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¿Otra vez el fin mundo?

Jacek Halicki/Wikipedia
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Una nueva profecía alerta de que el fin del mundo maya está previsto para el 21 de junio de 2020

En los últimos días se ha difundido por muchos medios y por las redes sociales la teoría de que el fin del mundo maya pronosticado en 2012 estaba mal calculado y que este realmente se dará este 21 de junio próximo. ¿Qué hay de cierto? ¿Por qué despierta tanto interés el fin del mundo?

Muchos autores, grupos y corrientes, con motivaciones que van desde lo espiritual y esotérico hasta lo comercial y el espectáculo, se han basado en esas supuestas profecías para poner una fecha al fin del mundo.

Por ejemplo cuando lo situaron en el año 2012, o bien para predecir un final catastrófico, con lo que concordarían datos como el calentamiento global o la alineación de determinados astros, o bien para vaticinar un cambio de época y de conciencia en la órbita de la espiritualidad de la Nueva Era.

Al igual que sucedió en torno al año 2000, los medios de comunicación se hicieron eco, normalmente de forma sensacionalista, de ese anuncio del fin del mundo. También tenía su faceta comercial y su lado sectario.

Se trata de un tema que siempre despierta interés, porque se unen varias cuestiones que preocupan al ser humano: el sentido y el fin de la historia, la espiritualidad, la ciencia y el progreso, la crisis ecológica, las civilizaciones antiguas, el esoterismo, etc.

Ciertamente, es un tema que vende.

Muchos hoteles y agencias turísticas han aprovechado el tirón para ofrecer productos relacionados con este final, y algunas marcas comerciales incluso han utilizado el tirón de este tema para la publicidad.

Además, algunas sectas y grupos esotéricos han recuperado viejas profecías, subiéndose al carro de esta nueva edición del fin del mundo, y mezclando el tema con asuntos tan dispares como la Biblia, Nostradamus, las apariciones marianas o los extraterrestres.

La preocupación de algunas personas puede ser aprovechada como caldo de cultivo para el acercamiento sectario, el proselitismo y la captación.

Siempre ha habido anuncios del fin del mundo. Si rastreamos la historia, observamos que muchos de ellos han tenido éxito en su recepción cuando se han dado en tiempos de crisis como el nuestro.

En este caso no se trata de un anuncio estrictamente religioso, ya que se “fabrican” vaticinios que puedan ser comunes a más personas en un mundo pluralista donde gran parte de Occidente está secularizada.

Para quien esté interesado en la historia (y en sus “enigmas”, tan de moda), podrá aludirse a civilizaciones como la maya o a herejías como los cátaros. Ni unos ni otros pueden confirmar estas atribuciones proféticas, porque ya no están.

Para las personas alejadas de los ambientes religiosos, el acento puede ponerse en una espiritualidad más difusa, o incluso en los datos que nos da la ciencia y en los avances tecnológicos.

Lo cierto es que la crisis económica global que estamos viviendo se revela aquí, completamente, como una crisis de sentido y una percepción más nítida en muchas personas de la debilidad de nuestras estructuras y de la vulnerabilidad de nuestra sociedad.

Y el hombre necesita certezas y seguridades. Pensar en un fin del mundo, sin embargo, no llama precisamente a la responsabilidad personal ni a la reacción solidaria, sino al “sálvese quien pueda” y, en último término, al fatalismo y la resignación.

Referencias:

La NASA y el fin del mundo, por Luis Santamaría.

La Biblia cristiana termina con el libro del Apocalipsis o de la Revelación. En contra de lo que dice el imaginario colectivo, se trata de un libro que llama a la esperanza en tiempos de crisis.

El Apocalipsis es el libro de la esperanza, porque Jesucristo, que es el Señor de la historia y del universo, tiene a la Iglesia en su mano.

Es una llamada a la fidelidad a pesar de las adversidades, porque la última palabra la tiene Dios, y esa Palabra es Jesucristo, que ya ha vencido con su muerte y resurrección al mal, al pecado y a la muerte.

Jesucristo, el Salvador, aparece como el Cordero degollado, haciendo así una inversión de los valores del mundo. Con su sangre ha lavado a una multitud de personas, que son la Iglesia, la comunidad de los salvados en su nombre.

Por eso, en cierta manera, el fin del mundo ya ha sucedido. No podemos esperar nada más importante que el misterio pascual de Jesús: su muerte y resurrección.

Lo que queda al final –en un momento del que no podemos saber la fecha– es el juicio de Dios, el momento de la gran justicia y de la gran misericordia divinas.

Al final todo tendrá a Cristo por cabeza. Los que estén unidos a él participarán en una nueva vida resucitada, y disfrutarán de su gloria. Los que lo rechacen, se condenarán para la eternidad.

Y habrá un cielo nuevo y una tierra nueva. No se habla de fechas en la Biblia, ni es correcto buscarlas. La única “agenda milenarista” de la Escritura es que Dios está al final de la historia, como estuvo al principio.

A veces parece que es la Virgen María la que anuncia el fin del mundo en tal o cual aparición, o alguna nueva comprensión bíblica. Hay que ser muy cautos con todos estos mensajes, que normalmente se apartan de lo que cree la Iglesia.

Están muy difundidos algunos mensajes de tipo apocalíptico que dicen ser cristianos, e incluso católicos. A veces, sus difusores dicen que son revelaciones divinas o de la Virgen María, en sus apariciones o en mensajes privados dictados a videntes o médiums.

Algunos aprovechan la ausencia en estos últimos tiempos de la escatología (doctrina sobre las cosas últimas) en el discurso de la Iglesia para pasar al extremo contrario de obsesionarse con un final inminente.

Algunos incluso acusan al Vaticano de haber ocultado el “tercer secreto de Fátima” y otras revelaciones, cosa que es totalmente falsa.

Más que como un ataque a la Iglesia católica, hay que interpretar este fenómeno como una manifestación más de la nueva religiosidad, configurada de forma individualista y a la carta, fuera de toda institución.

Lo cristiano o católico suele ser aquí un barniz o un anzuelo, cuando se trata de un sincretismo que se aparta de la recta fe cristiana.

Referencias:

El mensaje de Fátima. Congregación para la Doctrina de la Fe.

Después de todo esto, vemos cómo el hombre actual tiene sed de Dios, una sed que se muestra claramente en la necesidad de sentido, de respuesta a las preguntas últimas.

En medio de un mundo en crisis, cuando fallan los asideros y ni la economía, ni la política, ni la ciencia o el progreso pueden salvar al hombre, las personas que no viven su dimensión religiosa de forma integral y sana corren el peligro de abrazar todas estas propuestas catastrofistas que, si no le van a librar del terrible final, al menos le dan la seguridad de la gnosis (conocimiento): saber qué va a pasar.

No basta la esperanza, necesitan una certeza imposible. Esto es una realidad en el mundo de la increencia y también –no lo olvidemos– en los creyentes que no viven su fe como una relación personal con Dios.

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