Vatican News

El Papa: con guerras y bombas, sepultar a los muertos es una exigencia actual

Sepultar a los muertos «puede parecer una petición extraña», pero «en algunas zonas del mundo que viven bajo el flagelo de la guerra, con bombardeos que día y noche siembran miedo y víctimas inocentes», es una obra de misericordia «tristemente actual». Lo dijo Papa Francisco durante la audiencia general de hoy, en el Aula Pablo VI, con la que concluyó el ciclo de catequesis dedicadas a las obras de la misericordia corporales y espirituales, que comenzó en ocasión del Jubileo que acaba de concluir.

«Con la catequesis de hoy concluimos el ciclo dedicado a la misericordia. Pero la misericordia debe continuar, ¡¿eh?!, las catequesis terminan», bromeó el Papa. «Agradezcamos al Señor —continuó— por todo esto y conservémoslo en el corazón como consolación y fortaleza».

«La última obra de misericordia espiritual pide rogar a Dios por los vivos y por los difuntos. A esta podemos unir también la última obra de misericordia corporal que invita a enterrar a los muertos», explicó Francisco. «Puede parecer una petición extraña esta última; en cambio, en algunas zonas del mundo que viven bajo el flagelo de la guerra, con bombardeos de día y de noche siembran temor y víctimas inocentes, esta obra es tristemente actual. La Biblia tiene un hermoso ejemplo al respecto: aquel del viejo Tobías, quien, arriesgando su propia vida, sepultaba a los muertos no obstante la prohibición del rey. También hoy existen algunos que arriesgan la vida para dar sepultura a las pobres víctimas de las guerras. Por lo tanto, esta obra de misericordia corporal no es ajena a nuestra existencia cotidiana».  
 
EL Papa continuó con la catequesis subrayando que « Rogar por los difuntos es, sobre todo, un signo de reconocimiento por el testimonio que nos han dejado y el bien que han hecho. Es un agradecimiento al Señor por habérnoslos donado y por su amor y su amistad». Al mismo tiempo, «el recuerdo de los fieles difuntos no debe hacernos olvidar también de rogar por los vivos, que junto a nosotros cada día enfrentan las pruebas de la vida». La comunión de los santos «indica que todos estamos inmersos en la vida de Dios y vivimos en su amor. Todos, vivos y difuntos, estamos en la comunión, es decir, unidos todos, ¿no?, como una unión; unidos en la comunidad de cuantos han recibido el Bautismo, y de aquellos que se han nutrido del Cuerpo de Cristo y forman parte de la gran familia de Dios. Todos somos de la misma familia, unidos. Y por esto oramos los unos por los otros. ¡Cuántos modos diversos existen para orar por nuestro prójimo! Son todos válidos y aceptados por Dios si son hechos con el corazón. Pienso en modo particular en las mamás y en los papás que bendicen a sus hijos en la mañana y en la noche – todavía existe esta costumbre en algunas familias, bendecir al hijo es una oración; pienso en la oración por las personas enfermas, cuando vamos a visitarlos y oramos por ellos; en la intercesión silenciosa, a veces con las lágrimas, en tantas situaciones difíciles, orar por estas situaciones difíciles».

Y contó una anécdota: «Ayer vino a misa a Santa Marta un buen hombre, un empresario. Pero debía cerrar su fábrica porque no podía y lloraba este hombre, joven, lloraba y decía: “Yo no puedo dejar sin trabajo a más de 50 familias. Yo podría declarar la bancarrota de la empresa, yo me voy a casa con mi dinero, pero mi corazón llorará toda la vida por estas 50 familias”. ¡Este es un buen cristiano! Ora con las obras, ora: ha venido a misa a orar para que el Señor le dé una salida, no solo para él, él lo tenía: el fracaso. No, no por él: por las 50 familias. Este es un hombre que sabe orar, con el corazón y con los hechos, sabe orar por el prójimo. Es una situación difícil. Y no busca la vía de salida más fácil: “Que ellos vean”, no. Este es un cristiano. Me ha hecho mucho bien escucharlo, mucho bien. Y tal vez existen muchos así, hoy, en este momento en el cual tanta gente sufre por la falta de trabajo; pienso también en el agradecimiento por una bella noticia que se refiere a un amigo, un pariente, un compañero… “ìGracias, Señor, por esta cosa bella!”, también esto es orar por los demás, así. Agradecer al Señor cuando las cosas son hermosas».
 
A veces, recordó Bergoglio, «como dice San Pablo, “no sabemos orar como es debido; pero es el Espíritu que intercede por nosotros con gemidos inefables”. Es el Espíritu que ora dentro de nosotros. Abramos, pues, nuestro corazón, de modo que el Espíritu Santo, escrutando los deseos que están en lo más profundo, los pueda purificar y llevar a cumplimiento».

Al concluir la catequesis, Papa Francisco invitó a comprometerse a «orar los unos por los otros para que las obras de misericordia corporales y espirituales se conviertan siempre más en el estilo de nuestra vida. Las catequesis, como he dicho al inicio, terminan aquí. Hemos hecho el recorrido de las 14 obras de misericordia, pero la misericordia continua y debemos ejercitarla en estos 14 modos».

Al final de la audiencia, el Papa hizo un llamado en vista de la Jornada mundial contra el SIDA, promovida por las Naciones Unidas: «Millones de personas conviven con esta enfermedad y sólo la mitad de ellas tiene acceso a terapias que pueden salvar vidas —recordó. Invito a rezar por ellos y por sus seres queridos y a promover la solidaridad para que también los más pobres puedan beneficiar de diagnósticos y cuidados adecuados. Dirijo en fin un llamamiento para que todos adopten comportamientos responsables para prevenir una difusión ulterior de esta enfermedad».

Francisco hizo también un llamado a la Conferencia internacional sobre la protección del patrimonio en las zonas en conflicto, que con la iniciativa de Francia y Emiratos Árabes Unidos, y con la colaboración de la UNESCO, se llevará a cabo del 2 al 3 de diciembre: «Lamentablemente —sentenció— es un tema dramáticamente actual. Con la convicción de que la tutela de las riquezas culturales constituye una dimensión esencial de la defensa del ser humano, deseo que este evento marque una etapa nueva en el proceso de actuación de los derechos humanos».