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Tila, la flor sedante que lleva miel

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Te sorprenderán todas sus propiedades medicinales

El tilo (en latín Tilia platyphyllos) es un árbol que produce unas flores medicinales muy apreciadas en la tradición médica popular, llamadas tila.

En la fitoterapia preferentemente son usadas las flores del tilo silvestre de hoja pequeña (lat., Tilia cordata) que, desde muy antiguo, han sido empleadas por la medicina tradicional como sedante y como sudorífico en los resfriados y estados gripales.

También la flor del tilo ha sido aplicada eficazmente, en infusión, para combatir los ataques de gota y también el dolor reumático.

Los capuchinos de antes de la exclaustración de 1835 solían usar la flor del tilo como sudorífico: “Las hojas del tilo son de figura de corazón, puntiagudas y serradas por los bordes. Las flores de cinco pétalos y blanquizcas, olorosas y muy medicinales. Las sumidades floridas de este árbol se usan en los mismos casos que las flores de naranjo en aquellos países en que esta última planta no abunda, y no hay mejor sudorífico que la infusión de tila” (Pócimas de capuchino, 70).

Se debe señalar que el tilo es una de las plantas melíferas más destacadas, siendo la miel de tila una de las más apreciadas y medicinales.

En cuanto a la aportación de los capuchinos en la apicultura, algunos de los religiosos de las provincias de Europa de antes de la supresión de la vida religiosa (sobre todo los frailes de las provincias de las Marcas de Antona, Aragón, Cataluña y Cerdeña) destacaron en el arte de saber aprovechar los productos de las abejas, especialmente la miel, la cera y los própolis, que curiosamente se recolectaban con finalidades terapéuticas en la medicina popular de tradición franciscana.

En el período de la restauración de la vida capuchina en Europa, sobresalieron como apicultores algunos frailes menores capuchinos, como fray Julien de Mamers (†1929), autor del tratado de apicultura titulado La Ruche «la capucine d’Anjou» publicado en el año 1896 donde propuso el método federativo para asociar diferentes colmenas de abejas en un mueble de madera, con función de “hotel” destinado a acoger colonias de abeja en distintos departamentos; y también sobresalieron en este mismo período los mallorquines Samuel de Algaida (†1934) y Arcángel de Algaida (†1953), ambos de la provincia capuchina de Cataluña.


Por Fray Valentí Serra de Manresa

Artículo publicado originalmente por Catalunya Cristiana el 12 de marzo de 2017

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