaron con la exposición del Santísimo, seguida de las Segundas Vísperas del primer Domingo de Cuaresma. Después siguió la primera meditación del cardenal Ravasi, que propuso una imagen bíblica para explicar cuál será el papel de Benedicto XVI en la Iglesia. Una presencia, afirmó, “contemplativa”, como la de Moisés que subió al monte para rezar por el pueblo mientras éste sostenía combate contra Amalek en el valle.
 
“Esta imagen representa la función principal – suya – para la Iglesia”, dijo el cardenal Ravasi a Benedicto XVI: “Es decir, la intercesión; nosotros nos quedaremos en el valle, ese valle donde está Amalek, donde está el polvo, donde están los miedos, los terrores, las pesadillas, pero también la esperanza, donde usted ha permanecido en estos ocho años con nosotros. De ahora en adelante, sabremos que en el monte está su intercesión por nosotros”.
 
El purpurado invitó a los presentes a entrar en la primera meditación haciendo silencio en el alma, liberándose de tantos ruidos de la vida cotidiana:
 
"Pienso que también para nosotros los Ejercicios, en estos momentos, son un poco como liberar el alma del polvo de las cosas, también del fango del pecado, de la arena de las banalidades, de las ortigas de la charlatanería que, sobre todo en estos días, ocupan de forma ininterrumpida nuestros oídos”.
 
En la meditación afrontó el tema de la oración de los Salmos, subrayando cuatro verbos: rezar es respirar, porque es como el aire para nuestra vida; rezar es pensar, es conocer a Dios, como hacía María que guardaba los acontecimientos en su corazón; rezar es también luchar con Dios, sobre todo cuando se está en la aridez, en la oscuridad de la vida, cuando elevamos a lo alto nuestro grito desesperado, que puede incluso parecer blasfemo; rezar, finalmente, es amar, poder abrazar a Dios. Y la oración a menudo – concluyó el cardenal Ravasi – es un entrecruzar silencioso de la mirada entre dos enamorados:
 
"Sabéis bien– lo decía el gran Pascal – que en la fe, como en el amor, los silencios son mucho más elocuentes que las palabras. Dos enamorados de verdad, cuando han agotado el arsenal de los lugares comunes de su amor, repitiéndose también el estereotipo del amor, si están verdaderamente enamorados, se miran a los ojos y callan”.
 
El original de la crónica (en italiano) puede leerse aquí
 
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