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Desde 1990, la mortalidad infantil en el mundo se ha reducido a la mitad

Danielle Pereira-CC
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Se ha pasado de los 14,2 millones de muertes en 1990 a 7,3 en 2015. Pero la noticia es buena solo en parte…

Un informe de hace pocos días elaborado por JAMA Pediatrics ha mostrado que, en los últimos 25 años, la mortalidad infantil ha descendido muchísimo. Por ser más precisos, prácticamente ha disminuido a la mitad, pasando de los 14,2 millones en 1990 a 7,3 en 2015.

“Pienso que, en general, el resultado del informe hay que considerarlo una buena noticia”, afirma el dr. Nicholas J. Kassebaum, de la University of Washington in Seattle, uno de los autores de la investigación. “En los últimos 25 años, la mortalidad infantil ha disminuido drásticamente, en todo el mundo”.

En la NPR, Kassebaum destacó los aspectos más importantes de la investigación, explicando y contextualizando algunos puntos cruciales.

Uno de ellos es que las buenas cifras deben mucho “a la mejora de la cobertura de las vacunas, a una mejor nutrición y a un cuidado más eficaz de las madres durante el embarazo”.

Las movilizaciones globales de los años 80 por un mayor reconocimiento de los derechos del niño han llevado a los políticos y a los expertos a mostrar más sensibilidad hacia los derechos de los menores en cuanto a salud y educación. Esto ha tenido como resultado directo “mayor asistencia al desarrollo, más ayuda para los enfermos de Sida, un intento de lograr la vacunación universal y más esfuerzos para ayudar a las mujeres embarazadas”.

En algunos países, además, entre ellos Etiopía y Malawi, las mejoras en el aprovisionamiento de agua potable y en los servicios higiénico-sanitarios se han acompañado de un aumento de la educación en general.

“Sabemos que si las mujeres reciben más instrucción”, explica Kassebaum, “adquieren un poder mayor en la asistencia sanitaria propia y de sus hijos”, con un aumento de la capacidad de gestionar mejor “su alimentación y la de sus familias”, con lo que pueden cuidar mejor “de los niños en los primeros cinco años de vida”.

Aunque la instrucción no esté directamente vinculada a una mejora de la salud de los niños, seguramente es uno de los factores que hace de este último un objetivo más alcanzable.

Pero la noticia es buena sólo en parte. A causa de la pobreza extrema difundida en determinados países, algunos de los niños que antes habrían muerto en los primeros años de vida, ahora viven lo suficiente para sufrir los efectos de la malnutrición o de enfermedades heredadas de los padres, no siempre curables en los países en que viven. Cada vez, además, hay más niños expuestos a las guerras que afligen aún a demasiados lugares del mundo.

“En Oriente Medio, en 2015, la principal causa de muerte de los niños de edad superior a 5 años ha sido la guerra y la violencia relacionada con ella”. Y en los que logran sobrevivir, los efectos psicológicos permanecen por muchos años, a veces durante toda la vida.

En las últimas dos décadas se han realizado enormes progresos. La lucha contra la mortalidad infantil ha dado pasos de gigante. Pero es necesario y urgente superar este nivel y ampliar el horizonte, pensando también en el paso siguiente: una mayor dignidad de la vida de los adolescentes y de los niños.

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