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Siria: La carta del papa Francisco al presidente Asad

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"Multiplicar los esfuerzos para poner fin a la guerra"

La entregó personalmente el nuncio apostólico, el cardenal Mario Zenari. Papa Francisco escribió una carta (de solidaridad con el pueblo sirio y con la petición de multiplicar los esfuerzos para poner fin a la guerra) al presidente sirio Bashar al Asad. La agencia gubernamental siria Sana publicó algunos fragmentos del texto.

El Pontífice “expresa solidaridad con el pueblo sirio” y subraya “la condena del Vaticano de cualquier forma de extremismo y terrorismo”. En el texto publicado por la agencia Sana se lee que el Obispo de Roma pidió “multiplicar los esfuerzos para poner fin a la guerra en Siria y volver a instaurar la paz”.

La agencia Sana explicó que la carta del Pontífice fue entregada personalmente a Assad, en Damasco, por el nuncio apostólico en Siria, el cardenal Mario Zenari.

Además de los fragmentos de la carta, la agencia Sana publicó una foto del encuentro entre Zenari y el presidente sirio, que lo recibió en el palacio presidencial en las colinas de la capital del país.

En el comunicado de la agencia de prensa, se afirma que Asad felicitó a Zenari por su reciente creación cardenalicia, observó que el hecho de que Zenari siga siendo nuncio apostólico en Siria, a pesar del nombramiento, es algo “sin precedentes”, e insistió en la “gran importancia que el Papa tiene para Siria y para su pueblo”.

Asad también afirmó que “el Estado y el pueblo sirio están determinados a volver a instaurar la seguridad y la estabilidad, además de continuar por la vía de las reformas, porque es el mejor camino para llevar a cabo este objetivo” de la estabilidad.

Justamente Francisco volvió a pedir la paz en Siria y el compromiso de todos para proteger a la población de Alepo: “desgraciadamente, nos hemos acostumbrado a la guerra, a la destrucción, pero no debemos olvidar que Siria es un país lleno de historia, de cultura, de fe”, dijo el Papa durante el Ángelus del domingo 11 de diciembre, durante el que también sentenció que la guerra “es un cúmulo de abusos y de falsedad. Hago un llamamiento a todo el mundo para que se lleve a cabo una elección de civismo: no a la destrucción, sí a la paz, sí a la gente de Alepo y de Siria”.

Hoy por la mañana, fue publicado el Mensaje del papa para la Jornada Mundial de la Paz que la Iglesia celebra todos los años el primero de enero: “En 2017, comprometámonos con nuestra oración y acción a ser personas que aparten de su corazón, de sus palabras y de sus gestos la violencia, y a construir comunidades no violentas, que cuiden de la casa común”.

Francisco subrayó que la “no violencia activa y creativa” contribuye en la construcción de la paz, mientras que la violencia “no es la solución para nuestro mundo fragmentado”, que está viviendo una “terrible guerra mundial por partes”, además de imponentes flujos migratorios y de la crisis del medio ambiente. E

l único efecto de la violencia, denunció, es el de “desencadenar represalias y espirales de conflicto letales que benefician sólo a algunos “señores de la guerra””.

Mientras tanto, el obispo caldeo de Alepo, Antoine Audo, informó que se está viviendo una mejoría “sensible con el avance de las fuerzas gubernamentales y con la retirada de las milicias”, a pesar de “algunas dificultades”, como “enfrentamientos armados y explosiones aisladas que han influido negativamente en los civiles que huyen de una zona a otra”, y que de esta manera “arriesgan sus vidas”.

El obispo habló de un atisbo “de nueva esperanza, a la luz del avance del ejército sirio, sobre todo en los márgenes del barrio de al-Shaar. Desde que el ejército sirio ha comenzado a tomar el control de la situación de la seguridad —comunicó—, el optimismo ha vuelto a irradiar de nuevo en los corazones de los ciudadanos que ven cerca la vuelta de la situación a su curso y la posibilidad de volver a encontrar cierta estabilidad”.

Esta estabilidad “facilitaría la libertad de movimiento de los ciudadanos y la entrada de la ayuda humanitaria, sobre todo a las zonas asediadas por las milicias del terrorismo”, sostuvo el prelado cuya iglesia se encuentra en la parte occidental de la ciudad bajo el control del régimen y en la que “la ayuda humanitaria llega con éxito”, y no como en las zonas “de las milicias”, en las que la operación “es extremadamente difícil”.

El obispo caldeo recordó también “la situación de emergencia en la que se encuentran cientos de familias cristianas, obligadas a huir de las zonas conquistadas por las bandas de terroristas armados”, e insistió en que la “vida de los cristianos de cualquier confesión en Alepo es la misma que la de todos los demás, viven las mismas dificultades cotidianas, están expuestos en cualquier momento a los morteros que los terroristas lanzan desde las zonas que controlan y periódicamente encuentran dificultades para encontrar alimentos, a pesar del compromiso de muchas asociaciones” que tratan de hacer que lleguen a todas las zonas.

Sin embargo, afirmó, “nosotros tratamos de ayudar a los cristianos, en la medida de lo posible, para que perseveren y permanezcan en su país, para que lo defiendan y salvaguarden, para que se mantenga nuestro papel de cristianos y habitantes originarios de esta tierra y para contribuir en la reconstrucción de nuestra comunidad”.

Audo precisó que “nosotros, como Iglesia, no podemos obligar a nadie a que se quede o a que se vaya, puesto que la guerra todavía está en curso y nadie sabe cuándo terminará”. Pero “tratamos de ocuparnos de los que se han quedado en su patria y de ofrecerles un atisbo de esperanza, tal ve en el futuro podamos elaborar un plan para hacer que vuelvan los cristianos que se vieron obligados a emigrar”.

Además, sentenció, “no nos entrometemos en las cuestiones militares, sino que rezamos para que estas dificultades se acaben y para que vuelva la estabilidad a nuestra patria, puesto que esta guerra ha sido dura para todos, cristianos y musulmanes”.

En cuanto a la comunidad internacional, debería “ayudar al pueblo sirio a que vuelva la seguridad en el país, a encontrar una vía para una solución y para el diálogo, y no a alimentar el fuego de la guerra”; todo esto “exige un esfuerzo y una lucha continua por la paz”.

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