Religión

Viacrucis: 14 sacerdotes en el camino de Cristo a la cruz

La misericordia clavada en la cruz

Viacrucis: 14 sacerdotes en el camino de Cristo a la cruz

Alfa y Omega

14 testimonios de sacerdotes, recogidos por el delegado para el Año de la Misericordia de la Archidiócesis de Pamplona y Tudela, Javier Leoz, para ilustrar las 14 estaciones del camino de Cristo a la cruz

Se acerca la Semana Santa y, en estas horas, habla el silencio, el amor, el dolor y la obediencia. Y, todo ello, se escucha a través del altavoz de la cruz. ¡Con qué nitidez y gravedad se nos expresa!

En el Año de la Misericordia, el Papa Francisco, nos recordaba que «el amor es la viga de la Iglesia». El primer vía crucis que unió el enlosado con el calvario fue un derrame de generosidad, gestos, ternura, perdón, miradas y entrega.

Pero desde entonces, de aquel mismo momento en el que Cristo nos invitaba a llevar su cruz, han sido miles, millones, los vía crucis que hombres y mujeres, sacerdotes y laicos, obispos y Papas, han representado y vivido desde su profunda adhesión a Jesucristo. Unos lo habrán vivido, en carne propia, la primera o la quinta estación, otros la novena o la décima pero –todos– lo hicieron sabedores de que Cristo estaba en medio de todo ese vía crucis existencial, misericordioso y espiritual que intentaron llevar a plenitud por el camino de Evangelio.

Estos 14 testimonios, de este extraordinario vía crucis de la misericordia, son un pequeño resumen de esos otros miles de ejemplos (unos conocidos y otros en la memoria de Dios) que nos pueden ayudar a reafirmar nuestro amor a la cruz, la misericordia como identidad y la fe como motor de todas nuestras entregas.

Y es que, muchas de las misericordias (los corazones que se abren y buscan las miserias de los demás) pueden acabar como la majestuosa y magnánima generosidad de Dios en favor del hombre: en la cruz. Y es que, no siempre, el amor es acogido, reconocido y aplaudido. ¡Qué importa! Dios, al final, vence y hace que más allá de la dureza de los maderos de la Santa Cruz triunfe la mañana de la Resurrección en Cristo y por Cristo.

1ª Estación: Jesús condenado a muerte

Oración: Te adoramos oh Cristo porque por tu santa cruz redimiste al mundo

Foto: CNS

Un drama con una entrega increíble en el final de su vida: William Carmona, seminarista de la diócesis norteamericana de Nashville, estaba con cáncer en su fase terminal. Fue ordenado el 10 de septiembre de 2014 en la cama de la clínica donde fallecería.

En el cuarto de cuidados intensivos William Carmona fue ordenado diácono y a continuación sacerdote. Dos días después el nuevo sacerdote murió de un cáncer que había progresado fuertemente.

El obispo de Nashville dijo: «ordenar a quien da de esta manera la cara a la muerte refleja el Misterio Pascual. Administrar el Sacramento del Orden trae la alegría y el cumplimiento y es un momento culminante en la vida de cualquier obispo».

Casi 200 personas que se habían reunido para participar en esta ordenación extraordinaria, familia, seminaristas y un arzobispo de una diócesis vecina fueron testigos de cómo otro «cristo» consagrado por el Santo Óleo derramaba la sangre en la cruz del Redentor. Durante la Misa, el seminarista, estaba inmóvil, los móviles vigilaban su estado de salud. Su estado era muy débil y asentía no con la voz, pero sí con los gestos, a las preguntas.

Previamente, en el tiempo de preparación, preguntaba: «¿Dónde está el obispo?» «¿Cuándo viene?».

«¿Cuántas horas tengo que esperar todavía hasta ser ordenado?» «Quiero entregarle al Señor las últimas horas de mi vida y lo quiero hacer como sacerdote. Quiero ser otro cristo por unas horas».

Willian Carmona estaba cursando el cuarto año de teología. Colombiano de 51 años, vocación tardía y con un temperamento afable y extremadamente cariñoso. Sus compañeros afirmaban: «Jamás nos hemos encontrado con alguien que tuviera una espiritualidad tan fuerte. Estaba tan unido a Dios que podía demostrarlo a quien fuera. Se le había visto siempre en la iglesia rezando y sirviendo a los demás».

Señor pequé, ten piedad y misericordia de mí