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El show televisivo que le pone rostro a la paz en Colombia

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Descubrir junto a las víctimas y exvictimarios del conflicto armado que hay un camino de esperanza

En este mes de febrero se retomó la segunda temporada de Camino Esperanza. Esta vez Lina Pulido es la encargada de recorrer aquellos lugares que no pudo visitar en años anteriores, al igual que miles de colombianos, a causa de la guerra.

Junto con algunos televidentes continuará con el programa que ha dado a conocer las historias de víctimas que nunca antes se habían escuchado.

Un camino de esperanza

Este reality muestra cómo han cambiado diversas regiones del país durante los últimos años, en el camino hacia la paz. Los participantes salen de la comodidad de sus grandes ciudades para encontrarse con víctimas y victimarios de la guerra. Se trata de un espacio para que quién participe saque sus propias conclusiones sobre lo que representa la búsqueda de la paz.

Adriana López, directora del programa, ha explicado a los medios que la intención ha sido recorrer aquellos lugares que fueron golpeados fuertemente por la violencia y que han quedado en la memoria como sinónimo de dolor y rencor. Se ha buscado visitar regiones variadas y presentar a los citadinos a una víctima o ex victimario y comprobar que hay un camino de esperanza para que la historia sea distinta.

Quienes participan han sido seleccionados entre aquellos que enviaron videos en los que argumentaban por qué creían o eran escépticos de la paz.  Y las víctimas y exvictimarios fueron convocados por la Agencia Colombiana para la Reintegración, la Unidad de Víctimas y programas de “Conversemos en paz”. Más allá de los participantes, queda claro que la única protagonista es la esperanza.

La paz y la reconciliación

Cada temporada de este reality consta de 10 capítulos en los que los participantes concluyen en la necesidad de que se acabe la guerra de manera propositiva: ¿Qué puede hacer cada uno para vivir en paz?

Las historias contadas han ocurrido en distintos municipios de Colombia y no han dejado de sorprender a los televidentes, puesto que se encuentran con personajes que llevan una vida común y corriente, y luchan como cualquier otro al descubrir que sobre su espalda cargan con el duro peso de su pasado: paramilitarismo, guerrillera, mujeres abusadas y revictimizadas, etcétera. Y que con su pasado trabajan por ayudar a otros en su misma situación para que luchen por justicia y reparación.

Cada capítulo es una historia y un camino que acerca la esperanza al corazón de todo colombiano, puesto que se evidencian los cambios que la reconciliación ha llevado a esas comunidades.

Ponerse en los zapatos del otro

Todos los sábados a las 7 pm vale la pena sentarse en familia y juntos responder a un cuestionamiento fundamental sobre la paz ayudados de los testimonios de aquellos que han vivido en carne propia las consecuencias inhumanas del conflicto.

Cada capítulo cuenta entre tres y cuatro historias; sin embargo 50 minutos nunca serán suficientes para replicar lo que se ha vivido en cada lugar, en cada familia, en cada persona. Las historias, que no dejan de ser fuertes ni dolorosas, trazan un camino de esperanza al escuchar decir a las víctimas y exvictimarios que ven la necesidad de dar un paso más allá del rencor y el odio.

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