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Abusos sexuales y clero: hacia la curación

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Un Simposio en la Gregoriana analiza las medidas adoptadas

El año pasado, el Simposio “Hacia la curación y la renovación” organizado por la Universidad Gregoriana con el apoyo de la Curia vaticana, puso el acento en el doloroso tema de los abusos sexuales perpetrados contra los menores en instituciones de la Iglesia. Doce meses después, en la misma Universidad de los jesuitas, se presentaron las Actas del congreso y se sintetizó el itinerario realizado en materia de formación y prevención.
 
Benedicto XVI, recuerda en el diario italiano Avvenire el periodista Salvatore Mazza, afrontó decididamente el problema de los abusos sexuales contra menores por parte de sacerdotes, no sólo con palabras sino con hechos precisos. “Y no sólo bajo la presión mediática de los escándalos que han afectado a Irlanda y Estados Unidos, a Alemania y Bélgica, sino también– sobre todo – antes y después (…) apuntando a no "bajar la guardia" tampoco cuando, sin cámaras ni reflectores, nadie se acuerde del tema.
 
También la presentación de ayer de las Actas del Simposio celebrado en la Gregoriana hace un año, y del resumen de las primeras actividades del Centro para la protección de menores, entra en ese "después" en el que, silenciosa pero tenazmente, respecto al problema de los abusos, el Papa Ratzinger está “remodelando" la Iglesia según un criterio que, desde la formación de los aspirantes al sacerdocio hasta la actuación concreta ante el mal realizado, es de absoluto rigor” (Avvenire, 6 de febrero).
 
Las indicaciones dadas sobre el tema ponen en primer lugar la atención a las víctimas y el deber de colaborar con las autoridades civiles evitando, por un malentendido sentido de protección de la Iglesia, omisiones y silencios. “Sobre la base de estos criterios generales, desde principios de 2013 todas las Conferencias Episcopales del mundo se han dado directrices para afrontar en el futuro casos de abusos sexuales que se volvieran a repetir, y también esto forma parte de actuar en el "después", en el día a día, de una Iglesia que quiere transformar en un nuevo comienzo también una tragedia como esta que ha atravesado” (Avvenire, 6 de febrero).
 
"Nos hemos equivocado trágicamente y demasiado a menudo no hemos sido capaces de escuchar el grito de las víctimas", dijo en la reda de prensa de la Gregoriana el p. Robert Oliver, nuevo promotor de justicia de la Congregación para la doctrina de la fe. “El padre Oliver hizo callo al otro lado del Océano. Boston, su diócesis, fue el baricentro de la primera oleada de escándalos, que sacudió a la Iglesia estadounidense en 2002. (…) "Mi trabajo en Estados Unidos se plasmó en base a lo que he visto", explicó a los periodistas de diversos países presentes en la Gregoriana. "Espero servir así con mi nuevo servicio en continuidad con mis superiores y, en particular, con mi predecesor Charles Scicluna”. (…) “Conozco bien a Scicluna y he trabajado con él durante diez años", explicó Oliver a los periodistas. ¿Le ha dejado alguna indicación? "Rezar, escuchar a las víctimas y permanecer a su lado, aunque a veces, frente a ciertos relatos, uno querría huir "» (Il Mondo, 5 de febrero).
 
Padre Oliver “explicó que la Congregación recibe una media de 600 denuncias de abusos al año, de todos los continentes, tras un pico registrado en 2004 de unos 800 casos. Casi todas las denuncias se refieren a abusos cometidos en las décadas entre 1965 y 1985. Padre Oliver explicó también que casi tres Conferencias Episcopales sobre cuatro en el mundo han aprobado ya sus directrices sobre los abusos tal y como pidió el Vaticano, y que la Congregación ha empezado a responder enviando sus observaciones. Para el sacerdote, frente al fenómeno de los abusos, se han llevado a cabo “extraordinarios pasos adelante”. (…) Nuestra vocación – añadió – es estar al servicio de toda persona humana: en camino hacia la curación y la renovación. La Iglesia se ha puesto en este camino”» (Vatican Insider, 5 de febrero).
 
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