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Empieza bien tu día: No aprietes el botón de repetición de alarma

Chrissy Wainwright-CC
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Científicos han descubierto que permanecer en la cama puede ser realmente perjudicial

¿Quieres empezar tu día con el pie derecho? Bueno, pues según la fe (y la ciencia) una de las mejores formas es, cuando suene la alarma, no darle al botón para retrasarla.

¿Cómo? ¿No le puedo dar solo una vez más?

De acuerdo con Rafael Pelayo, investigador especialista en el sueño en el Centro de Medicina del Sueño de la Universidad de Stanford, retrasar el momento de levantarse pulsando el botón de repetición de la alarma puede tener efectos perjudiciales sobre la salud y que además persisten durante toda la mañana.

“[El] cuerpo necesita de cierto tiempo de preparación para levantarte. Cuando te permites volver a dormir, tu cuerpo piensa ‘¡Falsa alarma! Supongo que no necesito hacer nada porque parece que al final no nos levantamos’, y se acomoda de nuevo. Cuando el sonido de la alarma suena por segunda vez (…) coge por sorpresa a tu cuerpo y tu cerebro, lo cual resulta en esa sensación de confusión y embotamiento denominada inercia del sueño“.

Cuanto más retrases la alarma, más se confundirán tu cuerpo y tu cerebro (‘A ver si nos aclaramos, ¡¿dormimos o no?!’), así que probablemente te sentirás más adormilado aunque de hecho hayas pasado más tiempo en la cama. Y es más, este tipo de inercia del sueño puede persistir de entre dos a cuatro horas más”.

En vez de repetir y retrasar la alarma, Pelayo “recomienda establecer tu alarma para la hora que tengas que levantarte y luego levantarte de verdad cuando suene, todos los días a la misma hora. Con el tiempo, esta consistencia podrá ayudarte a sentir sueño de forma natural al final del día, por lo que tendrás ganas de acostarte cuando lo necesite tu cuerpo y luego te despertarás sin necesidad de alarma”.

No es de extrañar que lo descubierto en la ciencia también lo recoja la fe. San Josemaría Escrivá de Balaguer es famoso por acuñar lo que él denominaba el “minuto heroico”, que comienza el día ofreciéndoselo a Dios. Según escribió:

El minuto heroico. —Es la hora, en punto, de levantarte. Sin vacilación: un pensamiento sobrenatural y… ¡arriba! —El minuto heroico: ahí tienes una mortificación que fortalece tu voluntad y no debilita tu naturaleza” (Camino).

Muchos buenos cristianos desarrollan el hábito de ofrecer su primer pensamiento del día a Dios, de donde sigue el “minuto heroico”, que facilita la Ofrenda Matinal y da un buen comienzo al día. Escrivá formula el primer momento del día con la analogía de una “escaramuza” y lo presenta como la primera batalla del día contra nuestra propia voluntad egoísta. Al no pulsar la repetición de la alarma, por tanto, creamos una oportunidad para consagrar los primeros momentos del día a Dios y nos ayuda a fortalecer otros buenos hábitos durante el resto del día.

Con esta primera victoria, nos sentiremos mucho más capaces de afrontar el día y derrotar a cualquier enemigo que surja. Por ejemplo, para alguien que tenga problemas con una adicción (como la pornografía, el alcohol o las drogas), el “minuto heroico” se convierte en una parte fundamental de la disciplina de la voluntad, de modo que facilita el decir no a un hábito pecaminoso (existen varias organizaciones que ayudan a los que quieren abandonar las adicciones que sugieren que esta práctica matinal es un punto de partida).

Esto también nos ayuda con la batalla de la oración diaria. Si somos capaces de ofrecer a Dios los primerísimos frutos de nuestro día, existe una mayor probabilidad de que le concedamos también a Dios lo que resta de día.

Después de silenciar la alarma y obligarnos a salir de la cama, una práctica valiosa es la de recitar una oración sencilla de ofrenda por la que concedamos a Dios el día entero. Puede ser algo tan sencillo como “Te entrego a ti este día, Señor” o tan complejo como la oración de ofrenda matinal de Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración).

Así que, si buscas un desafío para este año, intenta no retrasar la alarma: podría cambiarte la vida.

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