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Ayuda en casa hoy para poder comprometerte con la sociedad mañana

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El tema de reparto de las tareas en cualquier familia tiene más miga de la que, en un principio, pueda parecernos. Normalmente el tema del orden, y de la sobrecarga de tareas de unos y la escasez de tareas para otros, suele ser fuente de tensión en una familia como la mía. Mis hijos ya no son pequeños y es necesario que su madre y yo no seamos los únicos en cargar con todo lo que requiere la casa para mantenerse a punto. Esto lo entendemos los cinco. Otra cosa bien distinta es la aplicación práctica, como en todo. Fácil es hablar y difícil vencer las perezas cotidianas de cada día.

El pasado domingo tuvimos reunión familiar. Todos convocados de urgencia en el salón para compartir, debatir y decidir cómo organizarnos para que todos participáramos un poco más en el trabajo doméstico. Lo primero que hicimos fue una ronda en la que los cinco compartimos cómo estábamos, cómo nos sentíamos, alguna preocupación, alguna alegría… total libertad. Mi mujer fue la que expresó cierto agobio al ver que los niños estaban desatendiendo los mínimos exigibles en el orden casero. Esta ronda, que parece innecesaria, es fundamental, porque nos permite dar razón de la necesidad. Porque en el fondo suscitamos generosidad, empatía, solidaridad, responsabilidad… Si no somos capaces de acercarnos al otro y a sus sentimientos, ¿cómo vamos a conseguir empatizar con él? Y esto ya es un aprendizaje para el resto de la vida. ¿Por qué no somos sensibles muchas veces a las necesidades de otros? Porque no sabemos quiénes son, no les hemos oído, no conocemos sus historias, no sabemos de su propia boca cómo están…

Después viene el detectar y repasar y hacernos conscientes todos de todo lo que muchas veces pensamos que se hace solo. Una casa normal no funciona con la escoba de Fantasía ni con la magia de Mary Poppins. La ropa no se limpia sola, los cacharros no se friegan solos, las mascotas no se autoabastecen… Así que entre los cinco hicimos una lista de todo lo que durante un día hay que hacer. Poner la mesa, recogerla, sacar el lavavajillas, tirar la basura, cuidar a las cobayas, hacer las camas, poner la lavadora, tender la ropa… Todas son tareas que podían ser repartidas. Y así lo hicimos. E intentamos que cada uno pudiera hacer su tarea con autonomía. El pequeño no puede poner la lavadora pero puede dar de comer y beber a las cobayas. El mayor sí puede poner la lavadora y tenderla. Y así todo.

Y la reunión de urgencia terminó con un aspecto clave: pactar las consecuencias que tendría no realizar las tareas. Y eso, si puede ser pactado, mejor que impuesto. Porque así todos lo tenemos claro y nos comprometemos con el resultado.

Por ahora está funcionando. Sin protestas. Sin discusiones. Sin tensiones. En el fondo, es una cuestión de justicia y responsabilidad social. Y de respeto. Y de ser iguales hombres y mujeres frente a esto. Y eso comienza en casa. Soñar con mis hijos cambiando el mundo, comprometidos en un futuro, es una quimera si en casa no les hemos hecho ya sensibles a ello, responsables y consecuentes. Ojalá este trabajo tenga sus frutos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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