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El policía héroe de Nueva York Steven McDonald, ejemplo de perdón, muere a los 59

Jeffrey Bruno
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Un disparo cambió para siempre su vida, pero no su alma ni su fe

Fallece a los 59 años Steven McDonald, el detective del cuerpo de Policía de la Ciudad de Nueva York que perdonó al hombre que le disparó y le dejó paralizado para toda la vida. En los casi 31 años transcurridos desde aquel tiroteo en Central Park en 1986, McDonald se convirtió en un orador habitual sobre el poder del perdón.

McDonald sufrió un ataque cardiaco masivo el 6 de enero y murió cuatro días más tarde en el North Shore University Hospital de Long Island. Deja tras de sí a su esposa, Patricia Ann McDonald, alcaldesa de Malverne, Long Island, residencia de la pareja y de su hijo, Conor, que también es detective en la Ciudad de Nueva York.

Steven atravesó océanos para llegar a comunidades por todo lo largo y ancho y extender su mensaje de esperanza, valor, perdón y redención”, expresaba en una declaración al Departamento de Policía de Nueva York el comisario James P. O’Neill.

“Steven se deleitaba hablando con vosotros, sus colegas policías. Visitaba las oficinas y las patrullas, en cualquier turno. Y hablaba de emplear tácticas y de cuidar del compañero. Su deseo era que todo agente de policía llevara una vida significativa, que estuviera a salvo y que se sintiera seguro”.

McDonald tenía 29 años y llevaba menos de dos como agente de policía cuando estaba de patrullaba rutinaria por Central Park la noche del 12 de julio de 1986. Se paró a interrogar a tres jóvenes en relación a unos robos de bicicletas, cuando uno de ellos, Shavod Jones de 15 años, sacó una pistola y le disparó. Tres balas perforaron su cabeza y cuello, y una destrozó su columna entre las vértebras segunda y la tercera.

Al principio los médicos comunicaron a la esposa, encinta del primer hijo de la pareja, que su marido no sobreviviría a la tarde.

via Commissioner Bill Bratton Twitter
via Commissioner Bill Bratton Twitter

En una entrevista en 2014 con Irish America, McDonald recordaba el día que el neurocirujano de la localidad de Bellevue dijo a su esposa: “Señora McDonald, la forma en que ve a Steven ahora es la forma en que va a estar para siempre”.

“Y se fue de la habitación”, recuerda McDonald. “Patti Ann se derrumbó llorando sobre el suelo y yo no podía moverme para consolarla ni tampoco pedir ayuda. Fue terrible”.

McDonald habría de pasarse el resto de sus días en una silla de ruedas y dependiente de un ventilador pulmonar.

Durante su convalecencia, en ocasiones se planteó terminar con su vida, pero su esposa le ayudó a superar la depresión.

“Llamó por teléfono al cardenal [John] O’Connor [por entonces arzobispo de Nueva York] y vino de inmediato con [su secretario] monseñor [James] McCarthy. Pasaron todo el día y la noche conmigo. Me aliviaron y hablaron para sacarme de mi depresión”.

Es un tema del que conversa a veces en charlas con otros compañeros agentes.

El cardenal le dijo a Patti Ann que se aseguraría de que se ofreciera misa diariamente junto al lecho de McDonald.

También se ofreció a bautizar al hijo de la pareja y fue durante el ritual cuando McDonald contactó con su asaltante. Según relata The New York Times:

En el bautizo de su hijo en una capilla de Bellevue a principios de 1987, el agente McDonald escribió sobre [Shavod] Jones en una declaración que leyó su esposa. “Le perdono”, dijo, “y espero que pueda encontrar paz y un propósito en su vida”.

El señor Jones fue condenado por intento de homicidio. En el verano de 1988, el agente McDonald envió al señor Jones sellos y material para escribir correspondencia, junto con una nota que decía: “Mantengamos un diálogo”. Más tarde conocería a la madre del señor Jones y asistiría a los servicios de una iglesia baptista en Harlem con su abuela.

La correspondencia continuó durante un tiempo, pero terminó después de que el agente McDonald rechazara una petición de la familia de Jones de pedir libertad condicional. El agente afirmó que no estaba lo suficiente informado ni capacitado como para intervenir.

Jones salió en libertad condicional en 1995, después de ocho años y medio en prisión, tras enfrentarse a 10 años según las normas generales de condena para delincuentes juveniles.

Cuatro días después de volver a casa, Jones fallecía por unas lesiones en la cabeza causadas el día anterior cuando la motocicleta en la que iba de pasajero chocó contra unos coches aparcados mientras hacía caballitos a gran velocidad en su antiguo barrio, Harlem del Este, según informó por entonces la policía.

NBC New York recogía que, en los años después del tiroteo, McDonald se había convertido en “uno de los peregrinos para la paz más importantes del mundo. Llevó su mensaje de perdón a Israel, Irlanda del Norte y Bosnia”.

Una de las personas que le acompañaban en esos viajes, en particular a Irlanda del Norte, era el sacerdote franciscano Mychal Judge, un capellán del Departamento de Bomberos que falleció en el atentado del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001. El padre Judge había sido uno de los sacerdotes que se turnaron para decir misa en la habitación de hospital de McDonald.

“El cardenal John O’Connor y el padre Mike fueron los dos que más me ayudaron a comprender el mensaje del perdón”, manifestaba McDonald en una entrevista tres días después de los ataques terroristas. “Cuando fui llamado a perdonar, su mensaje y sus homilías me ayudaron a entender, a amar a mi ser humano prójimo. [El padre Judge] rezaba conmigo. Pasó muchas horas junto a mi cama”.

El hijo de McDonald, Conor, siguió los pasos de su padre y se unió al Departamento de Policía de Nueva York en 2010.

“La ciudad de Nueva York hizo muchas cosas maravillosas por mi familia en 1986 cuando dispararon a mi padre”, decía en una rueda de prensa después de su ceremonia de juramento. “Quiero dar lo mejor de mí para proteger y servir al pueblo que ayudó a mi familia a tener una segunda vida”.

Conor contó a Irish America en 2014 que decidió unirse a la policía después de servir durante un año con AmeriCorps en Denver, trabajando con personas sin hogar y jóvenes en riesgo.

“Cuando uno piensa en Denver, piensa en las montañas y en lo bonito que es aquello, pero yo conocí a jóvenes que llevaban unas vidas de locura”, explicaba. “Chicos de Maryland a los que habían estafado y se habían quedado tirados y chicos que habían escapado de las pandillas de California”.

En septiembre, Steven McDonald presenció cómo su hijo recibía una promoción para detective. El número de la placa dorada de Conor McDonald es el mismo que el de un amigo de su padre que fue crucial en su recuperación.

El fiscal del distrito de Queens, Richard Brown, calificó la muerte de McDonald como una “pérdida insuperable para los hijos de la Ciudad de Nueva York”.

“Prestó su tiempo con tremenda generosidad a iniciativas contra la violencia juvenil, como el programa STAR Track (diálogo directo sobre riesgos, en sus siglas en inglés) de mi oficina, que ayuda a niños de Far Rockaway a decir no a la violencia evitando las pandillas, las drogas y las armas”, decía Brown en una declaración.

“El ejemplo de Steven ha tenido un impacto inconmensurable en el camino que estos niños escogerán en la vida”, aseguró.

El cardenal de Nueva York, Timohty Dolan, afirmó que McDonald se había convertido en un “profeta viviente de la reconciliación y la caridad”.

“Perdonó públicamente al muchacho” que le disparó, expresaba Dolan el martes en la emisora de radio católica SiriusXM. “Levantó la voz en su defensa pidiendo misericordia, le visitó en prisión”.

“Un disparo cambió para siempre la vida de Steven McDonald, pero nunca cambió su alma ni su fe en Dios y en la humanidad”, escribía el periodista Niall O’Dowd en Irish Central.

Aunque llegó a ser un rostro familiar en el circuito de oradores católicos, McDonald era el primero en admitir que no era ningún santurrón.

“¿He estado siempre cerca de Dios y he llevado una vida perfecta?”, se preguntaba McDonald en la entrevista de 2014 con Irish America. “No finjo ser ese tipo de persona. Pero en este viaje que he vivido con Patti Ann y Conor, descubrimos que el único camino hacia adelante era el amor cristiano. Esta forma de amar ha hecho posible muchísimo bien en nuestras vidas y en nuestro mundo. Una vez te desprendes de las injusticias que te hayan podido pasar, todo cambia. Podría haber ido por el camino totalmente opuesto. Me podrían haber inundado la turbación, la amargura y el odio. Me podría haber matado. De hecho lo intenté. Dios siempre me encontraba, y con la ayuda de los demás conseguí superarlo todo”.

Irish America preguntó a McDonald qué es lo que le inspiraba.

“Patti Ann”, respondió sencillamente. “Estoy seguro de que ha habido momentos en que ha dicho ‘No puedo lidiar con esto’. Sentirse así solo demuestra que es humana. Pero siendo una joven esposa renunció a muchos sueños para mantenerme con vida y mantenernos juntos como una familia”.

El cardenal Dolan oficiará una misa por el funeral cristiano de Steven McDonald en la catedral de Saint Patrick de Nueva York el próximo viernes.

 

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