Educación

Escolares migrantes claman: “Somos ante Dios todos hermanos”

Un estudio en Chile advierte que escolares extranjeros enfrentan bullying y riesgo de gueto

Escolares migrantes claman: “Somos ante Dios todos hermanos”

Facebook Superintendencia de Educación

Sus voces resuenan el auditorio. Son todos niños y preadolescentes. Están vestidos de diferentes colores y al verlos cualquiera podría deducir que provienen de diferentes países de América Latina.

“Canta, sueña, vuela corazón americano. Ya no habrá dolor que nos detenga, somos ante Dios todos hermanos”, cantan al unísono.

Se trata del coro de niños del Colegio Victoria Prieto durante el cierre de un video institucional de la Superintendencia de la Educación en Chile de nominado Migrantes, Mi Escuela, Mi Mundo.

Previamente, el video recoge testimonios de varios niños que han llegado a Chile, país que los acogió y que ahora les brinda una oportunidad para estudiar.

“A mí me gusta el colegio porque los profesores te comprenden”, expresó Mathurin, una niña haitiana.

“Tratan que te sientas bien (los profesores) acá en el colegio”, prosigue Isabella, otra niña venezolana.

“Te explican si no entiendes. Me lo explican varias veces, cada vez mejor para que yo esté con los demás”, agrega Wistong, un chico colombiano.

Estos niños, que coinciden en haber tenido buena empatía con profesores y compañeros en escuelas chilenas, provienen de varios países como Venezuela, Ecuador, Colombia, Bolivia, Haití, entre otros. Y de alguna manera representan lo positivo de lo que está sucediendo en Chile con los niños migrantes. Hasta aquí las luces.

Recientemente, la Superintendencia de Educación de Chile publicó un informe, en el marco de seminario Migrantes, Mi Escuela, Mi Mundo, realizado en cinco centros de la Región Metropolitana sobre escolares migrantes y en el que advierte sobre los riesgos de guetificación, folclorización y discriminación.  He aquí las sombras.

Por ejemplo, durante el informe se advierte que los escolares migrantes están concentrados en colegios que están dispuestos a recibirlos y que muchos optan por derivarlos a otros lugares, por lo que el concepto de integración no está expandido y por ello aparece el término “gueto”.

Según esto, algunos lugares van en camino a transformase en “escuelas para migrantes”. Y esto sucede a pesar de que el sistema educativo chileno admite a los niños extranjeros.

En lo referente a la folclorización, si bien se reconoce que “es positivo visibilizar la cultura de los niños migrantes a través de muestras culinarias, celebración de festividades, cantos, bailes e interpretación de los himnos de cada país, este esfuerzo podría quedar solo en algo anecdótico” si no se promueven “adaptaciones curriculares más profundas”.

Por último, el informe pone sobre la mesa la existencia de prácticas discriminatorias y de bullying. Si bien esto forma parte de todo el sistema educativo, en el caso de los migrantes está focalizado en “las ofensas al color de la piel, tipo de pelo, modo de habla, burlas, indiferencia, bromas y hasta agresiones físicas”.

Sobre este punto, la ministra de Educación, Adriana Delpiana, expresó lo siguiente: “Aquí creo yo viene el gran problema: cómo nosotros, los chilenos, entendemos, valoramos y percibimos esta llegada de extranjeros. Y la estigmatización es, sin lugar a dudas, el peligro más grande”, dijo.

Y prosiguió haciendo énfasis en la responsabilidad que tiene Chile, como sociedad, en materia de inclusión, para que los migrantes “aprendan a amar a este país, como aman al suyo propio”.

Es por todo esto que la exhortación desde el lado de las autoridades chilenas va por el lado del reconocimiento de la multiculturalidad presente en la sociedad y que las escuelas no les cierren el camino a los chicos procedentes de otros países, sino, todo lo contrario, que los acojan.

“En la vida todos somos iguales, nadie es mejor que nadie”, concluye de forma contundente, pero reflexiva Samantha, una chica haitiana. Esto justamente es lo que refleja aquel coro de niños que reafirma que ante Dios somos todos iguales.  Y todos los niños, sin importar su origen o procedencia, tienen derecho a una educación digna en el lugar que les toque vivir, más allá de las luces y sombras de los diferentes sistemas.    

 

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