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Asalto y saqueo de un Seminario en el Congo

Ong Carmel
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El Congo nuevamente en llamas

Fue el mismo Papa Francisco quien, al margen del Ángelus del pasado domingo 19 de febrero, lanzó un grito de alarma por las persistentes «noticias de enfrentamientos y encuentros violentos» que llegan desde cada rincón de la República Democrática del Congo.

En la última semana las milicias Mai-Mai Mazembe han decapitado 25 civiles hutu en la devastada provincia del norte Kivu, mientras que serían más de 100 las víctimas de los enfrentamientos que se han verificado en la región de Kasai, desde donde el obispo de Luiza denunció «atrocidades inimaginables contra ciudadanos tranquilos». La misma ciudad de Kinshasa ha sido escenario de violencias y de asaltos.

Seminario del Congo

Un ejemplo de ello es lo ocurrido en el seminario de Malole en Kananga. El sábado 18 de febrero lo asaltaron y saquearon.

Los seminaristas y las monjas carmelitas, que viven en el convento «Enfant Jesus» cercano al Seminario, pudieron evacuar las instalaciones antes del ataque. “No se produjeron muertos ni heridos pero los milicianos entraron en las habitaciones y salas destruyendo, quemando y robando documentos, ordenadores, impresoras, ropa, muebles y motos”, informan desde el  Seminario.

Los coches se salvaron pues los sacerdotes pudieron llevárselos. «Los milicianos rompieron sistemáticamente las puertas de las habitaciones y destruyeron todo lo que había dentro. Entraron en las habitaciones de los maestros y quemaron su equipaje», ha declarado a Radio Okapi, el rector del seminario, el padre Richard Kitenge.

“Horas más tarde, el ejército del gobierno congoleño y los cascos azules de la ONU recuperaron las instalaciones pero los milicianos volvieron a saquear el recinto eclesiástico cuando se redujo la presencia militar, quemando incluso los pabellones”, afirman.

Grave inestabilidad política

La base de estos nuevos focos de violencia en muchas regiones del gran país africano es la profunda inestabilidad política en la que el Congo cayó después de que Joseph Kabila se negara a dejar el poder.

Su mandato, según los dictámenes constitucionales, habría debido terminar en diciembre del año pasado. Pero Kabila, que llegó al poder después del asesinato de su padre Laurent-Désiré (presidente de 1997 a 2001), argumentando razones de seguridad, primero declaró que habría cambiado la constitución y después se enrocó en el palacio presidencial rechazando cualquier negociación.

En el clima turbulento que se creó con esta situación surgieron con cada vez mayor fuerza algunos grupos y grupitos que se han vuelto protagonistas de la violencia y de los enfrentamientos con las fuerzas gubernamentales.

Entre ellos destacan los Bundu dia Kongo (una especie de secta militar que opera principalmente en la zona de la capital, que es dirigida por el líder carismático Ne Muanda Nsemi) o la milicia Kamuina Nsapu (inspirada en su difunto líder) muy activa en Kasai.

El acuerdo pre-navideño, pues, que permitía soñar con una nueva fase pacífica, parece perder a gran velocidad su fuerza e influencia. En esta atmósfera de vacío institucional, llegó la muerte de Etienne Tshisekedi (el primero de febrero), figura histórica de la política congoleña y punto de referencia de gran parte de la oposición.

Joseph Mumbere, provincial en el Congo, se encuentra en Roma para participar en un congreso de los Superiores Combonianos y ofreció a Vatican Insider su visión sobre los eventos que se viven en el país, entre esperanzas de pacificación y los terrores de caer en el abismo de la guerra civil: «El problema general es institucional. Kabila, en estos largos años, ha creado malestar y el malestar genera reacciones. Surgen grupos armados por todas partes. Hay dos tipos de lucha por el momento: la que llevan a cabo quienes todavía creen en un camino político y luchan por un Congo con instituciones fuertes que respeten la Constitución, y la lucha de los movimientos que usan las armas y la violencia.

Los terribles enfrentamientos que se están verificando en la provincia de Kasai tienen diferentes orígenes. Entre ellos está la petición de una parte política que ha participado en las negociaciones para el acuerdo del 5 de diciembre, que esperaba obtener un papel político inmediatamente. Ahora, con la consigna “Kabila no es congoleño”, está atizando la violencia en toda la región.

Y luego, principalmente en el este del país, hay grupos que combaten por intereses geopolíticos y económicos; otros provienen del extranjero, por ejemplo el Adf/Nalu, que cuenta con el apoyo de fuerzas ugandesas y de rebeldes de Ruanda que llegaron durante el genocidio.

El país también vive en el caos porque falleció Etienne Tshisekedi, el símbolo de la oposición a Kabila (padre e hijo), que era capaz de reunir un consenso político transversal en los diferentes grupos. Por ahora no existe ningún verdadero líder que sea capaz de tomar las riendas de la lucha anti-Kabila».

Sin embargo, a finales del año pasado crecían nuevas esperanzas. «El acuerdo –explicó Mumbere– fue un signo de esperanza. La firma llevó a una tregua y se puso en marcha un plan que establecía el final del mandato de Kabila en diciembre de 2017 y una serie de medidas prácticas: el nombramiento de un nuevo Primer ministro, una comisión que habría debido vigilar que se siguiera el acuerdo.

Pero no se logran poner de acuerdo sobre los nombres, sobre la naturaleza de la comisión. Mientras tanto murió el único líder capaz de inculcar respeto y de mantener juntos los grupos de la oposición. El acuerdo dio esperanzas, pero, por el momento, todo está detenido».

Desde hace tiempo, la Iglesia juega un papel decisivo en el país. Ha asumido un perfil político con todas sus letras.

«La Iglesia siempre ha estado muy activa en el ámbito social y político, es la única institución presente en todo el país, en todos los rincones», afirmó el provincial. «El mismo Kabila –añadió–, después del fracaso de las negociaciones que guió Edem Kodjo, se dirigió al presidente de la Cenco (la Conferencia Episcopal) Marcel Utembi para dialogar con las oposiciones. Hasta entonces ninguno de los partidos anti-Kabila había participado en las negociaciones. Gracias a la intermediación de la Iglesia se abrió la estación del diálogo y se llegó al único acuerdo en el que ha participado todos».

«Los misioneros Combonianos se encuentran en las zonas más críticas del Congo, por ejemplo en Butembo, en Kivu o en la región de Uele, en el noreste, o en otras zonas en donde las comunidades viven bajo constantes presiones. Nosotros estamos precisamente en medio de ellas: lo que elegimos es permanecer entre la gente, en los lugares de los que las personas huirían, quedarnos ahí y ayudarlas a que se queden también. Es un compromiso que hemos hecho nuestro, sobre todo en las regiones más inaccesibles, en las que las calles no existen, en las que las infraestructuras no existen: nos ocupamos de las escuelas, de los hospitales o estamos, simplemente, presentes al lado de las personas».

Cuando le preguntamos al padre Joseph cuáles eran sus temores y esperanzas, respondió de esta manera: «La primera esperanza está en la juventud. Muchos jóvenes han cobrado conciencia de la lucha por el cambio. Si hemos llegado al punto en el que Kabila aceptó no cambiar la Constitución y convocar, aunque sea dentro de un año, nuevas elecciones, también se lo debemos a ellos. Algunos de estos jóvenes han incluso perdido la vida por sus ideales. Pero temo que justamente estos mismos chicos puedan ser utilizados: el desempleo es muy elevado, hay muchos malestares, y podría surgir más violencia. El riesgo de una guerra civil es real».

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