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6 maneras de evitar intoxicarte con el consumismo de Navidad

©Christoph Schmidt / DPA
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Para reencontrar el verdadero sentido de esta fiesta

En la homilía de Navidad del año pasado, el papa Francisco instó a los católicos del mundo entero a no dejarse atrapar por la comercialización de la Navidad y emular en sus vidas la simplicidad del niño Jesús.

“En una sociedad que con frecuencia está intoxicada por el consumismo y el hedonismo, la riqueza y la extravagancia, las apariencias y el narcisismo, este Niño Jesús nos llama para que actuemos con sobriedad, en otras palabras, para que actuemos de una forma simple, balanceada, consistente, para ser capaces de ver y hacer lo que es esencial”, dice el pontífice.

El Papa también recordó que “en medio de una cultura de indiferencia que se vuelve despiadada, nuestro estilo de vida debería ser devoto, lleno de empatía, compasión y misericordia”.

Para muchos, el deseo de mantener el significado espiritual de la Navidad entra directamente en conflicto con la prolífica comercialización de esta temporada, bajo la insoportable presión de gastar por encima de los medios de cada uno con tal de hacer regalos.

Según una encuesta Gallup realizada en octubre en Estados Unidos, los estadounidenses prevén gastar 785 dólares de media en regalos este año; y un 31% piensa gastar 1000 dólares o más. La Federación Nacional de Minoristas de EE.UU. (NRF) prevé que los estadounidenses gasten en las fiestas de este año un total de 655,8 millones de dólares.

No es ningún secreto que la Navidad se ha convertido en sinónimo de compras y, por desgracia, de deudas. Pero sigue siendo posible encontrar un equilibrio. La clave está en recordar por qué celebramos la Navidad, en centrarnos en la adoración y en Quien adoramos, en lo que aporta significado a nuestras familias, y en pensar en cuáles son los valores que queremos inculcar a nuestros hijos.

  1. Considera el voluntariado

“Aunque sea fácil perderse en el consumismo de esta temporada y en la cultura del ‘yo quiero/regálame’, nunca es demasiado tarde para empezar tradiciones familiares que incluyan buscar formas de ayudar a aquellos que, en el seno de nuestra comunidad, son menos afortunados que nosotros; para sensibilizar a las personas sobre las condiciones de pobreza real a las que se enfrentan millones de familias y niños que viven por todo el país”, manifiesta Sherry-Lea Bloodworth Botop, vicepresidenta de desarrollo nacional en Catholic Charities USA.

“Realizar un voluntariado en familia es una maravillosa tradición de Navidad. Ayuda a crecer en humildad y a inspirar a los niños y a las familias a que pasen más tiempo en los comedores benéficos, por ejemplo, o a que encuentren una iglesia o una asociación cerca de su casa donde necesiten donativos de alimentos o de dinero”.

  1. Celebra el Adviento, no el frenesí de regalos

El sacerdote Brendan Murphy, capellán del centro católico estudiantil Aquinas House en la universidad Dartmouth College, en Hanover, Estado de New Hampshire, sugiere que, además de centrarnos en dar, los individuos deberían reflexionar sobre todo este periodo festivo navideño, sobre el Adviento, durante los 12 días de Navidad.

“Hay que tener muy en mente que hablamos de dos temporadas, la de Adviento y la de Navidad. El Adviento es un periodo muy piadoso, de reflexión, en el que preparamos la celebración inminente: el nacimiento de Cristo. Luego, la Navidad es una temporada maravillosa de festejo y alegría”, explica el padre Murphy.

Según el sacerdote, las familias pueden crear sus propias costumbres y tradiciones culinarias para que el Adviento sea un periodo especial y memorable. “Si no somos cuidadosos, terminamos tan ajetreados que nos ponemos en una situación en la que no estamos preparados adecuadamente, y creo que es muy importante dedicar tiempo todos los días a reflexionar de verdad sobre para qué nos estamos preparando”.

“Jesús habla de ello, para protegernos de todo el estrés, y nos otorga paz en estos días. Confío en que tomemos el tiempo necesario para rezar, que es lo que nos aporta verdaderamente la sensación de paz”, dice el sacerdote.

Además, añade que compartir aquello que tenemos es una forma importante de preparación para la Navidad. No simplemente el dinero, sino el tiempo, que en cierto modo es el regalo más valioso que podemos ofrecer. También sugiere que vayamos a ponernos al día con un vecino que pueda sentirse solo o necesitar ayuda, o que llamemos a alguien que haya perdido a un ser querido recientemente.

Maureen Stannard, feligresa de la parroquia de St Denis en Hanover, EE.UU., asegura que el Adviento sigue manteniendo su significado para ella: “Siempre quiero hacer más para la preparación espiritual de la Navidad. Este año, hemos pensado en poner algo (un regalo, latas de conservas) en una caja todos los días del mes de diciembre para luego donarlo. Los niños ya están en una edad en la que valoran de verdad el significado espiritual de la Navidad, y no simplemente el aspecto comercial”.

  1. Céntrate en dar

Maureen Stannard, de 50 años, y su marido Dan siempre han alentado un cierto sentido de caridad en sus trillizos de 13 años. Permiten a sus hijos elegir a una familia a la que “adoptar” por Navidad, dentro de un programa organizado por su iglesia, y Stannard afirma que sus hijos se entusiasman con los regalos y que remueven cielo y tierra para encontrarlos. El año pasado, por ejemplo, los niños incluso añadieron por iniciativa propia una cámara desechable para que la familia “adoptada” pudiera hacerse fotos la mañana de Navidad.

Con el fin de insistir en la importancia de dar y no de recibir en el periodo de Navidad, Stannard lleva a sus hijos a una tienda de todo a un euro para que elijan regalos que darse entre ellos. De sus padres, los niños recibirán cada uno tres regalos: “Algo que quieran, algo que necesiten y un libro”.

  1. Define los límites

Kathy Radigan es otra madre que limita el número de regalos que reciben sus hijos en Navidad. “Cuando nació nuestro primogénito hace dieciocho años comenzamos una tradición de solo tres regalos para cada uno. Pensé que si era suficiente para Jesús, sería suficiente para mi hijo”, declara desde su hogar en Long Island.

Esta escritora de 50 años y su esposo tienen ahora tres hijos (de 17, 14 y 11 años) que no esperan más de tres regalos porque siempre han vivido según esta tradición.

“Mis hijos nunca han tenido la impresión de que no recibían suficiente y siempre han sido muy agradecidos. Nunca me entra el pánico por que tenga 10 regalos para mi hija y solamente 8 para mi hijo y necesite apresurarme para comprar alguna otra cosa. El simple gesto de dar un regalo en Navidad se valora mucho”.

  1. Elabora tus propios regalos y pasa tiempo con un ser querido

Kat Rutkin de Somerville, Massachusetts, trata de evitar por completo las compras fabricando los regalos para los miembros de su familia. Ella y su marido iniciaron esta tradición hace cinco años, cuando estaba embarazada de su primer hijo y no tenían mucho dinero. Ese año hicieron pasteles con mermelada casera.

“Me encantó el estar en casa con mi marido pasando tiempo juntos en vez de salir a comprar regalos que la gente pueda o no desear”, explica Rutkin. “Nos hace sentir mejor. Preferimos hacer cosas sencillas que salgan del corazón”.

  1. Admira a quienes están en torno al árbol, y no lo que hay debajo

Para el sacerdote Brendan, es importante recordar a los niños que la Navidad no se centra en lo que está bajo el árbol, sino en quienes se reúnen en torno a él. “De niño deseas algunos objetos con pasión, pero de adulto, al menos en mi caso, a menudo no recuerdas todos los regalos recibidos, sino las personas que estaban presentes. Lo importante es estar con nuestra familia, con las personas que amas y que te aman, y así es como aprendemos de Jesús. Así que es importante no concentrarse en los regalos, sino en las personas que nos rodean”.

Con la Navidad todos sentimos la presión de tener que decorar nuestras casas, comprar el regalo perfecto, organizar la mejor fiesta. Pero a menudo nos concentramos más en los detalles materiales que en lo que en realidad representan.

Dar regalos en un aspecto importante y alegre de la Navidad, sobre todo para los niños, pero lo más probable es que, de adultos, lo que más vívidamente recuerden sean las tradiciones familiares y el tiempo que pasaron con los seres queridos, al margen de lo grande o caro que fuera cualquier regalo.

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