Espiritualidad

¿Estarías preparado para morir ahora?

A veces puedo vivir apegado a mis cosas, a mis planes, a mis bienes, a mi vida, a mi presente... y no quiero cambios

¿Estarías preparado para morir ahora?

© Tim Alamenciak / Flickr / CC

El tiempo de Adviento me invita a prepararme para la llegada de Jesús: “Estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre”. Quiere que me deje hacer y que esté listo para cuando llegue. No quiere que haga cálculos. Quiere que viva el presente con pasión. Cada día preparado por si viene.

Vivir así la vida le da una hondura que a veces desconozco. Vivir en presente. Aquí y ahora. Listo para ponerme en camino cuando llegue el momento. ¿Estoy preparado para cualquier novedad? ¿Estaría preparado para irme ya con el Señor si la muerte me sobreviene? ¿Tengo una lista interminable de cosas por hacer?

A veces puedo vivir apegado a mis cosas, a mis planes, a mis bienes, a mi vida, a mi presente. Y no quiero cambios. No estoy listo. No estoy preparado.

Pienso en la actitud del que está dispuesto a comenzar a correr cuando le den la salida. Así, con esa tensión del momento. Como José y María con Jesús en ellos. Quiero vivir así. Dispuesto a la acción, a la entrega, al ofrecimiento. No quiero vivir aburguesado ni acomodado. Deseo estar preparado para comenzar. Siempre dispuesto a dar un paso más, a abrir la puerta de mi alma, para salir de mi cueva.

Hay personas que viven de teorías. Sueñan, hacen planes. Pero luego la vida les pasa muy cerca y nunca se ponen en camino. Tienen buenos deseos, fantásticas intenciones, pero se quedan dormidos al borde del camino. No quiero ser así. Quiero soñar y hacer, decir y amar. Ponerme en camino y no quedarme quieto.

Quiero vivir despierto, atento, en guardia. Como ese centinela que en medio de la noche sueña el amanecer. Me gustan las personas decididas y las personas flexibles. Las que hacen lo que dicen. Y las que están dispuestas a cambiar sus planes para adaptarse a la vida. Me gustaría ser así.

Escribe san Pablo: “Daos cuenta del momento en que vivís; ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca que cuando empezamos a creer”. Quiero despertarme del sueño. Quiero ponerme en camino. La salvación está cerca. Jesús viene a mi carne para acelerar esa salvación.

Quiero permanecer con la tensión del corredor que sólo espera la señal para comenzar su carrera. Más flexible. Menos rígido. Más ligero. Menos acomodado.

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