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El Papa: En Cuaresma decir “no”, a la asfixia de la indiferencia

© Antoine Mekary / ALETEIA
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Francisco preside la misa de la imposición de las cenizas en Roma

“Cuaresma es el tiempo para decir “no”. No, a la asfixia del espíritu por la polución que provoca la indiferencia”, expresó el papa Francisco este miércoles de ceniza, 1 de marzo de 2017, al presidir el rito de inicio de la Cuaresma, en la basílica de Santa Sabina en Roma.

“La Cuaresma es el camino de la esclavitud a la libertad, del sufrimiento a la alegría, de la muerte a la vida”, confirmó el Papa lo anunciado esta mañana durante la audiencia general en la plaza de San Pedro.

“El gesto de las cenizas, con el que nos ponemos en marcha, nos recuerda nuestra condición original: hemos sido tomados de la tierra, somos de barro”, afirmó durante la misa en la que se realizó el rito de la bendición y la imposición de la ceniza.

El Papa invitó a ser considerados barro “en las manos amorosas de Dios que sopló su espíritu de vida”.

Un Dios “quiere seguir dándonos ese aliento de vida que nos salva de otro tipo de aliento: la asfixia sofocante provocada por nuestros egoísmos”.

Francisco afirmó que Cuaresma es un momento para salir de la “asfixia sofocante generada por mezquinas ambiciones y silenciosas indiferencias”. La “asfixia que ahoga el espíritu, reduce el horizonte y anestesia el palpitar del corazón”.

“El aliento de la vida de Dios nos salva de esta asfixia que apaga nuestra fe, enfría nuestra caridad y cancela nuestra esperanza”, agregó.

No acostumbrarse a la asfixia de “normalizar”, de “respirar un aire cargado de falta de esperanza, aire de tristeza y de resignación, aire sofocante de pánico y aversión”.

El Papa también participó en una oración en forma de “estaciones” romanas, que ha tenido lugar en la iglesia de San Anselmo en el monte Aventino y llegó en procesión penitencial hasta la basílica de Santa Sabina. En la procesión participaron varios cardenales, arzobispos, obispos y religiosos benedictinos y dominicos, junto con varios fieles.


A continuación, el significado de Cuaresma propuesto por el papa Francisco como tiempo para decir no a la desesperanza y su asfixia de las cosas que sofocan la esperanza, la misericordia y el encuentro con los demás:

“Cuaresma es el tiempo para decir “no”. No, a la asfixia del espíritu por la polución que provoca la indiferencia, la negligencia de pensar que la vida del otro no me pertenece por lo que intento banalizar la vida especialmente la de aquellos que cargan en su carne el peso de tanta superficialidad”.

Cuaresma quiere decir “no” a la polución intoxicante de las palabras vacías y sin sentido, de la crítica burda y rápida, de los análisis simplistas que no logran abrazar la complejidad de los problemas humanos, especialmente los problemas de quienes más sufren.

Cuaresma es el tiempo de decir “no”; no, a la asfixia de una oración que nos tranquilice la conciencia, de una limosna que nos deje satisfechos, de un ayuno que nos haga sentir que hemos cumplido.

Cuaresma es el tiempo de decir no a la asfixia que nace de intimismos excluyentes que quieren llegar a Dios saltándose las llagas de Cristo presentes en las llagas de sus hermanos: esas espiritualidades que reducen la fe a culturas de gueto y exclusión”.

Cuaresma es tiempo de memoria, es el tiempo de pensar y preguntarnos: ¿Qué sería de nosotros si Dios nos hubiese cerrado las puertas? ¿Qué sería de nosotros sin su misericordia que no se ha cansado de perdonarnos y nos dio siempre una oportunidad para volver a empezar?

Cuaresma es el tiempo de preguntarnos: ¿Dónde estaríamos sin la ayuda de tantos rostros silenciosos que de mil maneras nos tendieron la mano y con acciones muy concretas nos devolvieron la esperanza y nos ayudaron a volver a empezar?

Cuaresma es el tiempo para volver a respirar, es el tiempo para abrir el corazón al aliento del único capaz de transformar nuestro barro en humanidad. No es el tiempo de rasgar las vestiduras ante el mal que nos rodea sino de abrir espacio en nuestra vida para todo el bien que podemos generar, despojándonos de aquello que nos aísla, encierra y paraliza.

Cuaresma es el tiempo de la compasión para decir con el salmista: “Devuélvenos Señor la alegría de la salvación, afiánzanos con espíritu generoso para que con nuestra vida proclamemos tu alabanza”; y nuestro barro —por la fuerza de tu aliento de vida— se convierta en “barro enamorado””, concluyó.

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