Santos

Un matrimonio víctima del genocidio de Ruanda podría ser declarado santo

Cyprien y Daphrose Rugamba fueron víctimas del duro conflicto que hace veinte años desangró el país. Ahora se ha abierto oficialmente la causa de canonización

Un matrimonio víctima del genocidio de Ruanda podría ser declarado santo

Fueron masacrados hace 21 años, el 7 de abril de 1994, junto a seis de sus diez hijos, un día después del asesinato del presidente Juvenal-Habyarimana, que fue el inicio de lo que conocemos como el genocidio de Ruanda. 800.000 personas fueron víctimas de la furia homicida entre las poblaciones hutus y tutsis, y ahora los siervos de Dios Cyprien y Daphrose Rugamba comienzan el camino a los altares. Una pareja de testigos del Evangelio en la cotidianidad de la vida matrimonial, como María y Luis Beltrame-Quatrocchi (beatificados en 2001) o Zelia y Louis Martin, beatificados en 2008 que, en breve, serán canonizados por Papa Francisco.

El pasado viernes, casi en la vigilia del Sínodo por la Familia, el arzobispo de Kiagli, mons.  Thaddeus Ntihinyurwa, en la Catedral de San Miguel de la capital ruandesa, abrió oficialmente la causa de canonización de los cónyuges Rugamba.

Waldery Hilgeman, el postulador de la causa, fue también el de la de Chiara Lubich: ahora le ayudan Reginald Cruz y François-Xavier Ngarambe, quien junto a su mujer Yvonne-Solange Ngarambe dirigen la Comunidad del Emmanuel, la estructura ruandesa de acogida para los jóvenes de la calle, fundada en 1990 por los Rugamba. El 18 de septiembre celebró su 25º aniversario.

En el transcurso de su visita a África en septiembre de 1990, San Juan Pablo II expresó su intención de canonizar a una pareja de esposos: Papa Wojtyla no pudo encontrar a los Rugamba (fueron martirizados cuatro años después), pero fue como si hubiese pensado precisamente en ellos, revela en estos días François-Xavier Ngarambe, que escribe en un comunicado: “La fama de santidad de esta pareja, difundida en todo el país, ha empujado a la comunidad Emmanuel a pedir el comienzo de la causa de canonización”.

Como sucede a menudo, no hay nada de extraordinario en la vida de estos cónyuges africanos, excepto la santidad de dos esposos en el sí pronunciado mutuamente y a Dios en la cotidianidad de la vida familiar, que siempre se extiende en círculos concéntricos.

Se conocían desde siempre, Cyprien Rugamba (nacido en 1935) y Daphrose Mukasanga (nacida en 1944) porque crecieron y vivieron la adolescencia en la misma parroquia del sur de Ruanda. Después, sus caminos se separaron y Cyprien entró en un seminario, pero solo fue un paréntesis de dos años: salió para continuar sus estudios en la universidad de Burundi, y después en Bélgica, donde se graduó en Ciencias Sociales. Sus intereses eran muchos y cultivaba además la poesía, la música y la coreografía (creó una compañía de baile tradicional, la Amasimbi n’Makombe).

Daphrose, mientras tanto, se convierte en maestra y se dedica a la educación de los niños de la zona. Se casaron en 1965, y la oración silenciosa de Daphrose el día de la boda, (que Cyprien volviera a la fe, que había abandonado desde su salida del seminario), fue escuchada en 1982 en el santuario mariano de Kibeho, cuando la familia era ya numerosa.

Hasta entonces la pareja había sido un modelo de amor por todos y su casa era un lugar donde se respiraba atención y acogida a todos. Desde la conversión de Cyprien, comienza una vida de intensa fe en la pareja que se amplía a distintos grupos en los que participaban.

Pero todavía no bastaba para colmar la sed de su gran corazón: en 1989, durante un viaje a Francia, visitan una Comunidad Emmanuel en Paray-le-Monial. Al volver a África, deciden fundar una en su misma casa. En el momento de su muerte, el número de menores que participaban en ella ya superaba el centenar, y hoy es la segunda comunidad en el mundo con más de 1000 miembros.

Mientras aumentaba la violencia en el país, Cyprien se esforzaba por la pacificación de las conciencias: declarándose “de parte de Jesús”, evitando decantarse en una lucha fratricida, rechazando la obligación de la declaración étnica. Muchos aconsejaron a la pareja que huyeran de Kigali hacia lugares más seguros. Ellos, aún siendo conscientes del peligro, rechazaron esta posibilidad para poder seguir trabajando con los jóvenes que la violencia hacía que fuesen cada vez más numerosos.

La tarde del 7 de abril de 1944 como si fuese un presentimiento, la oración de la tarde se convierte en una adoración eucarística nocturna: morirán así con el corazón y la mente orientadas a Dios, junto a sus hijos naturales y muchos de los habían adoptado.

La Comisión deberá verificar sus virtudes heroicas y el martirio por causa de la fe: sus biografías, realizadas por la Comunidad Emmanuel, cuentan que los dos esposos “estaban llenos de Dios y eran testigos de una gran esperanza, que habían elegido deliberadamente trabajar por la paz y la reconciliación del pueblo ruandés”.

“Te pedimos, Señor, por la beatificación de los Siervos de Dios, Daphrose y Cyprien – se lee en la web. Regálanos, como a ellos, un celo incesante por la oración, un corazón ardiente de amor por ti, y gestos de misericordia concreta por todos los que sufren. Ayúdanos en nuestro servicio de evangelización de las familias y de los pobres. En comunión con ellos, te confiamos a las parejas que viven dificultades conyugales y las personas que alcanzan, no sin fatiga, el perdón a sus enemigos, y te pedimos que nos hagas instrumentos de paz”.

Artículo publicado en italiano por Vatican Insider y traducido por Aleteia 

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