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¿Por qué la Iglesia habla de política? El beato Romero responde

Leif Skoogfors/CORBIS/Corbis via Getty Images
A 1979 portrait of Archbishop Oscar Romero of El Salvador, an outspoken proponent of human rights. Romero was assassinated March 24, 1980 as he said Mass at a hospital chapel. (Photo by �� Leif Skoogfors/CORBIS/Corbis via Getty Images)
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Un texto poco conocido del arzobispo de San Salvador abogaba por una política centrada en la persona y no en los partidos políticos o en los grupos de poder

Una de las críticas más frecuentes que enfrentó durante su vida como obispo auxiliar y como arzobispo de San Salvador el beato Óscar Arnulfo Romero, sobre todo por parte de los grupos de extrema derecha, fue su intromisión constante en “asuntos de política”.

En El Salvador, como en muchos otros países de América Latina, los partidos políticos se han adueñado, literalmente, del poder y a la Iglesia católica la han querido condenar -el caso de México es paradigmático- a la sacristía y a los católicos, al culto en privado.

En el número 30810 del salvadoreño Diario de Oriente, correspondiente al martes 6 de junio de 1972, monseñor Óscar A. Romero, entonces obispo auxiliar de San Salvador, escribió el artículo que llevó por nombre “¿Por qué la Iglesia habla de política?”, justamente en los tiempos del postconcilio.

“Recientemente -escribió el beato- Su Santidad Pablo VI bosquejó una interesante síntesis del pensamiento de Iglesia en materia política. Esta circunstancia nos ofrece la oportunidad de iluminar una vez más nuestro ambiente, tan cargado de política, con la luz inconfundible de la enseñanza católica, que nuestros políticos no deben desconocer, al menos como una opinión que les interesa”.

El beato Romero Galdámez recordaba que el Papa Pablo VI, también camino a los altares, afirmaba que ni él ni la Iglesia se encontraban afiliados a partido político alguno, pero que era su deber moral poner en la palestra una serie de criterios que favorezcan el bien común y el pleno desarrollo tanto de las personas como de los pueblos y de formar un sentido de responsabilidad en todos los estamentos de la sociedad.

“Democracia difícil, llamó el Papa a este conjunto de exigencias morales, que pesan sobre la conciencia, de un político verdadero. Para éste, no puede haber otra meta que una justicia social efectiva para todas las clases. El poder público -si quiere ser eficaz y merecer el respeto de todos- tiene que ser un servicio desinteresado y honesto a todos los compatriotas”, apuntó el beato Romero..

La política y el hombre integral

En su artículo de junio de 1972, el entonces obispo auxiliar de San Salvador adelantaba algo que sería esencial en su prédica como arzobispo (a partir de 1977) y que le llevaría a la muerte por odio a la fe: que, para la Iglesia en la política solo existe un criterio: el hombre, hecho a imagen de Dios, redimido y dotado de una vocación completa, que comprende cuerpo y espíritu, tiempo y eternidad.

“Para la Iglesia, solo será auténtic, la política que tenga en cuenta los valores que implica esta realidad humana”, escribió en el Diario de Oriente el recientemente nombrado beato por el Papa Francisco a través del cardenal Angelo Amato.

Poner en el centro a la persona y no a los partidos políticos o a los grupos de poder es el resumen de la doctrina social cristiana en materia política, tal cual la concebía Pablo VI y como la pudo concebir, para el beato Romero, el año y medio que le tocó en vida el pontificado de san Juan Pablo II.

Y poner a la persona en el centro hace una democracia difícil, es verdad, “pero será la única que puede garantizar un sólido bien común”, terminaba diciendo monseñor Óscar Arnulfo Romero aquel 6 de junio de 1972.

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