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Papa Francisco: ¡No al “gatopardismo” espiritual!

El Papa cita la famosa película de Visconti para hablar de la hipocresía de quienes dicen "sí" a Dios pero luego es "no"

Papa Francisco: ¡No al “gatopardismo” espiritual!

Il Gattopardo - Public Domain

Todos tenemos en el corazón resistencias a la gracia: hay que encontrarlas y pedir ayuda al Señor, reconocerse pecadores. Es la exhortación de Francisco en la homilía este jueves en la Casa Santa Marta del Vaticano. El Papa se detiene sobre todo en las resistencias escondidas de las palabras vacías, justificadoras y acusatorias. El Papa pone en guardia contra el “gatopardismo espiritual” de quien dice que todo cambiará para después no cambiar nada.

“Que tu gracia venza las resistencias del pecado”. De esta oración colecta de hoy parte la homilía del Papa, que se centra en las resistencias para avanzar que siempre se dan en la vida cristiana.

El papa Francisco distingue varios tipos de resistencias. Están las “resistencias abiertas, que nacen de la buena voluntad” como la de Saulo que se resistía a la gracia pero “estaba convencido de que hacía la voluntad de Dios”. Jesús mismo le dice que se detenga y Saulo se convierte. “Las resistencias abiertas son sanas”, en el sentido de que “son abiertas a la gracia para convertirse”. Todos de hecho somos pecadores.

Para el Papa, en cambio, las “resistencias escondidas” son las más peligrosas porque son aquellas que no se hacen ver. “Cada uno de nosotros tiene un estilo propio de resistencia escondida a la gracia”. Pero hay que encontrarlo “y ponerlo ante el Señor, para que nos purifique”.

Es la resistencia de la que Esteban acusaba a los doctores de la Ley: resistirse al Espíritu Santo mientras querían aparecer como si estuvieran buscando la gloria de Dios. Decir esto a Esteban le costó la vida, recuerda Francisco.

“Estas resistencias ocultas, que todos tenemos, ¿de qué naturaleza son? Siempre vienen para detener un proceso de conversión. ¡Siempre! Es detener, no es luchar contra él. ¡No, no! Es quedarse quieto, incluso sonreír, pero tú no pasas. Resistir pasivamente, a escondidas. Cuando hay un proceso de cambio en una institución, en una familia, oigo decir: ‘Pero, hay resistencias… ¡Pues gracias a Dios! Si no las hubiera, eso no sería de Dios. Cuando se dan estas resistencias, es el diablo el que las siembra, para que el Señor no siga adelante”.

Francisco habla de tres tipos de resistencias ocultas. Está la resistencia de las “palabras vacías”. Para hacerse entender mejor, Francisco se remite al evangelio del día, cuando Jesús dice que no todo el que diga “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos. Como en la Parábola de los dos hijos a los que el Padre envía a su viña: uno dice “no” y luego va, mientras que el otro dice “sí” y luego no va.

“Decir que sí, todo sí, muy diplomáticamente; pero es ‘no, no, no’. Muchas palabras: ‘Sí, sí, sí; ¡lo cambiaremos! ¡Sí!’, para no cambiar nada, ¿no? Es el gatopardismo espiritual: todo es sí, pero en realidad es que no. Es la resistencia de las palabras vacías”.

Después está la resistencia “de las palabras justificatorias”, o sea, de una persona que se justifica continuamente, “siempre tiene una razón que oponer”: “No, eso lo he hecho por eso”. Cuando hay tantas justificaciones, “no está el buen olor de Dios”, dice el Papa, sino “está el mal olor del diablo”.

“El cristiano no necesita justificarse”, aclara  Francisco. “Ha sido justificado por la Palabra de Dios”. Se trata por tanto de resistencia de las palabras “que intentan justificar mi postura para no seguir lo que el Señor me indica”, explica el Papa.

Y luego está la resistencia “de las palabras acusatorias”: cuando se acusa a los demás para no mirarse uno mismo, no hay necesidad de conversión y así uno se resiste a la gracia, como pone de manifiesto la parábola del fariseo y del publicano.

Las resistencias no son esas grandes resistencias históricas, como la linea Maginot u otras, sino las que “están en nuestro corazón todos los días”. La resistencia a la gracia es un buen signo “porque nos indica que el Señor está trabajando en nosotros”. Debemos por tanto “hacer caer las resistencias, para que la gracia siga adelante”.

La resistencia de hecho intenta siempre esconderse en la formalidad de las palabras vacías, de las palabras justificatorias, de las palabras acusatorias y tantas otras, intenta “no dejarse llevar delante del Señor” porque “siempre hay una cruz”.

“Donde está el Señor habrá una cruz, pequeña o grande. Es la resistencia a la cruz, la resistencia al Señor que nos trae la redención”,  explica el Papa. Por tanto, cuando hay resistencias no hay que tener miedo, sino pedir ayuda al Señor reconociéndonos pecadores.

“Yo les diría que no tengan miedo cuando uno de ustedes, cada uno de ustedes, encuentra que en su corazón hay resistencias. Díganselo claramente al Señor: ‘Mira, Señor, yo intento esconder esto, hacer esto para no dejar entrar tu palabra’. Y decir esta palabra tan bella, ¿no? “Señor, con gran fuerza, socórreme. Que tu gracia venza las resistencias del pecado”.

“Las resistencias son siempre un fruto del pecado original que llevamos. ¿Es malo tener resistencias? ¡No, es bello! Lo malo es tomarlas como defensa de la gracia del Señor. Tener resistencias es normal, es decir: ‘Soy pecador, ¡ayúdame Señor!’. Preparémonos con esta reflexión para la próxima Navidad”.