100 años de Kirk Douglas

Uno de los mejores actores de la historia cumple un siglo

La mayor mentira es la que nos decimos

a nosotros en las visiones distorsionadas

que tenemos de nosotros mismos,

empañando algunas partes y realzando otras.

Lo que queda no son los datos fríos de una vida

sino la forma en que los percibimos.

Eso es lo que somos en realidad.

– Kirk Douglas, El hijo del trapero

 

Kirk Douglas cumple 100 años. Seguramente será trending topic en las redes sociales, cada internauta elegirá su escena favorita tras rastrearla en YouTube y hablarán de su legendaria carrera en los telediarios. Muchos dirán: “Ah, pensé que ya estaba muerto”. Porque es lo que sucede con los artistas que se retiran: que se les olvida.

Pero los cinéfilos debemos recordar ahora y siempre a Kirk Douglas, nacido Issur Danielovitch Demsky, descendiente de inmigrantes judíos, porque él nos ayudó a amar el cine, pudo demostrar que el Sueño Americano, a veces, es posible, y nos suministró la imagen de un hombre de una pieza, sólido y honesto, hecho a sí mismo con destreza y talento: un actor capaz de besar a una dama y de darle un puñetazo a un miserable con la misma rotundidad, con la misma pasión.

Repasando su trayectoria, sorprende recordar cómo la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos lo ninguneó durante casi toda su carrera, salvo en los años 50, donde obtuvo tres nominaciones. Tal vez avergonzados por ese desprecio, le concedieron el Oscar Honorífico en 1996.

Cualquiera que haya visto sus películas y las haya venerado, conserva en la memoria su interpretación favorita de Douglas, ya sea en papeles de canalla (Retorno al pasado, El gran carnaval, Cautivos del mal, Los vikingos), de granuja simpático (El día de los tramposos, Pata de palo, Cactus Jack, Otra ciudad, otra ley), de hombre íntegro (Ulises, Senderos de gloria, El último tren de Gun Hill, Espartaco, Los héroes de Telemark) o de individuo torturado (Duelo de titanes, Los valientes andan solos, El loco de pelo rojo).

Kirk Douglas no rueda una película desde el año 2004, aunque en 2008 participó en el falso documental televisivo Los asesinatos del Empire State. Pero siempre ha estado en activo, y prueba de ello son sus incursiones en la literatura (El hijo del trapero, Yo soy Espartaco o Baile con el diablo) y sus esporádicas colaboraciones en cine y televisión en los últimos años.

Para la historia queda la estampa de un intérprete poderoso y arrollador, carismático como una estrella del rock, con un nervio y una fuerza interpretativa tan eléctricos que parecía un dios de la tormenta.

Deberían haberlo sepultado en premios. Seductor, infiel, comprometido, trabajador nato, superviviente: un tipo que nos estremece desde la pantalla como sólo los más grandes pueden hacerlo. Dotado del carisma y del carácter de los secundarios eternos, sólo que él siempre era el protagonista.

En las películas llena el plano, se come la escena, subyuga nuestra mirada, es como un meteoro ante las cámaras.

Sólo hay que verlo levantar el mentón con orgullo en Espartaco para que nos emocionemos. Sólo hay que verlo manipulando a personas y situaciones en El gran carnaval para que lo odiemos. Sólo hay que escuchar cómo dice “Nunca llame cobarde a un hombre, pase lo que pase” en Los valientes andan solos para que sepamos que los indomables no se rinden jamás y luchan hasta el final aunque el enemigo sea un pistolero despreciable o el tiempo y sus enfermedades.

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