Espiritualidad

Oración para un juicio justo

Para que reciba su merecido premio el bien y su justo castigo el mal

Oración para un juicio justo

© Ssalonso

Oh Dios grande y omnipotente, de quien emanan todas las cosas, suave y ordinariamente, como de su fuente natural, acógenos benignamente a quienes, postrados delante de ti, cultivando y profesando la ciencia del derecho, experimentamos en modo especial la necesidad de tu ayuda para seguir siempre la vía recta en la que a cada uno se atribuye lo que es suyo, sin desviación ni error.

Ilumina nuestros débiles ojos, a fin de que en todo momento y en toda ocasión, sepamos reconocer lo que es justo; da a nuestra inteligencia la penetración necesaria para poder reconocer en todas las cosas la huella de tu santísima voluntad; y haz que no sean nunca despreciadas en su aplicación las normas que deben regular la actividad personal de los hombres, el camino de la sociedad y el armónico concierto de las naciones.

Que nos asista en modo particular la virtud de tu gracia, cada vez que debamos solemnemente decidir en tu nombre y en el de la sociedad humana, para que reciba su merecido premio el bien y su justo castigo el mal.

Si, como juristas queremos públicamente reconocer en ti el principio y la fuente de todo derecho, anterior y más allá de cualquier voluntad humana o de todo ordenamiento social; como cristianos profesamos la íntima relación y dependencia entre el derecho y la moral, entre el derecho y la religión, y como hijos de la Iglesia admitimos y aceptamos su supremo magisterio y la plenitud de sus sagrados derechos.

Señor, en este siglo atormentado, que parece avanzar en los senderos de la historia como un ciego, que no sabe dónde poner el pie para sentirse seguro, pero que también anhela la luz y la vida, acudimos a ti llenos de confianza e imploramos la fuerza de cooperar al equilibrio, a la tranquilidad y a la paz del mundo, trabajando en la difusión del derecho y de la justicia; de modo que, partiendo de las normas puramente humanas, sepamos subir y elevarnos hasta ti, para descender luego con más ardiente ánimo. Que finalmente reine sobre la tierra tu voluntad y tu ley, que reines tú mismo, oh Señor, y que triunfes y reines en lo más alto de los cielos siempre por todos los siglos de los siglos. Que así sea.

Pius P.P. XII

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