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Doce muestras de la Misericordia Divina

© falco
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Maneras de aprender a ser misericordiosos como Jesús

Dice el Papa Francisco que la misericordia del Dios invisible se ha hecho visible en Jesús. Por ello inicia su Carta Apostólica El rostro de la misericordia afirmando: “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre”(MV1). Así pues, vale la pena dedicar este Año Santo a reflexionar sobre la manera en que Jesús nos manifiesta Su misericordia, no sólo para ser conscientes de ella, agradecerla y disfrutarla, sino también para aprender a ser misericordiosos como Jesús.

Para ello puede ayudarnos considerar las siguientes muestras de Su misericordia:

1. Jesús se hizo hombre (ver Jn 1,9-14; Lc 1,28; Heb 2, 18; 4,15; Flp 2, 5-7)

Por amor a nosotros renunció a los privilegios de Su condición divina para venir a salvarnos. Nos acompaña, nos comprende y nos da ejemplo de cómo vivir. Aprendamos de Él y animemos a otros a imitarlo.

2. Jesús nos trajo Su Reino (ver Mc 1,14-15; 4,30; Mt 4, 23a; 13).

Jesús nos invita a edificar, habitar y anunciar Su Reino de amor, paz, justicia, verdad y perdón, y ¡no deja a nadie fuera de esa invitación!

3. Jesús nos dio Su Palabra (ver Mc 6, 34: Jn 17, 6-8).

Escuchemos y animemos a otros a escuchar a Jesús, que tiene siempre palabras que nos iluminan, reconfortan, fortalecen, dicen lo que necesitamos escuchar.

4. Jesús nos perdona (ver Lc 5,20-25; 15; 23,34; Jn 3, 16-17).

No importa qué tan bajo caigamos, Jesús nos perdona. Dice el Papa Francisco que Dios nunca se cansa de perdonarnos. Aprovechemos este Año Santo para reconciliarnos con Él y animar a otros a acercarse Él.

5. Jesús nos sana (ver Mt 8, 16-17; Lc 4, 40).

Dice san Francisco de Sales que Dios nos libra de los sufrimientos o nos da la fuerza para superarlos, y siempre podemos unirlos, y animar a otros a unirlos a los Suyos para hallarles sentido redentor, aceptarlos con gratitud y ofrecérselos con amor.

6. Jesús nos dejó Su Presencia Real en la Eucaristía (ver Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-24; Lc 22, 19-20).

Quiso quedarse oculto en la Hostia Consagrada para que podamos contemplarle y recibirle, y nos apuntale el corazón para amar como Él nos ama. Este Año Santo invitemos a otros a acompañarnos a Misa y a la Hora Santa.

7. Jesús nos encomendó a María y a la Iglesia (ver Jn 19, 25-27; Mt 16, 18-19).

Jesús nos compartió a Su Madre, quien con su ternura y poderosa intercesión vela por nosotros. Y nos dio la Iglesia, que nos integra a la familia de Dios, nos da Su gracia y nos encamina hacia la santidad. Amémoslas e animemos a otros a conocerlas y a amarlas.

8. Jesús murió en la cruz por nosotros (ver Jn 10, 11.17-18; 15,13; Lc 23, 44-46; Rom 5, 6-11).

Él, el Justo, pagó por los injustos. Asumió nuestros pecados y miserias y los redimió en la cruz. Consolémonos y consolemos a otros con esa certeza.

9. Jesús resucitó y nos invita a la vida eterna (ver Jn 11, 25-26; Lc 24, 1-8; Rom 5, 17-21).

Le abrió una salida a nuestros sepulcros. Y nos ama tanto que nos invita a pasar la eternidad con Él. Pongamos nuestra esperanza en los bienes del cielo, no en los de la tierra.

10. Jesús nos reitera Su amistad incondicional (ver Jn 15, 15; Rom 8, 35-39).

Gocémonos en sabernos amigos de Jesús e invitemos a otros a aceptar Su amistad.

11. Jesús nos da una vocación y nos confía una misión. (ver Mc 16, 14-18; Mt 28, 16-20).

Nos llama a amar y nos envía a ir de Su parte a anunciar al mundo la Buena Nueva del Reino, vocación y misión que todos podemos cumplir y que nos hace dichosos y plenos.

12. Jesús nos envió a Su Espíritu Santo. (ver Jn 20,22; Hch 2, 1-4; 10, 44-46).

Nos envió al Espíritu Santo que nos colma de dones, nos inspira, intercede por nosotros, es nuestro guía, nuestro Consolador.

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