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Muere Carrie Fisher, ¡que la verdadera fuerza la acompañe!

Kobal - The Picture Desk
Star Wars Episode IV - A New Hope (1977) / Star Wars (1977) La Guerre des étoiles Pers: Carrie Fisher Dir: George Lucas Ref: STA039QY Photo Credit: [ Lucasfilm/20th Century Fox / The Kobal Collection ] Editorial use only related to cinema, television and personalities. Not for cover use, advertising or fictional works without specific prior agreement
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Tras cuatro días de lucha, el corazón de quien interpretó a la Princesa Leia ha dejado de latir

Infarto mortal en el cielo. Propio de quien fue princesa de las galaxias. Así nos dejó Carrie Fisher, la sempiterna princesa Leia Organa.

Es diciembre y a una semana del estreno de Rogue One, el mundo sigue debatiendo los pros y contras de la última historia de Star Wars. Mientras, la actriz promociona en Londres su último libro, The Princess Diarist. Como en la mayoría de sus obras, hay autobiografía por un tubo. En este caso habla de su papel como princesa y los líos de ese periodo vital.

Fisher regresa a casa. Es Navidad. Viaja con su hija, la también actriz de Star Wars Billie Lourd. Vuelo 935 de United Airlines, Londres-Los Ángeles. 23 de diciembre. Queda un cuarto de hora para el aterrizaje y la artista sufre un infarto múltiple. 10 minutos sin respirar. Masaje de reanimación en pleno vuelo e ingreso con situación grave en el UCLA Medical Center.

“El estado de Carrie es estable”, afirma su madre, la famosa Debbie Reynolds (Cantando bajo la lluvia). En el mundo de los tuits se disparan las frases de ánimo y las etiquetas. #CarrieChristmas, escribe Mark Hamill, el famoso Luke Skywalker. El mundo está en vilo. “Que la Fuerza esté con Carrie”. Cuatro días después, y sin haber vuelto a la conciencia, la actriz muere. Son las 8:55 de la mañana.

La muerte de Fisher amplia la fatídica lista de artistas famosos fallecidos en 2016. En el universo Star Wars, lo han hecho también Kenny Baker, el famoso R2-D2, o Erik Bauersfeld, el Almirante Ackbar. “Lo que quedará de mí tras el viaje hacia la estrella de la muerte es una hija devota, unos pocos libros y una foto de una chica con un bikini brillante descansando sobre un calamar gigante”, escribió Fisher en Shockaholic, sus memorias. La actriz sabía de qué iba Hollywood.

Hija de una familia principesca en el universo cinematográfico, su última aparición fílmica se produjo en 2015 con el estreno de Star Wars: El despertar de la Fuerza. Su aspecto físico fue criticado por los fans. Se acordaban de esa princesa ágil, pícara y atractiva. El mito erótico de las galaxias se derrumbaba. Los años no perdonan.

“Estaba buena y ahora parece Elton John”, decían los críticos. ¿Dónde ha estado todo este tiempo? Pues, “a donde van todas las mujeres gordas y con papada: a la nevera y a los restaurantes”, respondía con sarcasmo la propia actriz. La verdad es que Fisher no había dejado de hacer cameos cinematográficos, a veces invisibles: Granujas a todo ritmo (1980), Hannah y sus hermanas (1986), Cuando Harry encontró a Sally (1989), o apariciones en Sexo en Nueva York, Big Bang, etc.

Sin embargo, donde Carrie se encontraba a gusto era tras las cámaras escribiendo. Fue guionista en Hook, Sister Act, Roseanne, en proyectos de Star Wars, en galas de los Oscar, etc.

Uno de sus libros más conocidos, Postcards from the edge, sobre la relación con su madre, fue llevado al cine con Meryl Streep y Shirley MacLaine. Últimamente escribía en The Guardian, donde aconsejaba a personas que padecían como ella de bipolaridad. La heroína de las galaxias se convertía así en heroína emocional, como le gustaba citarse.

Divertida, mordaz, sincera, auténtica, Carrie no tenía problemas a la hora de reírse de sí misma o de exponer su vida truculenta. Drogas, alcohol, promiscuidad sexual fueron ingredientes de su vida. Amante de Harrison Ford durante el rodaje de Star Wars, y esposa efímera de Paul Simon, el mismísimo Johan Belushi, famoso por su adicción a la droga, tuvo que advertirla de su problema.

“¿Conocéis ese dicho que sostiene que la religión es el opio de las masas? Bueno, pues yo tomé masas de opio religiosamente”, se reía la actriz. Todo era ocasión para ayudar a otras personas.

Empezó a actuar con su madre. Primero en el musical Irene (1973), después en pantalla con Shampoo (1975). Sin embargo, Fisher será recordada por su papel de Leia, personaje que arrebató a Jodie Foster y a Amy Irving. Fisher interpretó a un personaje icónico que abriría un universo nuevo.

Mito erótico con su nuevo peinado en flor de calabaza, quedará siempre esa imagen como prisionera en ropa interior “de un testículo gigante y babeante”, como bromeaba la actriz. Leia Organa era un nuevo tipo de princesa. Nada de palacios ni de trajes. Una joven Fisher daba al personaje un tono socarrón necesario y se enamoraba del canalla, Han Solo.

Eran tiempos nuevos en el cine, en el sci-fi, y en la cultura. La primera princesa de la ciencia ficción era un personaje inteligente, enérgico, independiente. Activista política, senadora, dama Jedi, Leia encarnó a la antiprincesa que era princesa del universo por excelencia.

En Hollywood, “te pueden pedir que rejuvenezcas”, decía. Y así fue. En la recién estrenada Rogue One aparece de joven en un mínimo cameo. Todo cuestión de técnica y de nuestro mundo distópico. Fisher participó en vida en cuatro de las siete películas de la famosa franquicia Star Wars.

Su papel póstumo aparecerá a un año de su muerte, en el Episodio VIII, que acababa de grabar. En un spoiler, quizá calculado, anunció este verano que allí la veríamos en el funeral de Han Solo. Cosas de la vida, antes de que esto ocurra, Harrison Ford, Han Solo, vivirá el funeral de Carrie Fisher, Leia Organa.

“La muerte una parte natural de la vida es”, decía el maestro Yoda. Princesa Leia, siempre estarás con nosotros.

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