Aleteia

CINE CLÁSICO Cantando bajo la lluvia: Ser feliz de nuevo

Comparte
Comenta

El estreno de La la land y la muerte de Debbie Reynolds dan actualidad al mejor musical de todos los tiempos

Es verla y ponerse contento. No hay comedia musical como Cantando bajo la lluvia. Magistral. Única. Perfecta. Vivaz. Todos los números son una obra maestra. ¿Quién no conoce su famosa melodía? ¿Quién no ha bailado con un paraguas o bajo la lluvia? Esta cinta da buen rollo. Ves a Gene Kelly, te descubres con una sonrisa en la boca, te dan ganas de bailar, abrazar farolas y decir que existe la felicidad. I’m happy again. Este es de esos filmes que consiguen la magia del cine: cambiarnos. En el fondo es lo que queremos todos: una historia de amor. Y nada como el amor para hacer todo nuevo.

Casi seguro que todos la habrán visto, y conocerán su argumento. Es 1927, y todo el mundo espera impaciente a Don Lockwood (Gene Kelly) y a Lina Lamont (Jean Hagen), estrellas del cine mudo, en el estreno de su última película. Son más conocidos que los huevos fritos, un producto de Hollywood. Don es un cantamañanas que ha tenido éxito después de mucho trabajo. Cree tenerlo todo: dinero, fama, mujeres, éxito. Pero las estrellas de cine están muy solas… De improviso llega ella, Kathy Selden (la estupendísima Debbie Reynolds), y Don se da cuenta de su vacío: necesita el amor.

Kathy aspira a ser actriz de verdad y desprecia a Don por ser actor de cine mudo. El cine es mera mímica; no vale. «Vista una cinta, vistas todas», dice la joven. Don se deprime: ¿será verdad que el séptimo arte está en sus últimas? Se estrena entonces El cantante de jazz, la primera película sonora de la historia. La cinta se convierte en un fenómeno y se acercan tiempos de cambios. Revolución en el cine. El público quiere más. Los actores deben reinventarse, empezar a utilizar su voz.

¿Y esto cómo se hace? Problemas técnicos, clases de dicción, gestualidad… Don y Lina no pueden quedar fuera. 3, 2, 1… ¡Acción! Pero la diva tiene una voz de pito inviable para el cine, y el preestreno de la primera película sonora de la pareja resulta un fracaso. Sus carreras parecen haber terminado. Hay que hacer algo. Después de una noche de trabajo, Kathy propone transformar la película de Lockwood y Lamont en musical. Esto sí es una buena noticia: convertir la noche en día. ¡Good morning! Kathy se encargará de doblar la voz de Lina. Y con el cine, surgirá el milagro: el amor. “Tú eres mi buena estrella. Me abriste la puerta del cielo aquí mismo en la tierra”.

La posición justa en la vida es empezar siempre de nuevo gracias al amor. El corazón de Don se reabre porque acoge el amor y la provocación, en este caso el cine sonoro. Esta es la grandeza de Don, se desplaza de su ego; nada que ver con la orgullosa Lamont, que creyéndose el centro del mundo quedará precisamente fuera de él. La cinta muestra como el amor puede recuperar lo bueno del pasado, eso que parecía muerto y callado, y hacer que viva, que sea feliz de nuevo.

Cantando bajo la lluvia se parece al argumento de Sunset Boulevard, estrenada dos años antes por Billy Wilder, sí. Incluso a Ha nacido una estrella (William A. Wellman, 1937). Todas ellas son cintas que afrontan el carácter efímero y solitario de las estrellas de cine, la vacuidad de la fama, y el golpe mortal que supone a muchos la llegada de otras estrellas o de cambios en la técnica. Pero la cinta de Donen y Kelly es mucho más. Es un claro homenaje a El cantante de jazz, (Alan Crosland, 1927), el primer largometraje sonoro y el primer musical, y es sobre todo un canto a la vida a partir del cine, diciendo que este puede ayudarnos a ser un poco más felices.

Esta es una de las maravillas de esta cinta: la capacidad de hacer crítica, meter cine dentro del cine y abrir horizonte al género y a la vida. Si el cine sonoro empezó con un musical, hay que hacer musicales para abrir horizonte al ser humano y salvar al cine. ¿Buscará esto el estreno de la actual La la land?

No solo queremos cine. Necesitamos ser felices con él. El 24 de marzo de 1927, el día en que en la cinta Gene Kelly chapotea feliz, pasará a la historia del cine como el día en que en la pantalla un hombre vio la luz y sonrió al mal tiempo de nuevo. El mundo está lleno de cosas que pueden hacernos felices. No se asusten de los nubarrones. Hay sol en nuestro corazón. Good morning, amigos. I’m happy again.

 

Newsletter
Recibe Aleteia cada día