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Las abejas, el cirio pascual y Pío XII

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La Pascua es el culmen de la vida cristiana y la solemnidad más grande de toda la vida litúrgica de la Iglesia

La Pascua es el culmen de la vida cristiana y la solemnidad más grande de toda la vida litúrgica de la Iglesia. La celebración de la Vigilia Pascual se divide en cuatro momentos igualmente importantes y ricos de significado: la liturgia de la Luz, la liturgia de la Palabra, la liturgia Bautismal y la liturgia Eucarística.

El término “Pascua”  – tal y como indica el hebreo Pesach – significa “pasaje”: es la fiesta del pasaje de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad, de las tinieblas a la luz.

Es por eso que –en la riqueza de símbolos llenos de significados– el cirio pascual asume un significado primordial: es el símbolo de Cristo, “nuestra luz”, que ilumina las tinieblas del pecado en el que vivía el mundo antes de su Encarnación y en el que a menudo se encuentran nuestros corazones.

La luz del cirio pascual ilumina cada celebración durante los cincuenta días de la Pascua (la cincuentena pascual) y se apagará solemnemente al finalizar la Vigilia de Pentecostés.

Las abejas en la Laus Cerei

La importancia del cirio pascual, solemnemente encendido en la Noche Santa, se evidencia por el amplio espacio que le dedica el antiguo himno del Exultet –conservado en el Misal Romano– que anuncia el glorioso evento de la Resurrección de Jesús. Es por eso que, en la historia, estos himnos pascuales eran llamados Laus Cerei.

En esta noche de gracia,
acepta, Padre Santo,
el sacrificio vespertino de esta llama,
que la santa Iglesia te ofrece
en la solemne ofrenda de este cirio,
obra de las abejas.
Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria  de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.
¡Qué noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano con lo divino!
Te rogamos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
para destruir la oscuridad de esta noche,
arda sin apagarse
y, aceptado como perfume,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
Jesucristo, tu Hijo,
que, volviendo del abismo,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.
 
En este pasaje del Exultet (o Pregón Pascual) se hace referencia dos veces a las abejas que producen cera con la que se confecciona el cirio y se alimenta la simbólica llama.

Las abejas en el antiguo Egipto y en Grecia

En la mitología y en la religión del antiguo Egipto, así como en la literatura clásica griega, las abejas y la miel tienen un significado misterioso vinculado al mundo de la divinidad.

La miel es el alimento de los dioses, dulce al paladar, que desciende del cielo creando un puente entre el cielo y la tierra; es signo de pureza, de castidad y dulzura. Las abejas son el símbolo del culto a diversas divinidades de Corintio, Éfeso y Creta.

Tanto en Egipto como en Grecia se encuentran testimonios de la presencia de la miel en algunos ritos fúnebres como alimento destinado a la vida ultraterrena.

Las abejas en la Biblia

En la Biblia (sobretodo en el Antiguo Testamento) la abeja es un arquetipo de significado polivalente, como muchos símbolos (objetos, elementos naturales, o animales).

La abeja es el símbolo de la laboriosidad, del trabajo incansable, del fervor, como se lee en el texto griego de los Proverbios: “O dirígete a la abeja y aprende qué trabajadora es y qué trabajo noble realiza. Sus trabajos reyes y plebeyos consumen para una buena salud y es deseada y estimada por todos. Aunque es frágil en su fuerza física, por haber honrado a la Sabiduría, es respetada” (LXX. Pr. 6,8).

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