Testimonio

Ortega y Gasset murió besando un crucifijo

“Creemos en algo con fe viva cuando esa creencia nos basta para vivir", escribió el gran filósofo español

Ortega y Gasset murió besando un crucifijo

Arnel Genterone-CC

El pensador José Ortega y Gasset murió confesado y comulgado, besando un crucifijo. Así lo sostiene Carmen Castro, hija del historiador Américo Castro y esposa de Xavier Zubiri, en una carta dirigida a un sacerdote capuchino. El diario El País publica esta revelación mostrando la carta que ha sido rescatada por la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio Lecároz (1888-2004).

Murió dentro de la Iglesia. De esto no tenemos duda. Besó por dos veces un Cristo llevando él a los labios la mano que lo sostenía. El Padre Félix lo confesó -esto, claro, se supone porque el Padre Félix no puede decirlo-. Lo que sí dice es que le dio la absolución papal”, destaca en la carta que Carmen Castro envió al sacerdote José Gonzalo Zulaica.

No es la primera vez que se muestra la relación de Ortega y Gasset con la fe y el catolicismo. En 1935 la universidad inglesa de Oxford publicó un volumen sobre Filosofía e Historia en el que Ortega y Gasset participó. Allí escribió un ensayo: La Historia como sistema.

El carácter razonable de la fe en Dios

“Las creencias constituyen el estrato básico, el más profundo de la arquitectura de nuestra vida. Vivimos de ellas y, por lo mismo, no solemos pensar en ellas. Pensamos en lo que es más o menos cuestión. Por eso decimos que tenemos estas o las otras ideas; pero nuestras creencias, más que tenerlas, las somos”, escribía en este ensayo Ortega y Gasset.

Creemos en algo con fe viva cuando esa creencia nos basta para vivir“, continúa Ortega y Gasset, “y creemos en algo con fe muerta, con fe inerte, cuando, sin haberla abandonado, estando en ella todavía, no actúa eficazmente en nuestra vida. La arrastramos inválida a nuestra espalda, forma aún parte de nosotros, pero yaciendo inactiva en el desván de nuestra alma”.

“No apoyamos nuestra existencia en aquel algo creído, no brotan ya espontáneamente de esta fe las incitaciones y orientaciones para vivir. La prueba de ello es que se nos olvida a toda hora que aún creemos en eso, mientras que la fe viva es presencia permanente y activísima de la entidad en que creemos”.

Ortega y Gasset fue uno de los más grandes filósofos españoles y en su obra abordó, entre otros temas, la vida como la realidad más radical: a ella tenemos que referir todas las demás realidades. Por ello esa alusión que él hizo sobre fe muerta y fe viva.

Su relación con la razón y la ciencia también tienen grandes análisis porque Ortega y Gasset ve la ciencia en peligro. En ella la fe, explica, ha pasado de ser fe viva a inerte.

Ahora conocemos con esta carta cómo la radicalidad por la vida de Ortega y Gasset llegó hasta el extremo de sus últimos días y momentos. Al final de sus días Ortega y Gasset se decantó por una fe viva. La fe que le hizo confesar y comulgar y que haría que finalmente muriera abrazado y besando un crucifijo.