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¿Cuál es la verdadera historia de la Guerra de los Cristeros de México, o “Cristiada”?

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Los Cristeros se levantaron en armas para preservar la libertad religiosa. Muchos católicos, incluso mexicanos, no saben nada de la Guerra de los Cristeros

1. México tiene una larga historia de persecución religiosa contra la Iglesia, a pesar del hecho de que una abrumadora mayoría de mexicanos son católicos.

La persecución religiosa está profundamente enraizada en la historia de México, desde las muertes del padre Miguel Hidalgo y, después, del padre José María Morelos, quienes participaron en la Guerra de Independencia de México hacia España (1820-1821). Nota del editor: Ambos sacerdotes fueron excomulgados por su papel en la insurgencia, así como todo el ejército revolucionario. Los mexicanos nunca olvidaron que la jerarquía de la Iglesia estuvo en su contra durante la lucha por la independencia.

Hubo una persecución religiosa en 1870, igual que en la guerra de los Cristeros en la década de los años 20 del siglo XX. Durante esa época, la resistencia católica contra las políticas del presidente Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876) fue llamada los Religioneros, o los Religionarios (1873-1876).

Hubo una persecución también, en cierta medida, durante la Revolución Mexicana (1910-1917). Nota del editor: La Constitución Mexicana de 1917 incluyó fuertes medidas anticlericales (en los artículos 3 y 130) que negaban a la Iglesia el reconocimiento legal, exigía que los sacerdotes se registrasen y tenían limitadas sus actividades, prohibía la educación religiosa, nacionalizaba las propiedades de la Iglesia e ilegalizaba la celebración de ceremonias religiosas fuera de la Iglesia.

2. La Guerra de los Cristeros (1926-1929) fue una respuesta al ataque directo contra la fe católica por parte del presidente Plutarco Calles. La aplicación estricta de las reglas anticlericales de la Constitución Mexicana de 1917 fue conocida como la Ley Calles.

El presidente mexicano Plutarco Elías Calles abrazó una forma radical de ateísmo y socialismo que lo condujo a adoptar medidas drásticas para erradicar el catolicismo de México.

Es importante saber que Plutarco Elías Calles creció en medio de la pobreza y la privación. Fue el hijo ilegítimo de un padre alcohólico que no proveía de medios para cuidar a su familia y que más tarde los abandonó. Su madre, María de Jesús Campuzano, murió cuando él apenas tenía dos años. Entonces se encargó de él su tío, Juan Bautista Calles, del que tomó su apellido. Ateo ferviente, Juan Bautista inculcó a su sobrino un odio fanático contra la Iglesia católica.

Calles quiso erradicar el catolicismo y crear un nuevo modo de vida. Él leía a menudo libros y artículos de autores basados en la utopia socialista, y quiso lo mismo para México. Fue por esta visión por la que Calles decidió mantener a los Estados Unidos y a los gobiernos europeos al margen de los intereses petrolíferos de México. Quiso que México estuviera totalmente bajo el control de su gente y de su tierra.

3. Al principio, los fieles y la jerarquía adoptaron posturas pacíficas en su resistencia a la llamada Ley Calles.

El movimiento Cristero fue organizado por la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa o Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa (LNDLR). La LNDLR fue un grupo de derechos civiles y religiosos establecido en 1925.

Hubo diversas protestas pacíficas en todo México, organizadas por diferentes grupos. Además, se reunieron más de un millón de firmas que fueron presentadas ante el Congreso para pedir la abolición de la Ley Calles. En todo momento se encontraron con resistencia o fueron totalmente ignorados. El último recurso para resistir el ataque fue a través de un boicot económico que fue un éxito; sin embargo, el Gobierno, viendo el poder que adquirían y el efecto económico que resultaba del boicot, lanzó un ataque más directo contra la Iglesia mediante arrestos, intimidaciones y ejecuciones.

Los obispos mexicanos trabajaron incansablemente para modificar la Ley Calles. El Papa Pío XI aprobó esta acción. Al no poder llegar a un acuerdo con el régimen Calles, y con el fin de evitar enfrentamientos y derramamiento de sangre, los obispos pidieron a la Santa Sede permiso para suspender el culto Católico el 31 de julio de 1926 –la víspera de la entrada en vigor de la ley.

Más tarde, el Papa Pío XI escribió una carta encíclica al clero y a los fieles de México para infundirles coraje y esperanza durante esta persecución. La Santa Sede no podía hacer mucho más. El 18 de noviembre de 1926 el Papa mandó su carta encíclica  Iniquis Afflictisque (sobre la persecución de la Iglesia en México) ofreciendo oraciones y ánimos durante este momento difícil.

4. La resistencia armada comenzó en 1927 en Los Altos, Jalisco, y se difundió por todo México hasta llegar a convertirse en una auténtica guerra civil.

Los primeros levantamientos para defender la libertad religiosa en México tuvieron lugar el 1 y 2 de enero de 1927, en el norte del estado de Jalisco (Los Altos). Este suceso fue el primero que tuvo éxito en rechazar a las tropas del gobierno. Esta victoria le dió ánimos al movimiento, por lo que siguieron más levantamientos en esta zona.

Una vez se vencieron las primeras batallas, los estados de alrededor siguieron los mismos pasos; pero no fue hasta que la Liga Católica contrató al General Enrique Gorostieta cuando estos levantamientos esporádicos se convirtieron claramente en un ejército Cristero.

En este momento, gran parte de México estaba involucrada en la Guerra Cristera, con la excepción de unos pocos estados que no vieron ningún levantamiento porque no se dio la persecucion allí. Se estima que unos 25.000 Cristeros perdieron la vida durante los tres años que duró esta guerra, y aproximadamente unos 65.000 soldados del Gobierno.

Nota del Editor: La Iglesia reconoce un gran número de mártires de la Guerra Cristera, incluyendo al beato Miguel Augustín Pro, un jesuita muerto de un disparo el 23 de noviembre de  1927; el beato José Sánchez del Río, un cristero de quince años de edad, que fue ejecutado el 10 de febrero de 1928, el beato Anacleto Gonzalez Flores, líder de la resistencia pacífica, que fue ejecutado el 1 de abril de 1927. el padre Pro fue beatificado en 1988, 25 mártires fueron canonizados en 2000, y 13 beatificados en 2005 (incluyendo a Gonzalez Flores y Sánchez del Río).

5. El embajador de Estados Unidos en México ayudó a negociar una tregua entre el gobierno de México y los Cristeros, pero esto no terminó con la persecución de los líderes Cristeros o de la Iglesia.

El embajador americano Dwight Morrow fue el medio por el que llegó la tregua a esta guerra. En uno de las distintas reuniones que mantuvo con el presidente Calles, el embajador ofreció apoyo militar a cambio de petróleo para que terminara la guerra de una vez por todas. Al final, sin embargo, dependió de las habilidades diplomáticas del clero católico y de los laicos para negociar el acuerdo de paz que terminó con la Cristiada.

Tristemente, la tregua firmada por el gobierno mexicano y la Iglesia Católica fue, sin duda, una trampa para los cristeros. El régimen de Calles rompió rápidamente la promesa de cumpir los compromisos acordados, y durante los tres primeros meses después de la tregua, más de 500 líderes y 5.000 cristeros fueron ejecutados. Murieron más líderes cristeros durante ese breve periodo de tiempo que durante tres años de guerra.

El abogado mexicano católico exiliado Octavio Elizonde, afirmó en una carta que a petición del Vaticano los cristeros se desarmaron y aceptaron la “tregua” (acuerdos) presentada por el gobierno mexicano. En obediencia al Vaticano depusieron las armas, sólo para ser cazados y ejecutados.

El presidente Calles fue responsable de la masacre, ya que continúo manteniendo el control del Gobierno desde la sombra y controló el futuro de México hasta 1934. Lázaro Cárdenas ganó la presidencia y ya no quiso ser la marioneta de Calles.

Nadie es capaz de explicar adecuadamente el odio extremo e irracional de Calles contra la Iglesia. Quizás fue una combinación de codicia y de ideología jacobina. En cualquier caso, Cárdenas también odió a la Iglesia, pero su fanatismo fue más pragmático y los tiempos habían cambiado a mitad de los años ’30.

Nota del editor: De acuerdo a la investigación del padre Brian Van Hove, unos 40 sacerdotes fueron asesinados en México entre 1926 y 1934. Incluso en 1935, seis años después de la “tregua”, unos 2.500 sacerdotes se vieron obligados a esconderse y seis obispos vivieron en el exilio. En 1926, había 3.000 sacerdotes en México, y en 1934, quedaban solo 334.

6. Si bien las leyes anticlericales siguen formando parte de la Constitución Mexicana, el Gobierno no obliga a cumplirlas.

Todavía quedan algunos artículos “anticlericales” en la Constitución, pero el gobierno prometió no imponerlas de nuevo. Nota del Editor: No fue hasta 1940, cuando el católico Manuel Ávila Camacho llegó a presidente, cuando la imposición de las leyes anticlericales de la Constitución Mexicana se relajó definitivamente.

La relación entre el Estado y la Iglesia mejoró hace pocos años. El ex presidente Vicente Fox y el actual, Felipe Calderón, son católicos, y han sido más indulgentes con la Iglesia, hasta el punto de restablecer las relaciones diplomáticas con el Vaticano.

 

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