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“El amor por los pobres no es un programa liberal, sino radical”

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«Vayamos hacia los pobres, no porque ya sepamos que el pobre es Jesús, sino para volver a descubrir que ese pobre es Jesús». Y el amor por los pobres «no es un programa liberal, sino un programa radical, porque significa una vuelta a las raíces». Lo escribió Papa Francisco en una carta enviada a Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación.

«Le agradezco a usted y a toda la Fraternidad de Comunión y Liberación —escribió Francisco— por su ofrenda, reunida durante los peregrinajes, que generosamente han querido enviarme para las obras de caridad. Me hace bien al corazón y me consuela mucho saber que de más de doscientos santuarios marianos en Italia y en el mundo muchas personas han emprendido el camino de la misericordia en el espíritu del compartir con los necesitados».

«Los pobres, de hecho —continuó Bergoglio—, nos recuerdan lo esencial de la vida cristiana. San Agustín enseña: “Hay algunos que distribuyen con más facilidad todos sus bienes entre los pobres, en lugar de convertirse ellos mismos en pobres en Dios”. Esta pobreza es necesaria porque describe lo que tenemos verdaderamente en el corazón: la necesidad de Él. Por ello, vayamos hacia los pobres, no porque ya sepamos que el por es Jesús, sino para volver a descubrir que ese pobre es Jesús».

«San Ignacio de Loyola —escribió el Papa a Carrón—, a su vez, añade que: “la pobreza es madre y muro. La pobreza genera, es madre, genera vida espiritual, vida de santidad, vida apostólica. Y es muro, defiende. Cuántos desastres eclesiales han comenzado por falta de pobreza”. En un mundo lacerado por la lógica de la ganancia que produce nuevas pobrezas y genera la cultura del descarte, no dejo de invocar la gracia de una Iglesia pobre y para los pobres».

Esto, precisó Francisco, «no es un programa liberal, sino un programa radical porque significa una vuelta a las raíces. Ese volver a ir a los orígenes no es replegarse hacia el pasado, sino es fuerza para un comienzo valiente hacia el mañana. Es la revolución de la ternura y del amor. Por ello les pido también a ustedes que unan este objetivo a sus intenciones. Les deseo que trabajen con serenidad y con frutos, y que testimonien con valentía la autenticidad de la vida cristiana».
 

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