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¿Dios quiere la vida que viene de una violación?

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¿Es mejor acabar con una vida que ha empezado de una manera violenta que dejar que nazca de una madre el hijo de su agresor?

1. La violación es siempre un acto intrínsicamente malo porque se ejerce una violencia contra otro ser humano.

Dios pretendió que la intimidad sexual tuviera lugar sólo en el contexto del matrimonio entre un hombre y una mujer. En el Génesis Adán exclama: “‘¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!’”. La Escritura continúa diciendo: “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne”. (Gn 2, 23 y 24).

La intimidad que conlleva la unión sexual se da entre los esposos y Dios quiso que fuese libre, confiada y fructífera. Esta unión no es sólo física, también es espiritual.

Está claro que una violación es un acto violento que va directamente en contra de lo que debería ser la intimidad sexual.

2. En cualquier caso, la vida humana es siempre sagrada desde el momento de la concepción, sea cual sea el modo en que el pequeño fue concebido.

La vida humana comienza en el momento de la concepción. Cuando un espermatozoide fertiliza un óvulo, una nueva vida humana ha sido creada.

“Desde todos los aspectos de la biología molecular moderna, la vida biológica está presente desde el momento de la concepción”, afirma el doctor Hymie Gordon, presidente del Departamento de Genética de la clínica Mayo. “Cada persona tiene su propio ADN, un código genético que demuestra que él o ella es una persona única”.

Una nueva vida humana no es sencillamente la suma del padre y de la madre, ni tampoco la suma de sus acciones.

Dios nos conoce a cada uno de nosotros, sea cual sea la forma en la que hayamos sido concebidos, y nos quiso incluso antes de existir.

El profesor Joseph Arias del Christendom College explica que “a pesar de ser un gran bien, la vida humana puede ser, en algunos casos, producto de un acto pecaminoso. Algunos niños son concebidos en actos de fornicación, adulterio y en muchas ocasiones mediante la fecundación in Vitro. Dios prohíbe estas acciones en la medida en que constituyen un pecado, pero el valor de la vida humana sigue siendo incalculable, para la persona concebida especialmente y también para el resto de nosotros, que deberíamos amar esta vida y también la vida por venir”.

3. Hay una gran diferencia entre la voluntad de Dios y  lo que Él permite que ocurra respetando el libre albedrío de las personas. A menudo el Señor saca un bien de un mal, y en este caso una nueva vida de un acto destructivo.

La Escritura nos cuenta que el Señor creó el mundo y que lo bendijo, aunque se cometan acciones malvadas contrarias al plan de Dios. Esto se produce porque nos ha dado libertad.

Mientras que el Señor permite que los hombres y las mujeres puedan elegir el mal, en su Providencia siempre saca un bien del mal cometido.

El profesor Joseph Arias escribe: “Es importante reconocer que en el caso de violación, o cualquier otra circunstancia que no sea la voluntad de Dios, a pesar del pecado, Él saca algo bueno (la concepción de una vida humana) pero esto que es algo bueno, no justifica el pecado”.

“El pecado es intrínsecamente malo y está prohibido (y en absoluto forma parte de la voluntad de Dios), no puede ser justificado ni siquiera porque salga algo bueno de él. Sin embargo, el bien obtenido sigue siendo un bien y sigue teniendo la capacidad de tener un papel positivo en la providencia de Dios”, añade.

Con respecto a los niños concebidos por violación, el profesor Arias afirma: “Dios quiere el bien de las vidas concebidas, a pesar de que el mal que contienen los actos que han llevado a su concepción está prohibido y sólo permite que tengan lugar”.

La pena y el sufrimiento de la víctima de la violación es enorme y exige nuestra compasión y nuestra atención. La violencia perpetrada contra la mujer no se puede eliminar a través de la violencia del aborto que esta realiza hacia su hijo. Su curación sólo puede realizarse a través del amor de Dios y del pueblo de Dios que puede hacer que este amor se haga palpable.

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