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Paquistán; minorías religiosas entre conversiones forzadas y blasfemia

Ninguna alarma para las minorías religiosas que viven en la provincia de Sindh, en el sur de Paquistán. En esta provincia vive la consistente minoría de ciudadanos de religión hindú, herencia tras la división de la India, británica. Cristianos e hindúes (respectivamente el 2 y el 1,5% de la población paquistaní) son las mayores comunidades de religión no islámica más importantes del país a nivel religioso, social y político. En Sindh, las relaciones interreligiosas son generalmente buenas y los episodios de violencia religiosa (por los que son famosas provincias como Punjab o Khyber Pakhtunkhwa) son muy raros.

En los últimos días se había difundido con cierta preocupación para los ciudadanos del proyecto de ley sobre las «conversiones forzadas». En noviembre del año pasado la propuesta de ley apoyada por el Partido Popular de Paquistán (PPP), que gobierna esa provincia, fue aprobada a la unanimidad por la Asamblea provincial, compuesta por diferentes fuerzas políticas y miembros de diferentes religiones.

El texto pretendía responder a legítimas preocupaciones de las minorías religiosas por el fenómeno de los secuestros de jóvenes mujeres hindúes y cristianas, arrancadas de sus familias, convertidas y obligadas a casarse con musulmanes. A nivel nacional, según los datos de diferentes ong, esta prácticatica afecta por lo menos a mil chicas al año (y son solo los casos denunciados) y a menudo las familias no logran obtener justicia.

Después de la aprobación, las primeras críticas indicaron que el texto en cuestión iba «en contra de los principios del Islam» y llegaron incluso a afirmar que era anticonstitucional, sobre todo el artículo que prescrive la edad mínima de 18 años para poder cambiar libremente de religión.

Durante el debate, el PPP, partido que gobierna en Sindh, sugirió, con el apoyo de otras fuerzas políticas, una posible revisión del texto, y el gobernador Saeeduzzaman Siddiqi lo envió a la Asamblea provincial sin ratificarlo, pero pidió un «proceso lo más amplio y significativo, en armonía entre las diferentes comunidades religiosas».

Según explicó a Vatican Insider el católico Anthony Naveed (coordinador del ente gubernamental que promueve la armonía interreligiosa en Sindh) no fue rechazada la propuesta de ley. Naveed indicó que se trata de un «normal procedimiento legislativo, que prevé la posibilidad de volver a examinar una propuesta de ley», y recordó que «el documento fue aprobado por muchos musulmanes».

Después de la segunda lectura del texto y de una nueva y eventual aprobación en la asamblea, además, «ya no será necesaria la firma del gobernador y el documento entrará en vigor automáticamente», indicó Naveed. Pero también se dijo convencido del buen funcionamiento de los «mecanismos democráticos» y de la «buena voluntad de los políticos de Sindh».
Como hombre político y católico que es, Naveed recordó que «trabajar en el campo de la armonía interreligiosa también ofrece la posibilidad de ofrecer testimonio de fe. A pesar de algunos problemas, esta es nuestra tierra y aquí hay que construir la convivencia pacífica».
 
Pero pesa todavía sobre la convivencia esa «ley de la blasfemia», que Amnistía Internacional definió como una «flagrante violación de derechos humanos». Recientemente creó una enorme polémica la acusación en contra de Shaan Taseer, hijo del conocido Salman Taseer, ex-gobernador de Punjab, que defendió a Asia Bibi y por este motivo fue asesinado el 4 de enero de 2011.

Hace seis años, Taseer, que era musulmán, proclamó la inocencia de la mujer cristiana injustamente condenada a muerte por blasfemia; ahora su hijo Shaan fue denunciado por blasfemia y atacado con una «fatwa» (edicto religioso) por haber difundido en la red, durante la Navidad, un masaje de felicitaciones en el que citó a Asia Bibi y a las víctimas inocentes de la ley de la blasfemia.

Las reacciones indignadas de los extremistas musulmanes pasaron inmediatamente de las redes sociales a la calle, por lo que la policía tuvo que detener una manifestación de líderes y fieles musulmanes que exaltaban al asesino del gobernador.

«La acusación es injusta: Taseer solamente recordó a las víctimas inocentes de una ley que es instrumentalizada con frecuencia: hecho, este, ampliamente reconocido», declaró a Vatican Insider el dominico James Channan, encargado del Peace Center de Lahore. «Sobre la ley habrá que intervenir a nivel de procedimientos, para impedir que sea utilizada para resolver controversias privadas», prosiguió.

«Algunos grupos islámicos se oponen, pero la conciencia en la opinión pública ha aumentado y creo que algo se puede mover a nivel institucional», reveló. Por ello, Channan se ha comprometido seriamente en el diálogo entre musulmanes y cristianos que, observó, «es crucial para sacar adelante ideas y acciones que mejoren la armonía interreligiosa y que permitan construir de esta manera un amplio consenso para reformar la ley sobre la blasfemia». 

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