Aleteia

Pastoral con los divorciados acogida y acompañamiento

Comparte

La diócesis en Toulon muestra en Toledo su experiencia en este ámbito

En la pastoral con personas divorciadas resultan fundamentales la acogida y el acompañamiento, y además, el trabajo con los que se han vuelto a casar debe basarse en la verdad y la caridad; estas son algunas de las claves que guían la pastoral con los divorciados de la diócesis francesa de Toulon, expuestas en las primeras jornadas de pastoral celebradas en la ciudad española de Toledo del 11 al 13 de enero.
Entre los diversos temas y actividades de las jornadas, tituladas “Llamados a evangelizar”, un taller estuvo dedicado a este delicado y hoy especialmente necesario ámbito de la pastoral.
En primer lugar, el delegado de pastoral familiar de Toulon explicó con detalle la experiencia de su diócesis: insistió en la importancia de que los divorciados sientan –experimenten- el amor y la acogida de la Iglesia, así como de escuchar y acompañar a cada persona en su camino y en su sufrimiento.
También advirtió del riesgo de llevarse por la “pastoral del sentimiento” y señaló que hay que enmarcarse en el magisterio de la Iglesia, intentar trabajar en la verdad, que es como realmente se ayuda. Reconoció que es un ámbito delicado, pero afirmó que no por ello se va a arrinconar.
En este sentido, se recordó que la Iglesia no abandona a las personas que viven situaciones irregulares por fracasos de matrimonios anteriores, sino que con atención materna debe buscar respuestas adecuadas a esas situaciones, siempre desde la verdad del Evangelio (propuesta 48 del sínodo de los obispos sobre nueva evangelización).
Actualmente, en Toulon, la diócesis convoca a los divorciados a encuentros de oración, con la seguridad de que el camino es que esas personas vivan una relación personal con Jesucristo y a raíz de ese encuentro vayan dando pasos. Se valora cada situación. Hay parejas que descubren la posibilidad de vivir juntos pero en abstinencia, de manera que pueden confesarse y comulgar. En algunos casos se ve que el primer matrimonio fue nulo y se anima a regularizar su situación y pedir la nulidad. A veces la obtienen y pueden casarse por la Iglesia con la persona con la que viven.
Esta última es la experiencia de Serge Maury, miembro del equipo de la delegación de pastoral familiar de Toulon que ofreció un testimonio muy personal que impresionó a las aproximadamente doscientas personas que participaron en el taller, la matrimonios implicados en la pastoral familiar. A continuación surgieron diversas preguntas y un debate en el que se destacó la necesidad de trabajar esta realidad en la Iglesia y la importancia de poder conocer más de cerca el sufrimiento de los divorciados, que se pueden sentir apartados de Dios y rechazados por la Iglesia.
“Queríamos escuchar su testimonio para comenzar también nosotros y nos ha servido, ha sido muy positivo”, explicó a Aleteia Miguel Garrigós, delegado de familia y vida de la archidiócesis de Toledo, donde este curso se ha formado un equipo para empezar a trabajar este campo a nivel diocesano. “Ahora debemos estudiar qué cauces podemos emplear nosotros, con qué personas podemos contar, qué difusión podemos realizar y definir la manera como empezar la actividad para ayudar”, añadió.
El sacerdote Josué García Martínez, responsable de la pastoral con divorciados del nuevo equipo de Toledo, valoró las claves ofrecidas por los franceses y destacó algunas lecciones, como la necesidad de mostrar que los divorciados no están excomulgados, sino que son miembros de la Iglesia que viven una situación irregular y requieren ayuda; y también que la caridad sin verdad es una farsa, y que en la enseñanza de la Iglesia sobre los divorciados se encuentra la verdad del matrimonio. “No hay que caer en el tópico de lo prohibido y lo permitido, sino ayudarles, escucharles e iluminarles en su vida”, explicó.
A pesar de que en general, de manera coordinada, la pastoral con los divorciados no esté muy estructurada todavía, en las parroquias se constata la necesidad de atender esta realidad y en muchas se está desarrollando habitualmente el acompañamiento a estas personas. “¿Qué sacerdote, cuando levanta la mirada en misa, no ve que estas situaciones están presentes en su parroquia?”, pregunta García Martínez, y expone su esperanzador proyecto: “Vamos a ir despacio, a trabajar los documentos de la Iglesia, a recoger testimonios, enseñanzas de obispos, directorios de pastoral familiar y a dedicar un tiempo de estudio para atender y acoger a estas personas que necesitan nuestra ayuda”.
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.