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Los coptos de nuevo en la mira

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Vuelve la violencia en contra de la comunidad copta en Egipto. Después de un periodo de relativa calma, tras las turbulencias del verano (entre mayo y julio de este año se multiplicaron los asesinatos, los ataques y la destrucción de casas, iglesias y propiedades de los cristianos) que llevaron al Patriarca Tawadros II al clamoroso gesto de la suspensión de las tradicionales catequesis semanales y a la reunión en el palacio presidencial para un llamado «a la paz y a la sabiduría» entre el Papa copto y el presidente Abdel Fattah al Sisi, vuelve a surgir la brutalidad extremista. En la Iglesia de San Pedro y Pablo, en el barrio de El Cairo de Al-Abassiya, a pocos metros de la Catedral de San Marcos (residencia del Patriarca) se colocó un explosivo artesanal que detonó durante la misa del pasado domingo 11 de diciembre, provocando la muerte de 25 personas, principalmente mujeres y niños, además de decenas de heridos.

Los 10 millones de coptos (alrededor del 10 % de la población del país, la mayor comunidad cristiana de la zona) siembre han estado profundamente integrados en el tejido social y viven, desde el estallido de las «primaveras árabes», en un estado de terror permanente debido a los atentados y agresiones contra personas y propiedades. Un fenómeno que nunca se había registrado con tanta virulencia y que pone en riesgo la histórica convivencia con los demás elementos de la sociedad.

«Estamos profundamente dolidos —declara en el perfil de Facebook oficial la Iglesia Copta de Egipto el vocero del Patriarca— por todo lo que ha desencadenado este acto de terrorismo en contra de fieles inocentes y rezamos por los mártires y heridos». Después, siguiendo la línea de apoyo al presidente y subrayando la lealtad de la Iglesia hacia la nación, añade: «La Iglesia egipcia pide a todos que perseveren en la unidad nacional». Al Sisi inmediatamente condenó el ataque y declaró luto nacional para los tres próximos días, mientras el jeque Abdel-Karim Allam, gran Muftí de Egipto, condenó con palabras muy duras el atentado: «Atacar iglesias, destruirlas, matar a las personas que están en su interior o aterrorizar a individuos… todos estos son actos fuertemente prohibidos por la “Sharía”».
 
Pero, ¿qué es lo que hay detrás de esta nueva y feroz explosión de violencia? ¿Cómo pretende responder el presidente a nuevas oleadas terroristas (el viernes 9 de diciembre dos bombas explotaron en El Cairo y en Kafr El-Sheikh y mataron a seis policías y a un civil, mientras se están multiplicando enfrentamientos en la península del Sinaí)? ¿Cómo reaccionará la comunidad copta? Para tratar de responder a muchas preguntas, Vatican Insider conversó telefónicamente con el periodista y «bloguero» Mina Fayek (@minafayek).
 
Mientras estamos hablando se están llevando a cabo los funerales en El Cairo. ¿Cómo es la situación?

Las exequias se llevan a cabo en la iglesia de Santa María, en el este de El Cairo, en Nasr City. Se llevan a cabo allí oficialmente por razones de seguridad, pero la iglesia no logra contener a todas las personas que han acudido para asistir a la celebración, y por el momento hay muchas protestas de cientos de personas que quisieran participar pero se han quedado fuera. Participa en el funeral el presidente y la tensión es muy elevada. Desde ayer se han verificado manifestaciones espontáneas de mucha gente que pide la renuncia del Presidente y del ministro del Interior. Es una nueva y muy dura señal.

¿En qué sentido?

Hasta ahora, la comunidad copta, siguiendo la línea de las jerarquías que todavía tienen miedo de que vuelva al poder la Hermandad Musulmana, se ha demostrado leal al presidente. Pero entre las consignas que se escuchan en estos días surge mucha desilusión: desde hace años hemos dado mucho, hemos mantenido la calma entre nuestra gente pero no hemos tenido nada a cambio. Además, normalmente se nos considera como ciudadanos de segunda categoría. Nadie puede aspirar a cargos en el gobierno, en la administración pública, en la policía o en el ejército. La rabia ha aumentado desde hace tiempo en nuestra comunidad, y después del atentado explotó. Repito, me parece un elemento nuevo, tanto por su manifestarse como por su alcance.

¿Cómo está afrontando el gobierno la cuestión de los ataques sectarios y de la violencia en contra de las minorías?

Solamente con medidas de seguridad. A cada atentado corresponde un apretón, hay más policía y militares en las calles, hay arrestos, pero no existe un discurso cultural, educativo, de prosperidad. No hay políticas que inviertan en la escuela, en los jóvenes, para que los principios de la convivencia se vuelvan reales y sean efectivos. En mi opinión, no hay una visión por incapacidad de gestión política.

Según su opinión, ¿quién está detrás de los atentados?

Todos nombran los dos movimientos vinculados con la Hermandad Musulmana, Hassm y Lewaa Al Thawra, que llevaron a cabo y reivindicaron los atentados contra la policía de la semana pasada. Pero en realidad, en este caso todavía no ha habido ninguna reivindicación, y los dos movimientos se han declarado ajenos a los hechos. Según las investigaciones, habría sido una mujer la ejecutora del atentado: habría entrado a la sección femenina de la iglesia y habría depositado el explosivo. Un método muy extraño, inédito, que abriría escenarios nunca antes vistos. Como sea, solo son hipótesis. Entre ellas, la más ridícula y que han difundido algunos medios y expertos en seguridad filo-gubernamentales sostiene que el atentado habría sido obra de la misma comunidad copta, para protestar en contra del presidente.

Y ahora, ¿qué es lo que hay que esperar?

No espero mucho del gobierno, por lo que creo que habrá otros atentados para Navidad y Año Nuevo. La jerarquía de la Iglesia seguirá siendo leal, pero en la comunidad aumenta la rabia, por lo que temo que podría convertirse en actos «anti-establishment». Me parece significativo que los fieles hayan corrido a los policías de la iglesia en la que se verificó el atentado.

 

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