Espiritualidad

La Navidad comienza por una palabra y dos silencios

Oración para prepararnos para la Navidad

La Navidad comienza por una palabra y dos silencios

jill111

La Navidad comienza por una Palabra y por dos silencios.
Comienza por una Palabra creída y escuchada.
Porque el Ángel le habló a María.
Y María escuchó y creyó.
Porque a José el Ángel también le habló.
Escuchó y creyó.

Los dos escucharon a Dios por medio del Ángel.
Y los dos no entendieron nada.
Y los dos creyeron en la Palabra.
Hay palabras que solo se escuchan en silencio.
Hay palabras que solo se pronuncian en el silencio.
Y hay silencios que dicen más que las mismas palabras.

En Belén Dios se hace Palabra.
Es Palabra encarnada.
“Y la Palabra se hizo carne”.
“Y la Palabra habitó entre nosotros”.
Pero antes, la Palabra se hizo silencio de fe en María y en José.

Mientras ella calla, José se ve envuelto en la nube de sus dudas.
Y mientras María vive en silencio el misterio de Dios en ella,
José:
contra lo que ven sus ojos y
contra su experiencia de cómo se hacen los hijos,
cree también en el misterio.
“Y la recibió en su casa”.

La Navidad es misterio de fe.
Sólo con la fe se puede vivir el misterio navideño.
Porque si fue necesaria la fe del comienzo,
también la fe se hace necesaria para entender lo que ahora contemplan sus ojos.
Les hablan del “Hijo de Dios”
y sus ojos sólo ven un niño como los demás niños del mundo.

Hay cosas en la vida que nunca lograremos entender y que sin embargo podemos creer.
Hay cosas en la vida donde los ojos ven una cosa, y el corazón tiene que creer otra.
Hay cosas en la vida difíciles de entender y tan difíciles de explicar a los demás, porque cada uno vive su propio misterio.
La Navidad dice poco si la vemos solo por fuera.
Para que la Navidad pueda decir algo a nuestro corazón es preciso vivirla desde la fe. Los adornos navideños pueden ser una expresión de nuestra alegría, pero la verdad está escondida y hay que descubrirla.

Que tendemos dudas en la vida ¿Quién lo duda?
Pero esa noche no lo es todo.
Tenemos que esperar a la luz que despierta la mañana.

Como José, llevemos todos estos días a María esperando al Niño.

Por Clemente Sobrado C.P

Artículo originalmente publicado por Oleada Joven

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