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El Papa: que los pastores digan la verdad, pero sean comprensivos

Ayudar a la gente a dar el primer paso hacia el Señor y luego encomendarse a Dios, que hará lo demás. Esta es la tarea de los pastores. Deben indicar con precisión cuál es la verdad, pero después deben acoger a las personas por lo que puedan hacer. Lo afirmó Papa Francisco en la Misa de hoy, 15 de diciembre, por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta. 

Según indicó la Radio Vaticana, el centro de la predicación fue la figura de San Juan Bautista. Todos lo buscaban e iban a verlo, hasta los fariseos y los doctores de la ley, pero «con reservas», para juzgarlo y no para dejarse bautizar. 

En el Evangelio de hoy, Cristo pregunta a la multitud qué es lo que había ido a observar en el desierto: «¿Una caña agitada por el viento? ¿A un hombre vestido con ropa lujosa?». El Pontífice reveló: no a una persona vestida lujosamente, poque los hombres así viven en el lujo, en los palacios del rey, «alguno en los episcopados». 

Por en contrario, fueron a ver a un profeta. Es más, «más que un profeta, entre los que nacieron de mujer no hay nadie más grande que Juan», que es «el último de los profetas» porque después de él está el Mesías. 

El Bautista es «el más grande» porque «era un hombre fiel a lo que el Señor le había pedido, un grande porque es fiel». 

Lo demuestra también predicando «fuerte: decía cosas feas alos fariseos, a los doctores de la ley, a los sacerdotes; no les decía: “Queridos, pórtense bien”. No. Simplmente les decía: “Raza de serpientes”, así, simplemente. No iba con medias tintas». ¿El motivo de esta vehemencia? «Porque se acercaban para vigilar y para ver, pero nunca con el corazón abierto: “Raza de serpientes”». San Juan el Bautista se arriesga, «pero él era fiel». Y «a Herodes le decía a la cara: “¡Adúltero, no te es lícito vivir así, adúltero!”. ¡A la cara!». 

El obispo de Roma añadió que es «seguro que si un párroco hoy, en la homilía dominical, dijera: “Entre ustedes hay algunos que son raza de serpiente y también hay muchos adúlteros”, de seguro el obispo recibiría cartas de desconcierto: “Pero, corran a este párroco que nos insulta”», pero el Bautista «insultaba. ¿Por qué? Porque es fiel a su vocación y a la verdad». 

Pero hay que tener cuidado. Francisco indicó que san Juan el Bautista, con la gente, también es comprensivo: a los publicanos, pecadores públicos porque explotaban, les dice: «No pidan más de lo justo». El Obispo de Roma subrayó que el Bautista «comenzaba con poco. Luego vemos. Y los bautizaba. Primero este paso. Luego vemos». 

San Juan invita a los soldados y a las fuerzas de la policía a no amenazar ni denunciar y a que estén contentos con sus salarios: porque esto significa «no entrar en el mundo«de la corrupción. Esta es la explicación: «Cuando te detiene un policía, te hace la prueba del alcohol, hay un poco más: “Eh, no, pero… ¿Cuánto?”. No esto no», exclamo el Papa. San Juan Bautista bautiza a los pecadores, pero con este «mínimo paso hacia adelante, porque sabía que con este paso luego el Señor haría el resto». Así se dan las conversiones. 

El Santo Bautista, el único profeta al que es otorgada la gracia de indicar al Hijo de Dios, es «un pastor que comprendía la situación de la gente, y la ayudaba a salir adelante con el Señor». 

El Papa recordó que, aunque San Juan el Bautista fuera fuerte, estuviera seguro de su vocación (un «gigante de la fe»), «tenía momentos oscuros, tenía sus dudas». En la cárcel, de hecho, comienza a dudar, aunque hubiera bautizado a Cristo, «porque era un Salvador, pero no como se lo había imaginado». Por ello, incluso manda a dos de sus discípulos a que le pregunten a Jesús si es ‘el el verdadero Mesías. Jesús corrige la visión de Juan con una respuesta neta: pide que le refieran que «los ciegos recobran la vista, los sordos oyen, los muertos resucitan». 

Francisco comentó: «Los grandes se pueden permitir dudar, porque son grandes. Los grandes se pueden permitir la duda, y esto es bello. Están seguros de la vocación, pero cada vez que el Señor les hace ver una nueva vía del camino, caen en la duda. “Pero, este no es ortodoxo, este es herético, este no es el Mesías que esperaba yo”. EL diablo hace este trabajo y algunos amigos le ayudan, ¿no?». La grandeza de Juan es justo esta, «¡es un grande! El último de esas filas de creyentes que comenzó con Abraham, que predicaba la conversión, que no usaba medias tintas para condenar a los soberbios, aquel que, al final de la vida, se permite dudar. Y este es un buen programa de vida cristiana». 

El Pontífice resumió su homilía así: decir las cosas con verdad y después acoger a la gente con lo que logra hacer. Dar valor a los primeros pasos: «Pidamos a Juan la gracia de la valentía apostólica, de decir siempre las cosas con verdad, del amor pastoral, de recibir a la gente con lo poco que puede dar, el primer paso. Dios hará lo demás». Y también «la gracia de dudar. Muchas veces, tal vez al final de la vida, uno se puede preguntar: “Pero, ¿todo en lo que he creído es cierto o son puras fantasías?”, la tentación contra la fe, contra el Señor. Que el gran Juan –invocó al final–, que es el más pequeòo en el Reino de los Cielos, por ello es grande, nos ayude por este camino sigueindo las huellas del Señor». 

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