Religión

¿Cómo dice la Iglesia que hay que tratar con los musulmanes?

Una mirada a los pronunciamientos de la Iglesia sobre el diálogo islamo-cristiano

Pope Francis (L) shakes hands with Muslim Maulavi Ash-Sheikh M.F.M. Fazil (R) during an intereligous meeting at Bandaranaike Memorial International Conference Hall in Colombo on January 13, 2015. Pope Francis arrived in Sri Lanka on January 13, bearing a message of peace and reconciliation among different faiths on the war-torn island as he began a two-nation Asia tour. AFP PHOTO / GIUSEPPE CACACE

© GIUSEPPE CACACE / AFP

¿Existe una especie de "vademecum" para explicar cómo un buen cristiano debe comportarse con los musulmanes? La Iglesia católica se ha pronunciado varias veces sobre esto en muchas ocasiones. Pero esos pronunciamientos, ¿deben considerarse dogmas de fe? Si un "buen cristiano" no los sigue, ¿comete un pecado?
 
Aleteia ha preparado este dossier en dos entregas sobre este tema de tanta actualidad, mucho más en un periodo en el que se tiende a asociar, con bastante frecuencia, al Islam con la acción destructiva de los extremistas del ISIS.
 
Con el experto Ambrogio Bongiovanni, profesor de dialogo interreligioso e intercultural en la Pontificia Universidad Urbaniana, en el PISAI (Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islámicos), y en el Pontifical Beda College, ofrecemos un resumen sobre cómo dice la Iglesia que hay que relacionarse con los seguidores del islam.
 
"Nostra Aetate", la piedra angular del diálogo interreligioso
 
“En mi opinión – afirma Bongiovanni – ‘Nostra Aetate’ no es sólo la ‘brújula’, sino, podríamos decir, la ‘piedra angular’ del dialogo interreligioso para los católicos, de la que es difícil prescindir. Es una declaración del Concilio Vaticano II que, junto a las indicaciones contenidas en otros documentos conciliares, incluso más importantes desde el punto de vista doctrinal, marca un cambio de actitud de la Iglesia hacia los creyentes de otras tradiciones religiosas”.
 
De un lado, con esta Declaración el Concilio “pone de relieve lo positivo presente en las demás religiones, por otro indica a los “hijos de la Iglesia”, por tanto a todos los cristianos, el deber de revisar actitudes del pasado, de reconciliarse con historias de discriminaciones y violencias religiosas, y, al mismo tiempo, en el ámbito del testimonio cristiano, de asumir una actitud misionera activa en la búsqueda, en la elevación de cuanto es “verdadero y santo” en las diversas religiones, de colaboración con todos los hombres de buena voluntad en la búsqueda de Dios.
 
En el fondo se trata de un modo de traducir concretamente lo que ya el Papa Pablo VI prefiguraba y auguraba en su Encíclica Ecclesiam Suam (1964), durante los trabajos conciliares, indicando el dialogo como el espíritu que caracteriza la misma vida de la Iglesia”.
 
El islam antes de "Nostra Aetate"
 
Aunque el párrafo 3 de la Declaración “se refiere explícitamente a las relaciones con los musulmanes hacia los cuales hay una actitud de estima y de respeto, a pesar de que las relaciones en el pasado se caracterizaran por momentos difíciles y a veces de guerra”, en la historia ¿había habido otros pronunciamientos de la Iglesia hacia los musulmanes? “En general – prosigue el profesor y experto en dialogo interreligioso – en el curso de la historia la postura de la Iglesia hacia las demás religiones estaba marcada por una actitud negativa, mucho más contra el islam, el cual, considerando que la recibida por el profeta Mahoma era el culmen de la revelación divina, se pone al nivel del cristianismo como detentor de una verdad absoluta y, planteando serios y complejos interrogantes teológicos”.
 
Desde el principio, subraya Bongiovanni, “el islam viene visto como antagonista del cristianismo e incluso como herejía. Las referencias oficiales de la Iglesia sobre el islam antes del Concilio trataban siempre el tema de la imposibilidad de salvación fuera de la Iglesia según el axioma ‘Extra Ecclesiam nulla salus’.
 
En la Edad Media, la Europa cristiana veía el mundo musulmán como el otro ‘no-cristiano’ por excelencia, alimentando una cierta polémica y una visión muy negativa del islam y del profeta Mahoma. Se trataba por tanto de un enfrentamiento que aún sigue marcando la memoria histórica de ambas partes y que a veces olvida incluso situaciones positivas de encuentro cultural, como en Sicilia o España”.