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5 preguntas espirituales que deberías hacerte todos los días

Adrianne Mathiowetz CC
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Fíjate en cuáles son las prioridades en tu vida y hazte un examen de conciencia cada noche

“El futuro empieza hoy, no mañana”– San Juan Pablo II

Vuelta a empezar…

Estoy en mi 43.er año de vida y probablemente mi 33.er año de marcarme conscientemente propósitos de Año Nuevo. Y ¿qué he descubierto?

Año tras año me hago los mismos propósitos –una larga lista–, que escribo con entusiasmo y fervoroso compromiso. Y luego, cuando los días de enero dejan paso a los de febrero, mi resolución se va apagando. Los objetivos idealistas nacidos de las vacaciones navideñas, deliciosas y revitalizantes, dan paso al plan diario de responsabilidades laborales y domésticas, con madrugones y largas noches de actividad. El idealismo se ve derrotado por la consumada campeona que llamamos realidad. Dentro de poco, llegará junio y me encontraré con una lista arrugada o una nota olvidada en el iPhone recordándome que, hace meses, me propuse revolucionar mi vida.

*Suspiro*

Pero este año voy a ser diferente (vaya… eso suena a propósito de Año Nuevo…). Y voy a tomar prestada mi nueva perspectiva del Sacramento de la Reconciliación. Soy un pecador. Siempre seré un pecador. No importa lo mucho que me esfuerce. Cuando voy a Confesión con un sacerdote o me acerco a Dios en silencio pidiendo perdón, me siento (y de hecho es así como quedo) limpio.

Pero sé que no tardará mucho en cambiar.

No importan mis mejores intenciones, el pecado siempre termina encontrando el camino de vuelta a mi vida. Según me señaló un buen amigo, “Todos los días me levanto santo y me acuesto pecador”. Pero esto no significa que deba desesperarme y abandonar. Todo lo contrario, significa que debería redoblar mis esfuerzos mientras permanezco, con actitud humilde y reverencial, ante la inmensa Gracia de Dios, sobre todo hacia un desastre como yo.

Así que este año, en vez de hacer una lista de propósitos fáciles de olvidar, mi sencillo objetivo es el de poner más intención en mis relaciones y mis responsabilidades. Pero ¿cómo voy a hacerlo? Primero, tengo que hacer una evaluación sincera de mis prioridades y, segundo, tengo que hacer una valoración honesta de cómo vivo esas prioridades en el día a día.

Mis prioridades son las siguientes: Fe, Familia, Salud, Formación, Plenitud.

Y, si de verdad voy en serio con mis prioridades, estas son las cinco preguntas que deberé preguntarme todos los días:

  1. ¿Qué he hecho hoy por mi Fe?

C.S. Lewis hizo una sabia observación: “Si el cristianismo es falso, no tiene importancia, si es verdadero, es de infinita importancia. La única cosa que no puede ser, es moderadamente importante”. Yo creo en la verdad del cristianismo, así que ¿he vivido hoy conforme a esa verdad? ¿He orado? ¿He pedido ayuda, perdón, he ofrecido mi gratitud y he conversado de corazón con Dios? ¿He leído las Escrituras, el Catecismo, a los santos o a los apologetas? ¿He vivido conforme al amor de Cristo en mis interacciones con la familia, los amigos, los colegas, los desconocidos y los enemigos? ¿Miran mis ojos buscando la Verdad, la Bondad y la Belleza y he compartido todo ello en mis palabras y obras? ¿He amanecido con Dios, trabajado Dios y dormido con Dios?

  1. ¿Qué he hecho hoy por mi Familia?

Santa Teresa de Calcuta señaló una vez: “¿Qué puedes hacer para fomentar la paz mundial? Ve a casa y ama a tu familia”. ¿Me he detenido a examinar a fondo a mi esposa y mis hijos para maravillarme por la incomparable bendición que son en mi vida? ¿Les he ayudado, animado, apoyado y amado en sus mejores y peores momentos? ¿Les he pedido perdón por mis peores momentos? ¿Les he escuchado –escuchado de verdad– en medio de este mundo de infinitas distracciones? ¿He sido un modelo de fe, honor, esfuerzo y buen humor para mis hijos? ¿He pasado tiempo, de calidad y en cantidad, con ellos? ¿He apoyado sus sueños y objetivos para que se conviertan en la mejor y más auténtica versión de sí mismos? ¿Experimento alegría en todos los momentos fugaces que tan fácilmente se dan por sentado?

  1. ¿Qué he hecho hoy por mi Salud?

En su Carta a los Corintios, san Pablo decía: “¿No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?”. ¿Estoy cuidando de mi cuerpo? ¿Me alimento bien y de forma saludable? ¿He hecho ejercicio? ¿Estoy evitando hábitos perjudiciales para mí (fumar, beber y comer en exceso…)? ¿He intentado andar más cuando sea posible y buscar aficiones más activas?

  1. ¿Qué he hecho hoy por mi Formación (mi profesión)?

San Juan Pablo II dijo una vez: “Es Jesús el que suscita en vosotros el deseo de hacer de vuestra vida algo grande, la voluntad de seguir un ideal, el rechazo a dejaros atrapar por la mediocridad, la valentía de comprometeros con humildad y perseverancia para mejoraros a vosotros mismos y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna”. ¿He sido atento, laborioso y considerado con mis pacientes, colegas y personal? ¿Me he mantenido al día de las últimas innovaciones en mi campo? ¿He sido modelo de juicio médico sensato y de humanidad reflexiva para mis estudiantes y residentes? ¿Es mi carrera una vocación y no un simple trabajo?

  1. ¿Qué he hecho hoy por mi Plenitud?

El papa Benedicto XVI nos animaba diciendo: “El mundo os ofrece comodidad, pero no fuisteis creados para comodidades. Fuisteis creados para la grandeza”. ¿Cuál es la marca que estoy llamado a dejar en el mundo y cómo, en concierto con mi Fe, mi Familia y mi Formación, estoy trabajando para lograrla? ¿He dedicado tiempo a leer, escribir, conversar y aprender de mentores más sabios? ¿Esta marca ensalza y se adecúa a mi relación con Dios y con mi familia y me ayuda a mejorar en mi carrera?

Este año dejaré de plantearme propósitos y empezaré a vivir con más intención.

Empezaré y terminaré cada día reflexionando sobre cómo vivo las prioridades más altas de mi vida. Si de verdad son estas mis prioridades, debería ser capaz de decir que las he respetado de una forma u otra. Ahora, el rimo se acelera. Me puedo distraer. Y soy un pecador. Así que, sin duda, habrá momentos en que fracase. Recordaré que todos los días me levanto como un santo y me acuesto como un pecador. Pero me esforzaré. Y al vivir con más intención, me propongo saborear más los momentos pasajeros de la vida para que contribuyan a una vida más plena y piadosa.

Muy bien. Es hora de ponerse a trabajar.

“El futuro empieza hoy, no mañana”.

Temas de este artículo:
espiritualidad
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