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La droga como emergencia nacional

La Iglesia argentina pidió al gobierno que declare en todo el país la emergencia por el flagelo de la droga. El presidente Mauricio Macri respondió convocando ayer a la tarde a la residencia de Olivos a una delegación del grupo que por cuenta del episcopado promovió el llamamiento; también se encontraban presentes varios ministros – de Trabajo Jorge Triaca, de Seguridad Patricia Bullrich, de Desarrollo Social Carolina Stanley – y la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.

La decisión de la Iglesia argentina fue sumamente importante y confirma la gravedad que ha adquirido el problema de las dependencias y los estupefacientes en la tierra del Papa.  La Comisión Nacional de pastoral sobre adicciones y drogadependencia hizo un llamamiento formal la semana pasada con un documento que leyó el principal portavoz de la lucha contra la drogadependencia, el sacerdote José María di Paola, conocido por todos como Padre Pepe. “No queremos drogas en nuestros lugares y apoyamos los intentos por erradicarlas. En ese sentido, entendemos que sería bueno poner la mirada también en los circuitos financieros que lo hacen posible” dice el documento.

La razón que llevó al episcopado a exigir un salto cualitativo en la lucha contra las dependencias es la dimensión del fenómeno que está registrando esa red capital, extensa y extremadamente sensible que forman las parroquias. “La Comisión del episcopado contra la drogadependencia tiene representantes en todo el país: laicos, religiosas y sacerdotes nombrados por el obispo local”, explica el coordinador, Di Paola. El padre Pepe acaba de volver del quinto encuentro nacional de centros de recuperación, y con datos frescos en la mano traza un panorama oscuro. “Hemos reunido información sobre el terreno que demuestra que la venta al menudeo y el consumo ha crecido en todo el territorio del país. No solo en las villas, sino en el interior de las provincias, incluso en los pueblos más chiquitos, en las zonas rurales y en las áreas urbanas”. “Y lamentablemente” agrega, “no vemos que se implementen dispositivos adecuados tanto para la prevención como para la recuperación, que puedan afrontar con posibilidades de éxito un problema de las dimensiones que los delegados nos vienen documentando”. Con un agravante más: el permanente crecimiento de las villas urbanas, como en Buenos Aires, donde la población ha llegado a 380.000 personas con un incremento de 30 personas por día, según los números recientemente publicados por la ONG Techo que también coinciden con los relevamientos de fuentes oficiales.

Pepe di Paola leyó el discurso pronunciado por el Papa Francisco hace pocos días en la Pontificia academia de Ciencias sobre “Narcóticos: problemas y soluciones de esta plaga mundial”. Citó una frase especialmente grave: “Cuando se quiere buscar y ascender por las redes de distribución, uno se encuentra con esa palabra de cinco letras: mafia”. El sacerdote está convencido de que la referencia que ha dejado deliberadamente implícita es el caso del sacerdote Juan Viroche, “ahorcado” en la provincia de Tucumán el 5 de octubre. El padre Pepe di Paola también había usado la palabra “mafia” para identificar a los mandantes de la muerte. Son “mensajes mafiosos”, dijo, “que provienen de la oscuridad y que tienen algo de diabólico”.

Al despedir a los representantes durante la conferencia internacional sobre la producción, uso y tráfico de drogas ilegales, el Papa puso el dedo en una llaga abierta: “Pienso en mi patria: hace 30 años era un país de tránsito; después, de consumo, y hasta algo de producción”. Hace un año y medio, en marzo de 2015, había declarado a una pequeña revista de la periferia argentina que publica el padre Pepe – La Cárcova news – que “hace 25 años era un lugar de paso de la droga, hoy en día se consume. Y no tengo la certeza, pero creo que también se fabrica”. “Confirmó lo que les había dicho a los jóvenes en esa entrevista que ya en aquel momento generó polémica” recuerda el padre Pepe, “pero lo que él dice se fundamenta en datos que recibe de las diócesis y de todos los países, y que coinciden con los que reunimos nosotros”.

¿Qué significa declarar una emergencia nacional de este tipo?, ¿qué quiere decir concretamente pedirle al gobierno un salto cualitativo? “Profundizar la conciencia de un drama con el que no podemos acostumbrarnos a convivir”, responde el padre Pepe, y cita los casos de madres que piden una estructura para hacer un tratamiento y no reciben respuesta, de jóvenes que necesitan un lugar de recuperación y no lo encuentran donde viven. “Darle prioridad a esta emergencia significa que el gobierno nacional, provincial y municipal, las instituciones y organizaciones de la sociedad civil, se pongan a trabajar con este objetivo específico, generando recursos que vayan a estas actividades y sobre todo creando la mentalidad de que la prevención y la recuperación son temas importantes con los que debemos medirnos de manera organizada”.

Pepe di Paola y los sacerdotes de las villas miseria argentinas coinciden en considerar que la lucha contra el tráfico y consume se pelea sobre el terreno. “El poder político tiene responsabilidades de primer orden, pero incluso una pequeña municipalidad de un pueblo que no puede financiar un centro de recuperación, tal vez tenga un club de bochas que ya no se usa y puede organizar una estructura de recuperación”.

Del blog Terre d’America