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El migrante es un don de Dios

Víctor Manuel Espinosa-cc
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Iniciativa para vivir la cuaresma

Al dar a conocer la red de 70 lugares en los que la Iglesia católica mexicana ofrece atención a los migrantes, sobre todo los centroamericanos y, ahora, los cubanos, haitianos y africanos, el secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), el obispo auxiliar de Monterrey Alfonso Miranda Guardiola ha querido cumplir con el cometido de los obispos mexicanos de “sensibilizar e invitar a actuar a los ciudadanos”.

Para Miranda Guardiola, haciéndose eco del reciente mensaje de cuaresma del Papa Francisco y ligándolo con la crisis migratoria que padece nuestro país en ambas fronteras, es necesario resaltar que éste “es un tiempo propicio para centrar al migrante como un don de Dios”.

70 casas de acogida

La Iglesia en México realiza una tarea incesante de apoyo a los migrantes. Las 70 casas de migrantes –albergues, comedores, centros de apoyo, parroquias y módulos de atención que los acompañan– son administradas por la Iglesia católica, por algunos grupos de pastoral, congregaciones religiosas, laicos comprometidos, así como por iglesias cristianas, organizaciones de la sociedad civil y gobierno.

Generalmente, las casas de migrantes se convierten en la primera acogida del migrante en tránsito o deportado y “expresan de parte de la Iglesia que nadie es ilegal ni inmigrante y por ello son capaces de brindar ayuda espiritual y moral”, según ha dicho, en su presentación ante los medios de comunicación el secretario general de la CEM.

Son un refugio porque les dan protección, techo, agua, alimento, vestido y calzado. Y porque ahí son cuidados contra todo tipo de violación a su dignidad y a sus derechos al tiempo, dijo el prelado mexicano, que “son un amparo para los menores de edad, en tránsito” al brindarles, con generosidad su tiempo y sus recursos. Finalmente, ofrecen acompañamiento a su regreso a casa, cuando se amerita.

Pero no solamente son centros de acogida, muchas de ellas dan formación y educación, servicios médicos, asesorías legales y en derechos humanos, llamadas para encontrar a familiares extraviados, apoyo en transporte para regresar a su tierra de origen, hospedaje por tiempo indefinido, atención los 365 días del año y, lo más importante, acompañamiento y comprensión, llevando un record histórico para que familiares y otras personas los puedan rastrear en caso de desaparición.

Redes efectivas

Las casas gestionadas por la Iglesia, explicó el obispo auxiliar de Monterrey, “han sido capaces de establecer redes a través de las cuales comparten información, capacitación y se brindan apoyo mutuo a favor del migrante. Por otro lado, hay un trabajo incluyente y exhaustivo que traspasa fronteras al converger con organizaciones católicas, universidades y organismos internacionales en Estados Unidos de Norteamérica y Canadá”.

Cuestión por demás importante es que las personas que colaboran en estas casas son en su mayoría voluntarios y van desde dos hasta diez personas, como máximo. Sin embargo, se apoyan de la comunidad parroquial o fieles que ofrecen su tiempo y servicio. La gran mayoría de los donativos con que operan, provienen de las comunidades en que están insertas estas casas. Pueden llegar a atender en estas casas entre 15 y 300 personas, por lo que el trabajo voluntario es indispensable.

Finalmente, dijo el obispo Miranda Guardiola, y a la luz de los servicios que prestan estos centros, “queremos invitar a seguir desarrollando esfuerzos en el ámbito de la concientización a todos los niveles de la sociedad, y de las instituciones en cuanto a la dignidad e identidad del migrante, no como un delincuente ni objeto de uso y abuso, sino como un ser humano y sujeto de caridad”.

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