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Papa Francisco recuerda a todos los que sufren el frío y la indiferencia

La ola de frío y nieve se cobra la vida de ocho personas en Italia

Papa Francisco recuerda a todos los que sufren el frío y la indiferencia

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“En este día de tanto frío, pienso e invito a pensar en todas las personas que viven en la calle, golpeados por el frío y la indiferencia. Por ellos, oremos por ellos, y pidamos al Señor que nos caliente el corazón para poder ayudarles”, afirmó el Papa tras el rezo del Ángelus.

Ocho personas murieron en Italia en las últimas horas por la ola de frío y nieve que sufre el país y el Papa quiso acordarse de ellas en la oración dominical. En Roma, con temperaturas de ocho bajo cero son muchas las personas que sufrieron a la intemperie e incluso las clásicas fuente de la ciudad eterna vieron cómo su agua quedaba congelada.

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Antes de esta petición el Papa destacó tres palabras: humildad, mansedumbre y firmeza

Texto del Papa antes del rezo del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy, fiesta del Bautismo de Jesús, el Evangelio (Mt 3,13-17) nos presenta la escena que tuvo lugar a orillas del río Jordán: en medio de la muchedumbre penitente que avanza hacia Juan el Bautista para recibir el Bautismo está también Jesús – hacía la fila. Juan quisiera impedírselo diciendo: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti” (Mt 3,14). En efecto, el Bautista es consciente de la gran distancia que existe entre él y Jesús. Pero Jesús ha venido precisamente para colmar la distancia entre el hombre y Dios: si Él está todo de parte de Dios y también todo de parte del hombre, reúne lo que estaba dividido. Por esto pide a Juan que lo bautice, para que se cumpla toda justicia (cfr. v. 15), es decir, para que se realice el designio del Padre, que pasa a través del camino de la obediencia y de la solidaridad con el hombre frágil y pecador, el camino de la humildad y de la plena cercanía de Dios a sus hijos. ¡Porque Dios tan cercano a nosotros, tanto!

En el momento en el que Jesús, bautizado por Juan, sale de las aguas del río Jordán, la voz de Dios Padre se hace sentir desde lo alto: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección” (v. 17). Y al mismo tiempo el Espíritu Santo, en forma de paloma, se posa sobre Jesús, que da públicamente comienzo a su misión de salvación; misión caracterizada por un estilo de siervo humilde y dócil, dotado sólo de la fuerza de la verdad, como había profetizado Isaías: “El no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad” (42,2-3). Siervo humilde y manso, he aquí el estilo de Jesús y también el estilo misionero de los discípulos de Cristo: anunciar el Evangelio con mansedumbre y firmeza, sin gritar, si gritar a nadie, sin arrogancia o imposición. La verdadera misión no es jamás proselitismo sino atracción a Cristo. ¿Pero cómo se hace esto? Con nuestro testimonio, a partir de la fuerte unión con Él en la oración, en la adoración y en la caridad concreta, que es servicio a Jesús presente en el más pequeño de los hermanos. A imitación de Jesús, pastor bueno y misericordioso, y animados por su gracia, estamos llamados a hacer de nuestra vida un testimonio alegre que ilumina el camino, que lleva esperanza y amor.

Esta fiesta nos hace redescubrir el don y la belleza de ser un pueblo de bautizados, es decir, de pecadores – todos lo somos – salvados por la gracia de Cristo, insertados realmente, por obra del Espíritu Santo, en la relación filial de Jesús con el Padre, recibidos en el seno de la madre Iglesia, hechos capaces de una fraternidad que no conoce confines y barreras.

La Virgen María nos ayude a los cristianos a conservar una conciencia siempre viva y agradecida de nuestro Bautismo y a recorrer con fidelidad el camino inaugurado por este Sacramento de nuestro renacimiento. Y siempre humildad, mansedumbre y firmeza.

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