Testimonio

El director de “El Exorcista” es testigo de la obra del padre Amorth

William Friedkin dirigió la película de 1973, pero hasta hace poco no había presenciado nunca un exorcismo

El director de “El Exorcista” es testigo de la obra del padre Amorth

GIULIO NAPOLITANO / AFP/AI

La mayor parte de la gente no ha presenciado un exorcismo, obviamente, pero ¿el director de la película más famosa sobre el tema había visto alguno?

La respuesta es negativa. En 1973 William Friedkin llevó a la pantalla el libro de William Peter Blatty El Exorcista y logró asustar a muerte a millones de espectadores, pero nunca había presenciado un exorcismo.

Al menos hasta hace poco tiempo.

Friedkin habló en su último número de Vanity Fair, y el título del artículo, The Devil and Father Amorth: Witnessing the ‘Vatican Exorcist’ at Work (El Diablo y el Padre Amorth: Siendo testigo de la obra del ‘Exorcista del Vaticano’), es una referencia a dos de los adversarios más famosos de la historia reciente: uno está en circulación desde hace muchísimo tiempo, el otro es un hombre que ha escrito mucho libros sobre su experiencia de liberar a la gente del diablo.

Hablamos del padre Gabriele Amorth, exorcista de la diócesis de Roma hasta su muerte, el pasado septiembre.

El exorcismo –de una mujer de casi cuarenta años llamada Rosa– sucedió el 1 de mayo, el día del 91º cumpleaños del padre Amorth.

Friedkin describe a un sacerdote que pasa de habitación en habitación con un bastón y que se esfuerza al levantarse tras haberse arrodillado a orar, pero se levanta temprano en la mañana y pasa seis horas respondiendo correos procedentes de todo el mundo, usando una pluma estilográfica y lamiendo cada sobre y cada timbre.

Friedkin, con el permiso del padre Amorth, filmó el exorcismo. Era el noveno de la mujer con el sacerdote.

“Como con la psiquiatría tradicional, el paciente en general no es ‘curado’ tras la primera sesión”, afirma Friedkin. “El padre Amorth exorcizó a un hombre durante 16 años”.


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Poco después del inicio del ritual, quedó claro cuán arraigada era la posesión.

William Friedkin a través Vanity Fair

“SANCTISSIMO DOMINE MIGRA”, ordenó el padre Amorth, usando el ritual romano de Pablo V del 1614. Aunque Rosa no hablaba ni entendía latín, respondió con fuerza gritando “MAI” (Nunca).

Friedkin escribió:

Se comenzó a oír un zumbido bajo, como de un enjambre de abejas, mientras el resto de personas presentes en la habitación oraban en silencio. “SPIRITO DEL SIGNORE. SPIRITO, SPIRITO SANCTO SANCTISSIMA TRINITA”. (Espíritu de Dios, Espíritu Santo, Santísima Trinidad… Ayuda a Rosa, Señor, destruye esta fuerza maligna para que Rosa pueda estar bien y hacer bien a los demás. Aleja el mal de ella).

El padre Amorth creía que en la base de la posesión de Rosa había una maldición lanzada contra ella por la novia del hermano, que decía que era bruja. El sacerdote consideraba que el hermano de Rosa y su novia eran miembros de un poderoso culto demoniaco.

El padre Amorth invocó a los cultos satánicos, la superstición, la magia negra que la había poseído. Ella reaccionó, gruñendo, y gritó “MAAAAAAIIIIII!!!” (¡Nunca!) El grito llenó la habitación.

Otra voz surgió de la profundidad de ella gritando:“NON TOCCARLA! NON DEVI TOCCARLA!!”(“¡No la toques! No la debes tocar!) Los ojos de Rosa estaban todavía cerrados. El padre Amorth gritó “CEDE! CEDE!” (¡Ríndete!)

La mujer reaccionó violentamente: “IO SONO SATANA” (Yo soy Satanás). El zumbido continuó. Rosa se volvió más provocativa y alterada. La habitación estaba fría, pero sudaba.


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Al finalizar el procedimiento, Friedkin le preguntó a Rosa si tras el exorcismo se sentía mejor. “Cada vez me parece que me esté liberando”, respondió la mujer. “Logro sentir al diablo que sufre dentro de mí”.

Friedkin, que se define agnóstico, escribió que a 45 años del estreno de su película quería ver “los que hemos trabajado en la película cuán cercanos hemos estado de la realidad, o descubrir que lo que creamos era pura invención”.

Por eso consultó a varios expertos médicos, que vieron los videos del padre Amorth ofreciendo sus propios comentarios.

Al final, la historia de Friedkin da un giro inesperado y la historia de Rosa no tiene un final feliz. Al menos no todavía. El padre Amorth murió, y el diablo es tenaz y caprichoso. Le queda al lector esperar que Rosa encuentre otro exorcista igualmente fuerte.


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