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“Esta renuncia no es un fracaso, hay que verla desde la fe”

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Monseñor Ruíz, secretario del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización

¿Qué significa para usted la renuncia del Santo Padre?
Primero, una gran sorpresa.  Esperábamos que por muchos años siguiera iluminando a la Iglesia con su mensaje evangélico, tan profundo y, al mismo tiempo, tan sencillo.  Un Papa que quiso ir a lo esencial y buscar el modo de responder a la evangelización de acuerdo con los tiempos modernos. Es una lección muy grande de un hombre completamente convencido que debía cumplir la voluntad de Dios; que había recibido un ministerio no para ejercer el poder, sino para dar un servicio a la Iglesia.  Y cuando se da cuenta que sus fuerzas no le permiten dar ese servicio de la manera más adecuada, hace este gesto de humildad, de valor y de virtud.
 
Es un momento de suma importancia en la historia de la Iglesia…
En efecto.  Lo es para todos nosotros, los pastores, para la gente de gobierno… La idea que transmite el Santo Padre es la de no aferrarnos al poder, de no aferrarnos nosotros a lo que humanamente quisiéramos, a nuestros gustos, sino que debemos cumplir una misión con gran responsabilidad.  Y en esto el Papa ha sido muy coherente con su vida, sencilla de amor a la Iglesia, de servicio al Evangelio y por lo tanto, como él mismo lo decía, no se trata de huir de las responsabilidades, sino de comenzar a servir a la Iglesia desde otro ángulo. Una vida de recogimiento, de sufrimiento y de oración.
 
El Consejo Pontificio del que usted forma parte, monseñor, es creación del pontificado de Benedicto XVI.  ¿Cómo interpreta usted este gesto, de cara al Sínodo sobre la Nueva Evangelización y al Año de la Fe?
La renuncia del Papa es, precisamente, un gesto de consecuencia con la fe.  Porque el Papa nos ha dicho que durante el Año de la Fe profundicemos sus contenidos y celebremos con gozo y alegría el encuentro con el Señor.  Que podamos celebrarlo de una manera festiva.  Pero también nos pide que vivamos la fe con coherencia.  Y aquí el Papa nos da otra lección: la fe es ese aferrarnos a la Palabra de Dios y cumplir su voluntad. 
 
Muchos dicen que son tal cantidad de problemas los que enfrenta la Iglesia que el Papa ha optado por renunciar, dándoles la vuelta…
Todos sabemos con cuanta heroicidad ha puesto el pecho a los problemas actuales de la Iglesia, pero sabe que la Iglesia necesita ahora una persona con más fuerzas, que pueda realmente continuar la labor de difundir el Evangelio y de poder erradicar esta mentalidad de secularismo que padece la actualidad.
 
En una época de acciones pragmáticas, de pronto como que sorprende una decisión tomada desde el fondo del alma, desde la fe, ¿no le parece?
El Papa ha insistido mucho en la necesidad de una espiritualidad profunda.  Y yo creo que aquí vemos una muestra de lo que es una gran espiritualidad.  El papado no es una mera cuestión de estrategias.  Se debe tener la convicción de que es la fuerza del Espíritu Santo la que actúa en la Iglesia y la debe conducir.  No es un hombre que dice, simplemente, “me faltan las fuerzas”, sino que es un hombre que dice “me pongo en las manos de Dios pues es la obra de Dios la que estoy realizando, y será el Señor el que continúe esta obra”.  El Papa renuncia en un momento en que en su conciencia tiene muy claro que ha hecho lo que debía hacer.
 
Muchos medios hablan de la renuncia como la historia de un fracaso; que la Iglesia ha perdido muchos fieles y que pronto será una Iglesia minoritaria…
Tenemos que mirar la renuncia desde la fe.  Los problemas siempre los tendrá la Iglesia.  A lo largo de 20 siglos de historia, ha tenido problemas graves y ha salido adelante.  Benedicto XVI ha asumido la responsabilidad de ponerle la cara a cuestiones complejas, inimaginables para otras épocas.  Y sin embargo, ha tenido el valor de decir que la Iglesia tiene que cambiar, ser transparente.  Que la Iglesia tiene que ponerse en las manos del Señor.
 
¿Podría hacer un balance de estos siete, casi ocho años de pontificado de Benedicto XVI?
 Nos ha enseñado que la Iglesia es santa, porque tiene el don del Espíritu Santo, pero que hay hombres pecadores que han opacado esa imagen.  El Papa nos ha dado una lección de grandeza.  Cuando la gente pensaba que iba a fracasar, sucedía todo lo contrario.  Fue el hombre que supo poner a Jesucristo en medio de los demás.  Un hombre que fue capaz de predicar la verdad y de asimilar los principios de la doctrina católica y del comportamiento moral que todo cristiano tiene que tener.
 
¿Cómo lo habrá de ver la historia?
Como uno de los grandes papas que ha tenido la Iglesia. 
 
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