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Dos en la carretera: Anatomía de un matrimonio

20th Century Fox
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Hace cincuenta años que Stanley Donen rodó su lúcida disección sobre los entresijos de la pareja protagonizada por Audrey Hepburn y Albert Finney.

Algo más de una década antes de que Stanley Donen concibiese Dos en la carretera (Two for the road, 1967), Roberto Rossellini había filmado una brillante radiografía sobre la crisis matrimonial en Te querré siempre (Viaggio a in Italia, 1954).

Pero, si el cineasta italiano seguía una estructura temporal lineal durante el viaje al sur de Italia que lleva a cabo la pareja interpretada por Ingrid Bergman y George Sanders, la película de Donen ofrecía una perspectiva caleidoscópica por medio de la alternancia de flashbacks que representan las diversas etapas de su relación amorosa aderezadas, al mismo tiempo, con ligeros toques de humor.

Flashbacks todos ellos que tienen lugar durante los diferentes viajes por Francia que la pareja ha realizado desde que se conocieron en el primero, cuando él, Mark (Albert Finney), era un joven arquitecto en ciernes que recorre el país galo con su mochila y conoce de manera fortuita a Joanna (Audrey Hepburn) quien pasa unas semanas de vacaciones junto con sus amigas.

Así como sus posteriores trayectos: ya casados, en su MG descapotable; compartiendo automóvil con matrimonio amigo y su caprichosa e irritante hija pequeña; el que realizan con la suya, cuando él ha alcanzado prestigio en su profesión llevándole a estar inmerso en su trabajo mientras ella se dedica al cuidado de la niña; o el que tiene lugar en el presente, cuando la crisis matrimonial ha hecho mella en ambos.

Donen concibe un film que articula por medio de saltos en el tiempo, con idas y venidas del presente al pasado y del pasado al presente que, mediante el uso de transiciones, no solo va poniendo de relieve la evolución de la pareja con el paso del tiempo, sino que la fragmentación de los flashbacks le permite contrastar sus anhelos, sus ambiciones, sus sentimientos o sus ideas sobre el amor y la pareja en el pretérito y como estos se han ido transformando con el paso del tiempo.

Las ilusiones y las dificultades económicas en el comienzo de su relación sentimental frente a la desilusión y la amargura en su madurez, y a pesar de que gozan de un privilegiado estatus social. Una transformación salpicada por los reproches, la insatisfacción, las discusiones, las reconciliaciones, las infidelidades o la paternidad.

Un conflicto del que se da un anticipo en la secuencia que abre el film, tras los excelentes títulos de crédito diseñados por Maurice Binder —autor, entre otros, de los de la serie de James Bond—, cuando la pareja, en el que es su viaje en el presente, atraviesa un pueblo presenciando a su paso la salida de la iglesia de unos recién casados sobre los que Joanna, sin dejar de mirarles desde la ventanilla del coche, dice que “no parecen muy felices”, a lo que Mark responde: “¿Por qué iban a parecerlo? Acaban de casarse”.

Como más adelante, tras llegar a un hostal, durante el viaje en el que se conocieron, mientras suben la escalera que les lleva a su habitación, al observar a un matrimonio maduro en el restaurante comiendo en silencio, sin decirse nada el uno al otro, y Mark espeta: “¿Qué clase de personas pasan horas sin tener nada que decirse?”, y Joanna replica: “Los matrimonios”. Cuestión que saldrá a relucir de nuevo en su último viaje, cuando ellos mismos se han convertido en el reflejo de sus propias palabras.

Donen elude los momentos cumbres como su enlace o el nacimiento de su hija. Tan solo va mostrando los diferentes segmentos de cada viaje cuya época está acentuada a su vez por el propio vestuario o los diferentes modelos de automóvil que conduce la pareja. Además de salpicar el relato con sutiles metáforas como cuando arde el MG, marcando en cierta manera el fin de una etapa, ya que momentos antes de quemarse el biplaza Joanna le ha anunciado a Mark que está embarazada.

Pero más allá de estas cuestiones, Dos en la carretera sigue manteniéndose como una aguda reflexión sobre los conflictos conyugales, que siguen siendo los mismos que hoy en día, y que deja un final abierto para la esperanza porque quizá, o al menos es lo que parece sugerir la escena final, una de las claves de la convivencia sea, simplemente, la aceptación mutua.

Ficha técnica

Título original: Two for the road

Año: 1967

Duración: 111 minutos

País: Gran Bretaña

Director: Stanley Donen

Guión: Frederic Raphael

Música: Henry Mancini

Fotografía: Christopher Challis

Reparto: Audrey Hepburn, Albert Finney, Eleanor Brown, William Daniels, Gabrielle Middleton, Claude Dauphin, Nadia Gray, Georges Descrières, Jacqueline Bisset.

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