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¿Sabes dónde encuentran apoyo estas víctimas de abuso?

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Encuentran una estupenda manera de seguir "luchando" contra el abuso

Es común leer y escuchar sobre la comprensible decepción de las muchísimas (demasiadas) víctimas de abuso de parte de miembros de la Iglesia. Recientemente dábamos cuenta en Aleteia de llamado del Papa Francisco a un hombre que, más de 30 años después, compartió públicamente la horrible situación sufrida en su colegio.

Ese mismo hombre, Rufino Varela, y siguiendo el consejo del Papa de seguir adelante y buscar apoyo, encontró una estupenda manera de seguir “luchando” contra el abuso. Y pidió una Misa. El Obispo de su diócesis, San Isidro, no sólo acogió el pedido y organizó la Misa por las Víctimas del Abuso Sexual y el Maltrato Infantil, sino que convocó a otras víctimas de ese flagelo.

La Misa fue presidida por ese obispo, monseñor Oscar Ojea, en la catedral de San Isidro. Se vivió un clima de profunda emoción y cercanía. Sirvió además para que la organización “Cruzada contra el abuso y el maltrato Francisca”, iniciada por Varela, difunda sus acciones de “cubrir un vacío”. “Viene a dar un lugar discreto y de escucha a quienes después de años y años logran romper el silencio y aliviar el dolor que este silencio provoca”, explicó Varela.

En esa línea, y agradeciendo el esfuerzo de quienes dan voz a los que no podían hablar, el Obispo expresó en su homilía: “Cuando el débil puede salir de esa red de silencio al que lo obliga el poderoso, ese secreto pactado para comprimir a la criatura…Cuando puede hablar, cuando puede expresarse, cuando puede decir qué ha pasado, decírselo a sí mismo y decirlo a los demás, comienza la verdadera sanación”.

“La sanación supone transformar las heridas, el dolor y la bronca, supone transformar todo eso en vida, sino no sanamos; no podemos sanar comiendo rencor, no nos hace bien. Por eso, además de la expresión necesaria para la cura, es imprescindible orientar esa fuerza, esa energía para poder trabajar en función del futuro, nuestros niños, nuestros jóvenes”, completó.

El Prelado volvió a pedir perdón en nombre de la Iglesia, pero aclaró que “el perdón no solamente como una palabra, sino como un compromiso de acompañar, de estar al lado”.

Tanto en la plaza de San Isidro tras la celebración, como posteriormente en las redes sociales, se sintieron numerosas muestras de agradecimiento por la celebración, por haber llevado a la Misa un dolor muy grande, y transformar ese dolor en prevención, en concientización, en amor.

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