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Abuela de 81 años se hace un tatuaje: “No me eutanasiéis”

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Tras la decisión de Canadá de legalizar el suicidio asistido

Christine Nagel es una abuela de 81 años de Calgary, Canadá. Acaba de tatuarse en su brazo la frase ‘Don’t euthanize me’, es decir, ‘No me eutanasiéis’.

La decisión de hacerse este tatuaje vino después de que Canadá legalizara el suicidio asistido el pasado verano.

El tatuaje es “drástico”, admite Nagel, pero en sus declaraciones para el medio de comunicación canadiense GlobalNews.ca afirmó también que “dice muy claramente que ‘voy a vivir hasta que Dios esté listo para mí’”.

Nagel manifestó su rechazo al suicidio asistido porque ve que las personas lo usarán como una forma fácil de eludir el cuidado de los enfermos, los discapacitados y los ancianos.

“Cuidar a todas estas personas mayores sale muy caro. Y encima son cascarrabias. Y desastrosos. Y es inevitable pensar, ‘Esta sería una solución estupenda’”.

Pero Nagel no quiere que nadie interfiera en el plan de Dios para su propia vida.

“¿Cómo te sentirías si te presentaras ante las puertas de san Pedro y, mientras mira su registro, te dijera ‘Espera un momento… no te esperábamos hasta dentro de 18 meses’?”, bromeaba Nagel.

Los hijos de Nagel respetan su decisión y honrarán sus intenciones. “No quiere que la desechen”, expresó su hija.

También en Estados Unidos, los estados de Oregón, Vermont, California, Colorado, Washington y Montana han legalizado el suicidio asistido, y hay otros estados trabajando para su legalización.

Pero en el pasado mes, la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA) levantó la voz en contra de la aplicación del suicidio asistido para aquellos con enfermedades mentales, destacando su preocupación en relación a las prácticas actuales de Holanda y Bélgica, donde la eutanasia se permite en los enfermos mentales.

“La Asociación Estadounidense de Psiquiatría, en concierto con la posición de la Asociación Médica Estadounidense, considera que un profesional médico no debería prescribir ni administrar ningún tipo de intervención a una persona enferma en estado no terminal con el propósito de causar la muerte”, manifestaba en su declaración.

La asociación advertía de que “hasta el momento, ningún país que haya implementado el suicidio asistido por médicos ha sido capaz de ceñir su aplicación únicamente a los enfermos terminales; con el tiempo, los pacientes no terminales también se incluyen como legalmente idóneos”, según declaraba para BioEdge el doctor Mark Komrad, del comité de ética de la APA. “Y entonces es cuando los pacientes psiquiátricos empiezan a incluirse”.

También manifestó su temor ante la posibilidad de que Estados Unidos y Canadá pudieran seguir el ejemplo de Europa. Los líderes canadienses están valorando actualmente “peticiones por parte de individuos con una enfermedad mental como única enfermedad subyacente”.

La Iglesia católica se opone a cualquier forma de suicidio, ya que viola la dignidad inherente de la vida humana.

Los líderes de la Iglesia han alentado de forma activa una mejora de los cuidados paliativos para aliviar el sufrimiento, al tiempo que recuerdan a los fieles el valor redentor que puede ofrecer ese mismo sufrimiento.

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